Laura Abellán, psicóloga: “Muchas veces no te rechazan por cómo eres, sino porque tus complejos te hacen protegerte de más”

La experta señala que la falta de autoestima repercute en las relaciones sociales, especialmente en las primeras interacciones con una persona

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En ocasiones, los miedos y complejos de las personas generan una protección que provoca que el resto se muestre más distante. (Freepik)
En ocasiones, los miedos y complejos de las personas generan una protección que provoca que el resto se muestre más distante. (Freepik)

A muchas personas les ha ocurrido: pese a intentar mostrarse amigables al conocer por primera vez a alguien o al estar en un sitio con gente desconocida, parecen no despertar ningún interés en los demás. Las primeras interacciones muchas veces no evolucionan como se espera.

En este contexto, son muchos los que achacan esa distancia que se percibe en la otra persona como un indicativo de que no se es lo suficientemente atractivo, divertido o interesante. En ese intento por entender lo ocurrido, por tanto, suelen buscarse explicaciones en defectos propios, analizando gestos realizados o palabras dichas.

Sin embargo, ¿y si el problema no estuviera tanto en lo que somos, sino en cómo nos mostramos? La manera en la que nos percibimos a nosotros mismos influye directamente en cómo interactuamos con los demás. Esa interacción, a su vez, condiciona la respuesta que recibimos.

“¿Y si te dijera que no es que siempre te rechacen o que ligues poco, sino que la culpable de todo es tu falta de autoestima?”, plantea la psicóloga Laura Abellán (@menteyraices). Su reflexión conecta con una idea que la psicología lleva décadas explorando: la relación entre la percepción propia y la respuesta social.

Durante las primeras interacciones, el miedo al rechazo puede atraer ese mismo rechazo. (Freepik)
Durante las primeras interacciones, el miedo al rechazo puede atraer ese mismo rechazo. (Freepik)

La autoestima influye en las relaciones sociales

Tal y como explica la experta, en 1984 el psicólogo social Mark Snyder analizó cómo la autoestima influye en la manera en que nos comportamos sin darnos cuenta. Primero evaluó el nivel de autoestima de varios participantes: si se sentían cómodos al interactuar, si se percibían como personas interesantes o atractivas. Después, los puso a conversar con desconocidos.

Los resultados fueron reveladores. “Las personas con baja autoestima hablaban poco, evitaban la mirada, sonreían menos y transmitían inseguridad en su tono y en su postura”, explica Abellán. Es decir, su lenguaje no verbal y su actitud comunicaban incomodidad, incluso antes de que el contenido de la conversación pudiera generar interés o rechazo.

La reacción de los interlocutores fue casi automática. “Los desconocidos que hablaban con ellos, independientemente de lo atractiva o de lo interesante que fuera la persona con la que estaban hablando, reaccionaban igual que reaccionamos todos cuando alguien parece estar incómodo: hacían menos preguntas, mostraban menos calidez y la conversación se volvía más superficial”, añade la psicóloga.

Este patrón encierra una de las claves del fenómeno. “La persona que tenía miedo al rechazo, sin querer, estaba provocando ese mismo rechazo que tanto temía. Una auténtica profecía autocumplida”. El temor inicial no solo condiciona la actitud, sino que termina generando la respuesta que se intentaba evitar.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

El estudio, según Abellán, apunta a una conclusión importante: “Muchas veces no te rechazan por cómo eres o por quién eres, sino porque tus miedos o tus complejos te hacen protegerte de más sin darte cuenta”. Esa protección excesiva actúa como una barrera invisible que dificulta la conexión con los demás. “Cuando crees que no eres suficiente, sin querer, tu cuerpo se cierra y claro, los demás perciben que no pueden entrar”.

Por eso, la autoestima no solo afecta al bienestar interno, sino también al tipo de relaciones que construimos. “Mejorar tu autoestima no solo transforma cómo te sientes, también transforma tus relaciones, tus posibilidades y, en definitiva, lo que recibes de los demás”, concluye la experta.