
La discusión abierta con el FMI y que deberá zanjarse dentro de los próximos 60 días es a qué ritmo puede reducirse el déficit fiscal, con el objetivo de llegar a un equilibrio de las cuentas públicas lo antes posible. El ministro de Economía, Martín Guzmán, proyectaba un rojo primario de 3,3% del PBI para el año que viene, pero la presión de Washington es para que se avance mucho más rápido en la consolidación de las cuentas públicas.
El Consenso Fiscal que nuevamente firmaron el Gobierno nacional y las provincias descarta cualquier posibilidad de rebaja impositiva para 2022, tanto a nivel nacional como provincial. La disminución de alícuotas que había planteado en su momento la reforma impulsada en 2017 por Mauricio Macri quedó totalmente archivada. Como resultado, se mantienen todos los impuestos distorsivos incluyendo Ingresos Brutos, que es uno de los pilares para la recaudación de las provincias. Es más, todo indica que el Gobierno le dio rienda suelta a los gobernadores para que puedan definir aumentos de alícuotas o incluso nuevos impuestos.
La discusión abierta por el posible regreso del impuesto a la herencia se da también en este marco. Se trata de un gravamen que se define a nivel provincial y que por ahora solo está vigente en la provincia de Buenos Aires.
Pero además también se dio un giro de 180 grados en otros impuestos como Bienes Personales. La propuesta de Macri, que ni él mismo llegó a cumplir, fue bajar la alícuota máxima a 0,25% del patrimonio. Pero la reducción quedó a mitad de camino, porque la crisis de 2018 obligó a replantear el sendero de reducción impositiva que se había votado apenas un año antes. Ahora el Congreso aprobó que para el patrimonio declarado localmente pague una alícuota máxima de 1,75%, mientras que se mantiene en 2,25% en el exterior.
Lo mismo ocurrió con la rebaja de retenciones, que también quedó a mitad de camino ante la necesidad de conseguir rápidamente el equilibrio fiscal. La idea de bajar la presión impositiva para alentar inversiones y apuntar a una mayor recaudación vía crecimiento quedó a mitad de camino y tendrá que seguir esperando.
La elevada inflación es el otro componente clave para apurar la baja del déficit fiscal. El aumento de la recaudación de impuestos como el IVA es hace tiempo uno de los componentes centrales que explican la evolución de los ingresos.
Incluso se espera que en 2022 el índice se ubique por encima de 2021, lo que daría lugar a otro efecto: la licuación del gasto por el mero efecto del incremento de precios. En procesos de inflación crecientes, tanto las jubilaciones como otras partidas de gasto del Gobierno central (transferencias a las provincias o salarios del sector público) aumentan de manera rezagada en relación a los ingresos, que están inflados por los aumentos de precios.
El insólito ajuste de sólo 26% que tendrán las distintas categorías de monotributo para 2022 es sólo un ejemplo de cómo el mero avance de la inflación gatilla un incremento de la recaudación. En este caso se complementa con una decisión totalmente arbitraria del Gobierno para lograrlo, ya que la mayoría de los contribuyentes pasará más rápido de categoría y muchos se verán obligados a pasar al régimen general. Todo esto aún cuando hayan facturado menos en términos reales el último año.

Este fenómeno de licuación del gasto vuelve más difícil avanzar con un proceso de reducción de la inflación, ya que se produce el efecto inverso. Es decir que el gasto del sector público empieza a aumentar a un ritmo mayor que la inflación, lo que a su vez aumenta el rojo fiscal. Parte de este fenómeno se produjo en 2020, cuando la inflación cayó a 36% por efecto del freno de la actividad económica a causa de la pandemia. Sin embargo, en aquel momento tuvo más impacto el fuerte aumento del gasto para ayudar a los sectores más afectados por el freno de la actividad y la prohibición de circular.
La fórmula para alcanzar un menor desequilibrio fiscal y la discusión sobre el funcionamiento del mercado cambiario son los dos grandes temas que restan definir con el staff del Fondo Monetario para llegar a un acuerdo.
Desde el organismo ya dejaron en claro que la meta es alcanzar el equilibrio fiscal de mediano plazo, aunque sin descuidar las necesidades sociales y la inversión en infraestructura. Otro de los objetivos centrales pasa por la acumulación de reservas, aunque para ello el Banco Central tendrá que acelerar el ajuste del tipo de cambio oficial y reducir las intervenciones en el mercado de cambios.
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