
La primera reacción de los inversores tras la carta que divulgó por redes Cristina Kirchner fue claramente negativa. La ambigüedad de las opiniones de la vicepresidenta en relación a un futuro acuerdo con el FMI generó aún más preocupación en los mercados. En un día que marcó un importante rebote en Wall Street, las acciones argentinas continuaron su derrotero bajista, mientras que los bonos siguieron sin hacer pie, con un riesgo país que terminó rozando los 1.900 puntos básicos. Se trata del valor más alto desde que Martín Guzmán reestructuró la deuda en septiembre del año pasado.
Ayer era un día ideal para empezar a ver la recuperación de las acciones argentinas, que venían con caídas superiores a 20% en dólares desde las elecciones legislativas. Pero ni el repunte de las acciones a nivel global le dio impulso a los papeles locales, que volvieron a sufrir importantes caídas en Nueva York. Una vez más los bancos resultaron los más afectados: Galicia cayó otro 4% en dólares y terminó abajo de USD 9, su menos valor de los últimos meses, mientras que Supervielle cayó 3,1% y Macro finalizó 2,3% abajo. Ni siquiera la suba de más de 5% del petróleo alcanzó para ponerle piso a la caída de YPF, que cerró con un rojo de 1,1%.
Los valores de acciones y bonos están en el “subsuelo”, pero ni siquiera así aparecen compradores. Los grandes fondos de inversión prefieren seguir de lejos los acontecimientos y pocos hoy están dispuestos a realizar apuestas vinculadas a un acuerdo con el FMI. El temor es ni siquiera un nuevo programa con el organismo y una postergación de los plazos de pago sea suficiente para encauzar las expectativas.
El antecedente de la reestructuración de deuda que llevó adelante el ministro de Economía el año pasado juega en contra, porque los precios de los bonos siguieron cayendo a pesar del alivio temporal que consiguió la Argentina para estirar tres o cuatro años los plazos de pago. La falta de un programa económico y las demoras para cerrar el acuerdo con el FMI sostuvieron la ola de ventas.
Las expresiones de Cristina, tras romper el silencio que se autoimpuso en las elecciones legislativas, no ayudaron en lo más mínimo a tranquilizar los ánimos. En su carta parece apoyar un acuerdo, al señalar que el kirchnerismo siempre cumplió con sus compromisos. Pero al mismo tiempo advierte sobre las duras consecuencias que el nuevo programa puede generar en los sectores más excluidos de la sociedad. En otras palabras, le da cierta libertad de acción a Alberto Fernández (”es el Presidente quien tiene la lapicera”), pero al mismo tiempo se reserva la posibilidad de futuras críticas o incluso tomar distancia si la evolución de la economía no es la esperada.
Entre los inversores había fuerte expectativa por la reacción de Cristina luego de las elecciones y sobre todo en relación a su postura con el FMI. Pero sus dichos no fueron en lo más mínimo en la dirección necesaria para llevar cierto nivel de optimismo entre los inversores.
El precio de los bonos se acerca a los USD 30 y ya están nuevamente en valores de default. Esto significa que los mercados descuentan una nueva reestructuración de la deuda en un plazo no demasiado prolongado. Pero aún en supuestos agresivos de quita y alargamiento de plazos, los valores lucen muy baratos. Sin embargo no hay repunte a la vista. Una parte de la explicación es que los fondos tienen aún demasiada exposición en deuda argentina y no pudieron salir luego de la renegociación del año pasado. Los vencimientos más fuertes arrancan en 2025 y si para ese momento la Argentina no recupera acceso a los mercados será inevitable una nueva renegociación, más allá del color político que gobierne en ese momento.
Un acuerdo con el Fondo, en la visión de los grandes inversores, no alcanza para revitalizar a los activos locales. En realidad, toda la expectativa está puesta en el programa que finalmente se terminará acordando y hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a avanzar en dejar atrás las fuertes distorsiones que arrastra la economía. La brecha cambiaria, que volvió a niveles del 100% es otro de los temas que generan gran preocupación de cara al 2022.
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