
“Estoy convencido de que esta es la locomotora de todo un tren. Los argentinos tienen 30.000 millones de dólares depositados en las cuentas de los bancos casi sin generar intereses. Hay que darles la posibilidad de que comiencen a invertir en la economía real, de ser dueños”, eso le decía a Infobae en mayo Pablo Ricatti, un experto en finanzas –que trabajó en el banco Lazard y gerenció Salke Fresh, una distribuidora de alimentos familiar– que se define como “tuitero”.
Es que justamente en esa red social Ricatti comenzó a construir un imperio colaborativo que no tendría parangón, según él contaba. Un sábado de mayo de este año les contó una idea de negocios a sus seguidores y puso una planilla online para ver cuántos querían invertir. Al otro día tenía ofertas por USD 5 millones.
Se quedó con USD 2 millones y nació Vatuit (por vaquita tuitera), una empresa con más de 359 socios que iba a construir una fábrica de chipá para celíacos y tenía en su business plan muchos más proyectos. Iba a facturar $300 millones por mes el año que viene. No podrá ser. Según adelantó hoy el diario BAE, Ricatti cierra todo y se va a vivir a Paraguay.
—¿Qué pasó?
—Simplemente, tengo un proyecto para ir a Paraguay y me mudo. Voy a hacer negocios allá. Acá la situación no da para seguir invirtiendo. Vamos a un default, va a haber más devaluación y se va a complicar para importar. Veo eso.
—¿Vatuit no existe más?
—No, lo decidimos con todos los socios y luego de la devaluación brutal y del cepo. Teníamos una estructura societaria para evitar pagar tanto de Ganancias y ahora no podemos sostenerla. Con el cepo no se pueden comprar dólares para ir devolviéndoles a los inversores lo que le prestaron a la empresa.

—¿El proyecto llegó a arrancar?
—No pudimos arrancar... gracias a Dios. Después de las PASO se detonó todo. No era viable. ¿Quién invierte hoy en el país? Pregúntenle a Pagani de Arcor si invierte. Todos levantaron la pata del acelerador y está bien, porque cae el consumo y viene más devaluación.
—¿Está desilusionado con lo que pasó y con tener que haber dejado el proyecto que impulsó?
—No, no es sentimental. Yo hago negocios y evalúo si están las condiciones dadas para llevarlos adelante. Hoy no están las condiciones para poner un solo mango. Incluso en Vaca Muerta están levantando equipos. No me da ninguna nostalgia dejar el proyecto, seguimos en charla con los socios...
—¿Los socios perdieron dinero?
—No, cero. No llegaron a desembolsar nada, se salvaron. Estábamos abriendo la cuenta de inversión y pasaron las PASO. Veo chances de hacer algo más adelante, las dinámicas van cambiando. Ojalá se pueda hacer algo. Tuvimos un 2001 y luego se hicieron miles de negocios: no es para siempre, pero ahora no se puede. Sigo en contacto con el equipo, con los socios. Hay ganas.
—¿Qué va a hacer en Paraguay?
—Me radico con mi familia, a la que llevaré luego. Y tengo algunos proyectos del rubro alimenticio en la mira. Es lo mío.
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