El Niño representa una amenaza a la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria en Centroamérica, según organismo

El Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria recomienda reforzar la gestión hídrica y el monitoreo agroclimático para mitigar el impacto de eventos extremos en la región

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Campo marrón y agrietado con rastrojos de cultivos secos en primer plano; al fondo, un agricultor borroso con sombrero y azada al hombro camina lejos del espectador.
El fenómeno El Niño amenaza la seguridad alimentaria en Centroamérica con impacto previsto en 2026 y 2027, según OIRSA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) advierte que la posible consolidación de un evento de El Niño fuerte o extraordinario durante 2026 representa una amenaza directa para la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria en Centroamérica. Según el reporte, el fenómeno podría intensificar la aridez en el Corredor Seco centroamericano, modificar los patrones de lluvia y temperatura, y comprometer la resiliencia de familias cuya economía depende de la agricultura y la ganadería.

De acuerdo con el boletín, los pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y del Foro del Clima de América Central señalan que, entre mayo y julio de 2026, se espera un aumento en las temperaturas, lluvias irregulares y una canícula más intensa en la región. Esta situación podría derivar en sequías prolongadas, estrés hídrico y una mayor exposición de los sistemas agropecuarios al déficit de precipitaciones, especialmente en el Corredor Seco centroamericano.

El documento destaca que este contexto incrementa la vulnerabilidad de las familias rurales y afecta la producción de granos básicos y la disponibilidad de agua para el ganado, lo que podría traducirse en un incremento de la inseguridad alimentaria.

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Un rebaño de ganado de diferentes colores, incluyendo marrones y negros, se encuentra en un campo seco y polvoriento bajo un sol radiante.
El OIRSA alerta sobre sequías prolongadas y déficit de lluvias que afectarán los granos básicos y la ganadería regional.(Imagen Ilustrativa Infobae)

Alerta ante posible aumento de plagas y enfermedades en Centroamérica

El boletín del OIRSA destaca que las alteraciones climáticas asociadas a El Niño también afectan la sanidad vegetal y animal. Las condiciones extremas de temperatura y humedad pueden modificar la dinámica epidemiológica de plagas y enfermedades. En cultivos, los ambientes cálidos y secos favorecen la proliferación de insectos como la mosquita blanca, trips, áfidos, gusano o falso medidor y la langosta voladora centroamericana. Además, se observa una mayor incidencia de enfermedades bacterianas y fúngicas.

En el sector pecuario, el incremento térmico y el estrés hídrico afectan la productividad y reducen la disponibilidad de alimento para el ganado, a la vez que favorecen la expansión de vectores como garrapatas y mosquitos.

Primer plano de una mano sosteniendo un bote de aerosol plateado sin etiquetas, liberando una nube de insecticida hacia un mosquito en el aire.
El aumento de temperaturas y alteraciones climáticas favorecen la proliferación de plagas y enfermedades en cultivos y ganado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El OIRSA advierte que el sector agropecuario sigue siendo estratégico para las economías centroamericanas. Según datos del Banco Mundial citados en el boletín, países como Nicaragua y Honduras presentan una alta dependencia de la actividad rural, con participaciones del 15 % y 12 % en su PIB, respectivamente, lo que amplía su exposición ante eventos climáticos extremos.

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En Guatemala, Belice, Costa Rica, El Salvador y República Dominicana, el sector agropecuario mantiene una relevancia que oscila entre el 4 % y el 10 % del PIB. El documento destaca que cualquier alteración climática severa puede traducirse en pérdidas económicas, incremento de la vulnerabilidad social y una mayor presión sobre los sistemas de protección alimentaria.

Recomendaciones ante riesgo climático

Frente a este escenario, el boletín del OIRSA recomienda fortalecer la gestión integrada de los recursos hídricos, los sistemas de alerta temprana y el monitoreo agroclimático. También sugiere promover prácticas agrícolas resilientes, la conservación de suelos, el manejo sostenible del agua y la utilización de variedades de cultivos tolerantes a la sequía.

Para el sector pecuario, se aconseja garantizar la disponibilidad de agua, sombra y suplementación, así como mantener reservas estratégicas de semillas y alimentos.

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