El episodio más reciente de Gran Hermano dejó en evidencia la intensidad de los conflictos dentro de la casa, cuando Pincoya y Luana Fernández protagonizaron un cruce verbal que escaló hasta convertirse en el centro de atención del programa. El disparador fue la reacción de la participante chilena tras ser salvada de la placa de nominación, una celebración que rápidamente se transformó en enfrentamiento.
El clima se tensó apenas se anunció que Pincoya quedaba fuera de la placa. De inmediato, la chilena aplaudió con fuerza y, mirando directamente a Luana Fernández, lanzó una frase que marcó el tono de lo que vendría: “Mira como le quedó”. Este gesto no solo evidenció la rivalidad reciente entre ambas, sino que también anticipó la escalada de declaraciones y acusaciones que se viviría tanto dentro de la casa como en la transmisión en vivo.
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El conflicto no surgió de la nada. Durante la tarde, un incidente menor encendió la mecha. Al recibir una máquina para hacer helado, la participante chilena tomó uno de los productos para observarlo, lo que motivó que Luana le gritara que lo soltara. Aunque el hecho parecía trivial, derivó en una discusión que fue creciendo en intensidad a lo largo del día. Más tarde, la propia Pincoya comentó ante un compañero que, de continuar esa actitud, no dudaría en insultar a Luana y lanzó una advertencia: “Afuera la voy a dejar como una put...”.

Durante la emisión en vivo, Santiago Del Moro tomó la iniciativa de indagar sobre el conflicto. Consultó a Luana si se sentía bien tras los hechos recientes. La respuesta fue contundente: “No, la verdad que hoy me estuve sintiendo bastante mal. Hubo una situación que me hizo sentir incómoda”. Luana expuso que, a su entender, el respeto debía prevalecer entre todos los participantes, especialmente entre mujeres, y denunció que una compañera la había tratado de prostituta, afirmando: “Me dijo que me iba a hacer quedar como una prostituta tanto acá dentro como fuera de la casa y me parece que no se lo voy a permitir ni a ella ni a nadie”.
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En ese momento, el conductor le preguntó de manera directa quién era la persona en cuestión, a lo que Luana respondió sin rodeos: “Pincoya”. Así, el intercambio se trasladó de la tensión privada al plano público, con ambos lados defendiendo su versión de los hechos.
Del Moro interrogó a Pincoya si había insultado a su compañera. La chilena negó haber utilizado ese término de forma directa, explicando el origen de la disputa: la llegada del premio de helado y el tono del grito recibido por parte de Luana. Según su relato, ella simplemente pidió que le bajara el tono y, ante la insistencia, reconoció que se enojó y que comentó a otros compañeros que, si la situación seguía, la iba a insultar: “Yo le dije: ‘Si sigue así, contestándome de esa manera, me la voy a putear bien puteá. Y afuera me la voy a dejar como una puta’. Así. A ver qué dice”.
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La tensión en la casa de Gran Hermano no terminó ahí. Las declaraciones de Pincoya y Luana generaron múltiples intervenciones de los demás concursantes y del propio conductor. Mientras Luana insistía en que la palabra usada por la chilena era “un montón”, también remarcó que ella ya había pedido disculpas por el grito inicial, pero que no iba a tolerar un insulto de esa magnitud, especialmente de una mujer hacia otra.
En ese contexto, Tomy se sumó al debate criticando la actitud de Pincoya y resaltó la contradicción entre el discurso sobre los valores de la mujer y la conducta observada: “Tanto que hablamos acá del respeto entre todos, la verdad que decir eso, que si no la dejaba como una prostituta acá adentro, lo iba a hacer afuera, sabiendo que la Pincoya también es mujer, me pareció una falta de respeto total”.
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Del Moro intervino en varias oportunidades, llamando a las participantes a dialogar como adultas y sugiriendo que, de haber herido a Luana, sería apropiado ofrecer una disculpa. Pincoya, por su parte, insistió en que nunca había insultado directamente a su compañera, mientras Luana reiteró que el término utilizado era inaceptable.
El episodio puso sobre la mesa el debate sobre los límites del respeto y el trato entre mujeres dentro del reality. Luana Fernández insistió en la necesidad de que el respeto sea un valor central, sobre todo en un entorno tan expuesto como el de Gran Hermano. “Se van cayendo las caretas”, expresó, sugiriendo que este tipo de situaciones permiten que el público vea la verdadera personalidad de los participantes.
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