Pediatra salvadoreña recomienda evitar sal y condimentos en la alimentación de los bebés

La especialista resaltó la importancia de introducir nuevos alimentos después de los seis meses, adaptando texturas y vigilando reacciones clínicas, y recalcó que la madurez neurológica y renal son claves para el desarrollo saludable

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La introducción de alimentos complementarios debe iniciar a los seis meses, respetando la maduración neurológica y motora del niño./ (Imagen Ilustrativa Infobae)
La introducción de alimentos complementarios debe iniciar a los seis meses, respetando la maduración neurológica y motora del niño./ (Imagen Ilustrativa Infobae)

El inicio de la alimentación infantil exige especial atención a las necesidades nutricionales y la maduración fisiológica del bebé, según expuso la pediatra Michelle Fernández en la entrevista Frente a Frente de Telecorporación Salvadoreña (TCS). Uno de los principios clave es que los bebés no deben consumir sal ni condimentos artificiales durante su primer año de vida.

Fernández, quien fue invita al programa en el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Protección de la Lactancia Materna, indicó que a los seis meses de vida los bebés inician la alimentación complementaria, respetando la madurez neurológica y motora del niño.

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La introducción de nuevos alimentos se hace de forma progresiva, comenzando con papillas y avanzando hacia texturas más sólidas, como el método baby-led weaning. Fernández subrayó que, hasta el año de vida, es crucial no añadir sal ni condimentos artificiales a las preparaciones debido a la inmadurez renal del lactante.

En años recientes, las guías internacionales han modificado su postura sobre la introducción de ciertos alimentos. Ahora se permite ofrecer pescado, huevo y cítricos antes del año de vida con el objetivo de disminuir el riesgo de alergias futuras. El limón puede incorporarse a partir de los seis meses, tanto en papillas como en pequeñas porciones de fruta o vegetales, siempre bajo observación clínica.

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Una madre sonriente de cabello oscuro sostiene a su bebé recién nacido, envuelto en blanco, mientras se miran a los ojos. Hay luz natural de fondo.
Las guías actuales permiten ofrecer huevo, pescado y cítricos antes del año, bajo control médico, para prevenir alergias alimentarias. /(Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista aclaró que la alimentación debe adaptarse a cada niño, considerando antecedentes de alergia a la proteína de la leche de vaca o intolerancias, en cuyo caso se emplean fórmulas vegetales bajo supervisión médica. No recomendó el uso de leche entera antes del primer año, debido a la carga proteica y mineral que puede afectar la salud renal y digestiva del bebé.

Fernández mencionó también algunos cuidados de higiene en la manipulación de utensilios y biberones, el uso de pañales desechables por su menor riesgo de irritación y la selección de productos sin fragancia ni colorantes. Tampoco recomendó el uso de talcos por el riesgo de inhalación y de infecciones cutáneas.

La pediatra destacó que la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y complementaria hasta los dos años garantiza defensas óptimas.

En ese sentido, agregó que, durante el periodo de lactancia, la leche materna cubre todos los requerimientos nutricionales del niño, aportando carbohidratos, proteínas, grasas esenciales y agua en proporción adecuada. Asimismo, remarcó que no se debe suministrar agua ni ningún otro líquido, ya que la leche materna contiene suficiente cantidad de agua para la hidratación y su consumo excesivo podría afectar la función renal del lactante.

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría recomiendan la lactancia materna como alimento exclusivo para los primeros seis meses de vida.

Una madre amamanta a su bebé en un sillón. A su izquierda, una mesa con una botella de agua etiquetada "No Agüita" y una taza de té "No Tés".
La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses garantiza el aporte de nutrientes esenciales para el bebé. /(Imagen Ilustrativa Infobae)

El proceso de lactancia comienza con el calostro, producido durante los primeros cinco días posteriores al parto. Este líquido, de volumen reducido, es rico en inmunoglobulinas y glóbulos blancos, por lo que es considerado “la primera vacuna natural” del recién nacido. Fernández destacó que, incluso en casos de hospitalización o complicaciones, es fundamental extraer y suministrar calostro al bebé.

Transcurridos los primeros cinco días, la madre produce la llamada leche de transición, que abarca de la primera semana a la segunda después del nacimiento. Esta leche incrementa su proporción de grasas y carbohidratos, favoreciendo la recuperación y ganancia de peso del lactante, quien suele perder hasta el 10% del peso al nacer, pero luego comienza a ganar entre 30 y 40 gramos diarios. Para el primer mes, la mayoría de los bebés recupera o supera su peso inicial, explicó la galena.

A partir de la tercera semana, la leche madura toma el relevo. Este alimento mantiene la presencia de anticuerpos y adapta su composición a las necesidades evolutivas del niño. Un aspecto destacado por Fernández es la capacidad de la leche materna para modificar su contenido inmunológico en respuesta a enfermedades detectadas en el bebé a través de su saliva.

La pediatra concluyó indicando que lactancia materna exclusiva genera menor riesgo de infecciones y adecuado desarrollo físico y neurológico; y remarcó que la introducción paulatina de alimentos, sin sales ni condimentos, junto al seguimiento pediátrico, constituye la base de una nutrición segura en la infancia.

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