
La iniciativa dada a conocer durante este último fin de semana por el ministro de Economía, Sergio Massa, de trabajar en dirección a una moneda común brasileño-argentina es un viejo anhelo regional y un deseo más que nada de la Argentina en medio de la inestabilidad monetaria que domina a su economía en las últimas décadas. Como tal, su concresión llevaría muchísimo tiempo, como en la experiencia más comparable con el euro que tardó más de 30 años en ser implementado. Pero la intención incluye un paso inicial de realización más inmediata al que aspira el Palacio de Hacienda: ahorrar reservas en dólares en el comercio bilateral.
Además de Massa, los presidentes de ambos países -Alberto Fernández y Luiz Inácio Lula Da Silva a través de un texto conjunto- aseguraron que se empieza a trabajar en dirección a una unión monetaria: “Tenemos la intención de superar las barreras a nuestros intercambios, simplificar y modernizar las reglas y fomentar el uso de las monedas locales. También decidimos avanzar en las discusiones sobre una moneda sudamericana común que pueda usarse tanto para los flujos financieros como comerciales, reduciendo los costos operativos y nuestra vulnerabilidad externa”, dijeron.
Pero más allá de esos objetivos de largo plazo, se conocieron los planes más inmediatos de los funcionarios brasileños, mucho menos interesados y apurados que sus pares argentinos.
Brasil y Argentina firmarán un acuerdo bilateral para la creación de un fondo de garantía para estimular las exportaciones brasileñas, dijo el lunes una fuente del Gobierno brasileño a la agencia internacional Reuters mientras funcionarios de ambos países se reúnen en una cumbre en Buenos Aires.
Bajo el acuerdo, Argentina tendrá que proporcionar una garantía colateral para el financiamiento comercial de Brasil con liquidez internacional, dijo la fuente, que agregó que las dos economías más grandes de Sudamérica también establecerán un grupo de trabajo para crear una cuenta de compensación única en el continente.
El ministro de Hacienda brasileño, Fernando Haddad, hizo por su parte sus propias aclaraciones. “El comercio está muy mal y el problema es precisamente la moneda extranjera, ¿no? Así que estamos tratando de encontrar una solución, algo en común que pueda hacer crecer el comercio”, dijo en funcionario durante su visita a Buenos Aires.

Según indicó, el comercio de Argentina con Brasil se había resentido debido a la falta de dólares en el vecino del sur, donde una crisis económica ha dejado al gobierno luchando para reponer las reservas de divisas, con una tasan de inflación de casi el 100% el año pasado. Haddad señaló que Argentina es un importante comprador de productos industriales brasileños y que se están barajando “varias posibilidades” para sortear sus problemas de divisas, aunque no se había tomado ninguna decisión.
Semanas atrás, Haddad había descalificado en duros términos la existencia del proyecto de una moneda en común (a pesar de que en el pasado él mismo supo elaborar una propuesta al respecto), más que nada porque no existía hasta ese momento ningún avance en esa dirección.
Las aclaraciones respecto a qué pasos puede seguir una mayor integración monetaria, financiera y comercial entre los dos países tuvo también al secretario de Industria y Desarrollo Productivo, José Ignacio De Mendiguren, como uno de sus protagonistas.
En una entrevista radial, De Mendiguren valoró que se empiece a trabajar en dirección a una moneda común, pero habló de que los plazos para concretar un proyecto así son muy largos.
“Una cosa es una moneda común al estilo de la Unión Europa, que lleva tiempo, y otra cosa es que vos tengas un swap de monedas para el comercio bilateral”, dijo.
La Argentina ya cuenta con un acuerdo de swap de monedas cerrado con el Banco Popular de China, el banco central del gigante asiático. El intercambio de monedas entre los dos bancos funciona, en los hechos, como una línea de credito contingente -se activa en caso de necesidad, mientras tanto funciona como un acuerdo apenas disponible- que engrosa las reservas del Banco Central argentino. Las partes trabajan en estos días para que el equivalente a unos USD 5.000 millones de los yuanes que tiene la Argentina en sus reservas financien las compras de importadores argentinos a ese país sin pasar por el dólar estadounidense.
La intención argentina es elaborar un sistema similar al que ya se acordó con China. “Ambos países tienen un comercio bilateral muy importante”, si es posible utilizar una moneda propia para el intercambio comercial, tanto Argentina como a Brasil “dejarían de utilizar reservas en dólares por cifras muy elevadas”, sijo De Mendiguren.
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