
Vitantonio Lombardo, el chef al frente del único restaurante con estrella Michelín en la región de Basilicata, en Matera, ha contado su experiencia personal con la obesidad y su transformación física y emocional tras perder 60 kilos. En una entrevista concedida al Corriere della Sera, relató que, desde octubre de 2024 hasta hoy, ha adelgazado gracias a una intervención quirúrgica: una gastrectomía en manga.
“Desde octubre de 2024 hasta hoy, he perdido 60 kilos. Me sometí a una gastrectomía en manga: el estómago se reduce en un 80 por ciento para que te sientas lleno antes”, explicó Lombardo, quien llegó a pesar 176 kilos. El chef reconoció que su relación con la comida siempre ha sido compleja y emocional: “Siempre he comido por felicidad, pero también por ira, nerviosismo, tristeza”.
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Más allá del aspecto físico, el detonante para tomar la decisión fue su salud y el temor a perder momentos importantes con sus seres queridos. “Tenía miedo de no volver a ver a mi esposa Nicolina y a mis hijos Rocco y Giulia”, confesó. “Tenía tantos problemas de salud, desde diabetes hasta problemas cardíacos, desde visión borrosa hasta piernas que temblaban al bajar las escaleras”.
Lombardo desmintió la idea de que este tipo de cirugía sea una solución fácil. “No es cosa fácil, como algunos a veces te hacen creer. Hay que contar con un buen equipo; el mío fue el del Dr. Antonio Braun en Conversano (Bari)”, señaló. Antes de la operación, logró perder unos diez kilos como preparación. El proceso postoperatorio también fue exigente: “Después de que me extirparan parte del estómago, durante un mes solo bebí líquidos y suplementos”.
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“Este viaje no me ha hecho desenamorarme de la comida”
El verdadero reto, sin embargo, llegó más adelante: “Esa es la parte más fácil, porque no te das cuenta de que has cambiado. Es al cuarto mes, cuando después de comer solo alimentos semilíquidos y cremosos, como yogur y sémola, empiezas a reintroducir carne, pescado y verduras, y se nota la diferencia. Basta con un bocado más grande o un sorbo de agua extra para vomitar”.

El cambio de vida ha sido profundo, no solo en su salud, sino también en su relación con la cocina, su profesión y su rutina diaria. Lombardo afirma que no ha perdido el amor por la comida, sino todo lo contrario. “Este viaje no me ha hecho desenamorarme de la comida, al contrario: el hecho de haberme visto obligado a tener excelentes hábitos alimenticios y a cocinar de forma menos ‘glotona’ que antes me ayuda a cocinar mejor también para los demás”.
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Cuando le preguntan si hoy se gusta a sí mismo, responde con honestidad: “Tengo que perder otros 16 kilos de aquí a diciembre. ¿Me gusto a mí mismo? Nunca me lo había preguntado, ni siquiera antes de la operación: simplemente me adapté a lo que era. Hoy, claro, me veo mejor…”.
Aunque no pierde de vista sus objetivos profesionales —como la ansiada segunda estrella Michelin—, Lombardo afirma que ahora se toma el trabajo con otra filosofía: “Sí, la quisiera, pero no me mato con el trabajo”.
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