
Hay selecciones que construyen su historia a partir de títulos. Otras, a través de episodios difíciles de olvidar. Suiza pertenece a este segundo grupo. Hace 20 años firmó una de las campañas más singulares que se recuerdan en una Copa del Mundo: fue eliminada sin haber recibido un solo gol. Aquel registro, conseguido en el Mundial de Alemania 2006, sigue sin ser igualado dos décadas y cuatro mundiales después.
La selección helvética abandonó el torneo en los octavos de final tras perder en la tanda de penaltis ante Ucrania, pero lo hizo después de 390 minutos de juego sin que ningún rival lograra batir a su guardameta. Ahora, en la antesala del Mundial de 2026, Suiza vuelve a presentarse como un equipo competitivo, ordenado y difícil de superar.
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En Alemania 2006, Suiza quedó encuadrada en el Grupo G junto a Francia, Togo y Corea del Sur. Pasó primera con siete puntos, cuatro goles anotados y ninguno recibido. Empató 0-0 con Francia, venció 2-0 a Togo y derrotó 2-0 a Corea del Sur. La solidez defensiva tenía nombre propio: Pascal Zuberbühler. El portero suizo mantuvo su portería imbatida frente a delanteros como Thierry Henry, Zinedine Zidane, Emmanuel Adebayor, Park Ji-sung y Andriy Shevchenko.

La noche de Colonia
El 26 de junio de 2006, Suiza se enfrentó a Ucrania por un lugar en los cuartos de final en el RheinEnergieStadion de Colonia. El encuentro fue una exhibición de cautela mutua. Ambos equipos temían el error más que buscaban el gol. Durante el partido, las únicas aproximaciones de peligro se estrellaron en la madera. Shevchenko remató con un cabezazo al travesaño de Zuberbühler; Frei respondió con una falta directa que se fue al palo. Tras 120 minutos sin goles, la clasificación se decidió desde los once metros.
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Zuberbühler había preparado meticulosamente los perfiles de los lanzadores rivales y eso le sirvió para parar el primer disparo de Shevchenko. Fue el único momento de gloria en la tanda. Streller disparó al centro, Barnetta reventó el larguero y Cabanas vio cómo Shovkovskiy le adivinaba la intención. Ucrania marcó sus tres, Suiza ninguno. Final: 3-0 en penaltis. Eliminados sin haber recibido un solo gol en todo el torneo.
Años después, Zuberbühler reconoció que fue difícil asimilar aquella derrota: “Después de cada partido y de cada torneo, siempre analizaba mi actuación para ver qué cosas podrían haber hecho mejor. Pero cuando volví a casa después del Mundial, no tenía nada que analizar”. “Mentalmente, no fue fácil de digerir. Casi deseaba haber cometido algún error. Cuando vi por la televisión los cuartos de final, las semifinales y la final, pensé: ‘¿Qué estoy haciendo en casa? ¡No nos marcaron ningún gol!’”, dijo.
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La herencia del cerrojo
Esa identidad defensiva no nació en 2006. Sus raíces están en el periodo de entreguerras, cuando el estratega austriaco Karl Rappan diseñó para Suiza el sistema conocido como verrou (cerrojo en francés), con un defensor descolgado detrás de la línea que anticipó lo que luego sería el catenaccio italiano y la figura del líbero.
El seleccionador Murat Yakin ha actualizado esa escuela sin abandonarla. Combina disciplina táctica con una mayor flexibilidad en los esquemas, alternando entre el 3-4-2-1 y el 4-2-3-1 según el rival, y concede una importancia especial al equilibrio en el centro del campo y al trabajo sin balón.
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Los números respaldan ese enfoque: en la fase de clasificación para el Mundial de 2026, Suiza terminó invicta con 14 puntos y solo dos goles encajados en seis partidos frente a Kosovo, Eslovenia y Suecia. El billete se selló el 18 de noviembre de 2025 con un empate 1-1 en Pristina.
Eric García, Marc Pubill y Mikel Oyarzabal comparten su felicidad y orgullo por formar parte de la selección española. Los jugadores hablan sobre el sueño que supone jugar un Mundial y la importancia de esta oportunidad en sus carreras.
El grupo y los rivales
El sorteo ha colocado a Suiza en el Grupo B junto a Catar, Bosnia y Herzegovina y la coanfitriona Canadá. Canadá jugará en Vancouver con toda su afición empujando y con la ambición de superar por primera vez una fase de grupos. Catar llega con la experiencia de haber organizado el torneo en 2022. Y Bosnia y Herzegovina regresa a un Mundial después de más de una década con el impulso de haber eliminado a Gales y a Italia en los play-offs europeos, en ambos casos por penaltis.
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