
La Red Internacional de Atención Integral al Alumno es una iniciativa colaborativa que reúne a universidades de Argentina, España, México y Costa Rica con el objeto de ofrecer a los estudiantes un acompañamiento que abarque sus dimensiones académica, social y personal. Esta visión integral responde a las complejidades del contexto actual, donde las instituciones educativas enfrentan retos como el acceso desigual a recursos, el impacto de la pandemia y la necesidad de prevenir el abandono escolar.
La Universidad de Andalucía, de España, y la Universidad del Salvador, Argentina, son dos instituciones que participan de esta red y es justamente en el edificio de la Rectoría de la USAL donde José Naranjo, vicerrector de Granada. Es Vicerrector de Empleabilidad y Redes Internacional de la Universidad Internacional de Andalucía y presidente de la Red, Romina Cavalli, vicerrectora académica de la USAL, y Mariana Ruiz, colaboradora de la Secretaría de Ingreso y Vinculación Institucional de la USAL, comparten sus perspectivas y reflexiones en torno al propósito y las acciones que llevan adelante en conjunto.
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“El trabajo en red potencia el aprendizaje mutuo entre universidades”, señala Naranjo, destacando cómo esta colaboración permite compartir buenas prácticas y adaptar estrategias exitosas a cada institución. Para Romina Cavalli, la apertura actual entre las universidades marca un cambio significativo respecto al pasado: “Antes, cada institución era celosa de sus temas. Ahora entendimos que, si nos unimos, nos potenciamos”. Esta nueva disposición responde a la necesidad de enfrentar juntos problemas complejos como el abandono estudiantil y las desigualdades en el acceso a la educación.
La red no solo promueve la colaboración, sino que busca diferenciarse de grandes estructuras que, según Naranjo, pierden efectividad al no garantizar el trabajo conjunto. “No queremos ser una red enorme, sino una que trabaje de manera cercana. Preferimos aprender en profundidad de cada miembro antes que crecer por crecer”, afirmó.
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El perfil del estudiante universitario que se busca desarrollar en las universidades que participan en la red se centra en la integralidad y la adquisición de competencias con impacto social. Actividades como el aprendizaje-servicio, donde los estudiantes aplican conocimientos que trascienden el ámbito técnico. “Hoy, cuando las empresas buscan nuevos empleados, los chicos que están un paso adelante son los que trabajaron en proyectos comunitarios, los que participaron en eventos sociales o lideraron equipos deportivos”, destacó Cavalli. Mariana Ruiz agregó: “La diferencia para resolver los problemas complejos del mundo que se nos viene va a estar en esas habilidades sociales; vos podés ser súper académico, pero, si no podés poner eso en juego, no vas a poder comunicarte con otros”.
En esta entrevista, Cavalli, Naranjo y Ruiz comparten cómo la Red Internacional de Atención Integral al Alumno no busca solo transformar las trayectorias de los estudiantes, sino también generar modelos replicables que beneficien a más instituciones en el futuro. La atención integral se posiciona como una herramienta clave para acompañar a los jóvenes desde el ingreso hasta su inserción profesional, garantizando que la educación superior sea un espacio de crecimiento personal y colectivo.
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—La palabra clave de la red es “integral”. Pero ¿podrían definir el alcance de esa palabra?
José Naranjo: Con la palabra integral queremos decir que no sólo nos estamos dedicando a lo académico, sino que entendemos a la persona como una persona que tiene esas tres patas: lo personal, lo social y lo académico. Es entender que el estudiante tiene un contexto, tiene una historia.
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—En general, las instituciones de profesión de fe incluyen esa mirada integral, pero ¿cómo es en una universidad laica? ¿Es algo que empezó a considerarse con la pandemia?
José Naranjo: Una universidad pública como la Universidad de Granada tiene que atender a sus estudiantes y, por supuesto, darles las mismas oportunidades a todos. Desde esa igualdad de oportunidades es de donde entendemos que hay que tratar al estudiante con sus problemas sociales, sus problemas personales y sus problemas académicos.
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Romina Cavalli: La Universidad del Salvador lo toma de manera natural, porque está en su carta de principios. Por eso, el desafío que nos presentó Granada cuando nos ofreció formar parte de esta red, fue importante, porque sentimos que podíamos potenciar lo que ya veníamos haciendo. Además, la atención integral al estudiante tiene que ver con una respuesta al contexto: una cosa es la prepandemia y otra, la postpandemia. Las problemáticas de los estudiantes son tan distintas y tienen tantas raíces que todavía nos sorprendemos con lo que aparece en las aulas. A través de esta red queremos potenciar las herramientas que nos permiten conocer y acompañar al alumno. Porque ellos no están en piloto automático.
José Naranjo: Es cierto que la idea de la red nace en pandemia, con la necesidad imperiosa de atender al estudiante. Uno se daba cuenta de que había muchos estudiantes que no tenían las mismas oportunidades que el resto cuando estábamos en pandemia. Había muchos que no tenían internet en sus casas y que iban a las bibliotecas de las universidades para estudiar y tener wifi. Había estudiantes que no tenían ordenadores. La pandemia también nos ha traído problemas mentales importantes en los estudiantes. Ahí nos dimos cuenta de que la igualdad de oportunidades solo era posible si había una atención integral al estudiante.
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—¿Cómo se trabaja la integralidad?
Romina Cavalli: En USAL ya tenemos en funcionamiento un protocolo. Se hizo el primer aplicativo, donde, a través de una serie de dimensiones y preguntas, podemos inferir el perfil del ingresante. Es una herramienta concreta que Mariana puso en práctica.
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Mariana Ruiz: En el primer cuatrimestre hicimos una prueba piloto en Psicología, que es una población más permeable, y en el segundo cuatrimestre se hizo una prueba piloto general. Se evaluó a todas las carreras, en todos los turnos, en todas las sedes. Ahora estamos en el proceso de armar los informes, evaluar datos como dónde vive o cómo son sus antecedentes educativos para entender cómo actuar preventivamente frente a problemas que puedan surgir. El protocolo se trabaja con el consentimiento de los estudiantes y se les explica el objetivo.

—¿Qué abarca el protocolo?
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Mariana Ruiz: Se trabaja sobre tres dimensiones: proyección profesional, habilidades para el estudio y autoconcepto. Se evalúan esas competencias porque creemos que permiten sostener una trayectoria académica. El objetivo del protocolo es el acompañamiento a la trayectoria académica. A partir del año que viene pretendemos tomar la prueba en el inicio de cada cuatrimestre para, desde un área central como es el equipo de orientación, articular el trabajo con las facultades, con los tutores, revisar los planes de estudio, etcétera.
—Una problemática habitual de los estudiantes es el bajo nivel de frustración. ¿Cómo hacen, desde esta mirada integral, para contemplar esta problemática sin que se pierda la calidad educativa?
Romina Cavalli: Se trabaja mucho con los docentes y los tutores. Además, una cosa es el alumno de primer año y otra es el de segundo o el de tercero, donde empiezan las primeras frustraciones. El alumno de primero ingresa con una realidad escolar distinta; empiezan los primeros exámenes. Las carreras trabajan con tutores que dan apoyo para que aprendan a estudiar en el mundo universitario. Creo que el docente y el docente tutor tienen un gran rol, pero es un desafío diario. No hay un manual de procedimientos porque cada frustración es distinta. Quizás la frustración salta o se expresa en un examen, pero era algo que venía de otro lugar. Entonces ahí pedimos ayuda a nuestra Facultad de Psicología, que siempre acompaña con sus gabinetes de orientación. Después, por supuesto, el alumno que es mayor de edad tiene que seguir un tratamiento en otro lugar.
Mariana Ruiz: Es necesario frustrarse y es necesario enfrentarse a obstáculos para aprender. El problema de las poblaciones actuales es el bajo umbral que tienen. Nosotros trabajamos con la competencia de la proyección profesional porque es como escalar una montaña. Si miro la cima, no voy a llegar nunca. Si quiero subir de una, no voy a poder subir de una sola vez. Tiene que haber algo del autorregistro del estudiante: ¿me preparé?, ¿tengo el calzado adecuado?, ¿dónde estoy parado?, ¿hacia dónde quiero ir? El protocolo nos permite anticipar las características de las poblaciones que llegan a la universidad, que además van a ir cambiando con el tiempo. Con las herramientas que tenemos podemos ofrecerles ordenar la demanda, porque a veces el estudiante no sabe ni siquiera qué le pasa, por qué se frustra.
José Naranjo: Ante estudiantes con necesidades educativas especiales, sí tenemos un protocolo de ajuste curricular y eso no quiere decir que bajemos el nivel de exigencia. Si un profesor no sabe que uno de sus estudiantes es disléxico y que tiene una adaptación curricular, probablemente va a encontrar una cantidad de faltas de ortografía que va a llevarlo a decir que a ese muchacho tiene que reprobarlo. Entonces hay adaptaciones curriculares que no tienen que ver con un bajo nivel de rendimiento, sino que son necesidades educativas especiales. Los tratamos igual, pero evidentemente adaptándonos a sus circunstancias personales.
—¿Cómo es el rol de los padres? Lo pienso desde el lado de la universidad, pero también en lo que se juega en casa. Perdón, por la nota personal, pero mis hijos me han pedido muchos consejos antes sus primeras frustraciones.
José Naranjo: Nosotros, en la universidad pública, no atendemos a los padres. Excepto cuando hay un problema que el padre no quiere que el hijo conozca para que no influya precisamente en su rendimiento. Es el único momento. Pero luego, en casa, nosotros, como padres, tenemos que favorecer la transición de un ciclo al otro. Tenemos que entender que hay una diferencia entre el estudiante que sale de la secundaria y el que ingresa a la universidad.
Romina Cavalli: Yo creo que el consejo que le piden a un padre tiene que ver con que él ya fue universitario. Cuando tenés un papá que fue universitario, quizás lo que se pregunta es “¿Qué hiciste cuando te fue mal en la primera materia?”. Y es muy válido porque vos pasaste por la universidad y él todavía la está transitando. Por eso, yo separo el hijo de un padre universitario al de las primeras generaciones de universitarios. Ese primer chico que dice “Lo logré, llegué a la universidad” tal vez no sienta que puede hablar con su padre. Va a acompañarlo con la moral y va a decirle que no se desanime, pero no tiene la experiencia para decir qué hizo con la primera materia a la que le fue mal.
José Naranjo: Yo se lo digo a mis estudiantes: a mí me fue fatal. Y aquí estamos.
Romina Cavalli: Pero todavía tenemos primeras generaciones de universitarios y creo que es a quienes tenemos que fortalecer. Decirles: “Confía, confía que la meta está allá, y tenés que hacer todo este caminito y te vas a tropezar, te vas a caer, te vas a querer ir, vas a querer hacer todo, pero siempre mirá el resultado final”. Porque a veces el chico quiere apretar el botón y recibirse de ingeniero, apretar el botón y recibirse de abogado.
José Naranjo: Creo que la del estudiante es la misma filosofía del emprendedor. Se cae mil veces, pero sigue.
Mariana Ruiz: A ser universitario se aprende. Y eso requiere un tiempo. Los chicos con baja tolerancia a la frustración llegan a la universidad sintiendo que tienen que saber ser estudiantes universitarios y con la primera piedra que tropiezan dicen “Esta montaña no es para mí”.
Romina Cavalli: Nosotros tenemos un servicio de orientación vocacional y tenemos muchas reorientaciones. Llega un chico y dice que va a estudiar la Licenciatura en Sistemas porque se pasa todo el día con la computadora. Es más que eso. Tuvimos el fenómeno del periodismo deportivo. ¿Qué pasaba? El chico salía del secundario y sabía todos los jugadores de los equipos de fútbol, pero cuando vos llegás a una licenciatura en Periodismo, tenés…
—Hay que estudiar las materias de comunicación. Hay que trabajar con el estructuralismo ruso.
Romina Cavalli: ¡Claro! Y él te dice que quiere ser relator. Sí, bueno, pero hay una base teórica. Se da cierto fenómeno de chicos que cambian tres veces de carrera. Y nosotros siempre les decimos que cambien las veces que sea necesario; no pasa nada. Pero el camino va a ser el mismo. No es que va a ser más fácil estudiar periodismo deportivo que ingeniería. Los obstáculos van a ser los mismos.
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