
En los últimos años, el discurso del amor propio ha ido ocupando un espacio central en la conversación pública. Redes sociales, libros de autoayuda y campañas publicitarias repiten la importancia de priorizarse, quererse y establecer límites. Pero ese mensaje tan necesario también corre el riesgo de simplificarse hasta convertirse en palabras vacías. Así, existen prácticas que se presentan como autocuidado cuando, en realidad, pueden alejarnos de lo que significa cuidarse de manera auténtica.
Se ha instalado la idea de que el amor propio consiste en elegir siempre lo que nos hace sentir bien, en protegernos de cualquier malestar y en exigir un bienestar casi permanente. Sin embargo, los especialistas recuerdan que quererse también implica dificultad, esfuerzo y autoconfrontación. No es un estado constante, sino una práctica que se revisa y se construye.
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La psicóloga Silvia Severino, en uno de sus vídeos de TikTok (@silviaseverinopsico), explica cuáles son algunas de las dinámicas o hábitos que se suelen confundir con el amor propio, pero que en realidad revelan otros aspectos como el miedo, la desconexión o la necesidad de distracción.
Aislamiento disfrazado de autocuidado
En la actualidad, muchos discursos se dirigen hacia la idea de que priorizarse supone darse espacio. Y esto, en gran medida, es cierto: en ocasiones, es necesario elegir la soledad para desconectar, descansar y crecer de forma individual. Sin embargo, existe el riesgo de caer en el “aislamiento disfrazado de autocuidado” si esto se lleva al extremo.
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“No es amor propio alejarte de todos cuando en realidad te estás escondiendo de ti”, señala la psicóloga. “Llamas paz a lo que en, el fondo, es miedo”. Su advertencia apunta a la diferencia entre retirarse para escucharse y retirarse para evitarse: el primer gesto es autocuidado, el segundo es huida.
Confundir límites con murallas
Severino también señala que es frecuente “confundir límites con murallas”. Aprender a establecer límites con los demás es muy importante para el autocuidado, ya que, de lo contrario, se cede a situaciones que realmente no queremos en nuestra vida. Sin embargo, esto no debe entenderse como un muro inquebrantable.
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“Decir ‘no necesito a nadie’ no es fortaleza, es defensa. Cerrar puertas para no ser herido no significa que te estés cuidando, significa que te estás desconectando”. A veces se necesita ayuda y pedirla no es síntoma de flaqueza o vulnerabilidad, sino de entendimiento de las necesidades propios.
Validarte solo cuando produces
La sociedad actual se sustenta sobre el pilar de la productividad como sinónimo de valor personal. Nos definimos en función de lo que hacemos en lugar de lo que somos. Así, nos enfrentamos a un contexto en el que prima el trabajo por encima de la salud mental, las relaciones personales y el autocuidado.
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“No es amor propio trabajar sin parar para sentir que vales”, señala Severino. Debido a este discurso que potencia la eficiencia, es frecuente que las personas que producen sin control se sientan bien consigo mismas; sin embargo, la psicóloga señala que es importante entender que “el amor propio no te exprime, te sostiene”.
De lo contrario, se corre el riesgo de pérdida de la autoestima si esa producción desaparece, de incapacidad de establecer límites y de caer en el síndrome del burnout, lo que erosiona cualquier espacio de bienestar emocional.
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Recompensarte para no sentir
El autocuidado se ha asociado muchas veces al consumo: “me merezco este capricho”. Sin embargo, la psicóloga apunta que no todo lo que llamamos “regalo” es un acto de cuidado emocional, sino una forma de “anestesiarte”: “Compras, comidas, planes, viajes, ruido. Eso no es autocuidado, es distracción emocional”, afirma.
Estas dinámicas funcionan como parches que tapan emociones incómodas. El problema no está en disfrutar, sino en usar ese disfrute para evitar afrontar lo que duele. Así, pese a que esos caprichos también sean necesarios, recurrir a ellos como una tirita es contraproducente.
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Soltar todo aquello que incomoda
La cultura del bienestar inmediato ha popularizado la idea de que todo lo que genera incomodidad debe eliminarse. Sin embargo, la psicóloga recuerda que “no es amor propio renunciar a aquello que cuesta, eso es renunciar a tu crecimiento”, sostiene.
Evitar lo difícil puede generar un alivio inmediato, pero limita las posibilidades de aprendizaje y fortaleza emocional. El autocuidado también es acompañarse en el proceso de atravesar desafíos.
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