
Como parte de la “Emergencia Hídrica”, el Gobierno instó al ministerio de Economía a “asegurar el normal abastecimiento de la demanda de energía eléctrica”, con el objetivo de mantener los servicios de gas natural y electricidad. En realidad, el proceso ya arrancó con fuerza el mes pasado: las importaciones de combustibles (esencialmente fuel y gas oil) aumentaron 210% para abastecer las centrales térmicas, ante la caída de la generación hidroeléctrica.
Todo esto es producto de la bajante histórica del río Paraná, lo que obligó a buscar alternativas para evitar una abrupta caída de la oferta de energía.
El primer impacto notorio fue en junio, pero se repetirá en julio. El mes pasado las importaciones de energía saltaron a U$S 710 millones, lo que representó un aumento de 210% en relación al año anterior. Esto llevó a las importaciones totales del mes a superar los U$S 5.900 millones, cuando venían apenas superando los U$S 5.000 millones.
En el Banco Central reconocen que esta situación representó un verdadero “cisne negro” en la política cambiaria. Esto significa que confluyen dos fenómenos simultáneos que juegan en contra: una reducción en el ingreso de dólares de la cosecha gruesa y al mismo tiempo un fuerte aumento de importaciones de energía, que representa una inevitable salida adicional de divisas.
La consecuencia es un saldo comercial que se verá afectado en los próximos meses, afectando la capacidad de acumulación de reservas que está intentando llevar adelante el titular del BCRA, Miguel Pesce.
El salto en la importación de combustibles se da por una vía doble. En buena medida ahora está pesando el “efecto río Paraná”, pero también crece la importación por ejemplo para abastecer al barco regasificador durante los meses de invierno.
Para el Banco Central la demanda de importaciones de energía pasó a ser un dato relevante de la política cambiaria. Con un menor saldo comercial que el esperado, la acumulación de reservas se vuelve mucho más complicada. Ahora el stock llegó a U$S 43.000 millones, pero el nivel de reservas netas apenas supera los U$S 7.000 millones.
En la medida que el Paraná no recupere su caudal habitual, será necesario continuar con las importaciones de combustibles, comprometiendo la política de acumulación de reservas en un momento clave. Se estima que la bajante se mantendría al menos hasta diciembre próximo.
La decisión de declarar la emergencia hídrica por 180 días se tomó a raíz del “impacto y las consecuencias que está generando la bajante histórica más importante de los últimos 77 años en la cuenta hídrica de los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú”, según informaron las autoridades nacionales.
La bajante actual del Paraná es la más importante en el país en los últimos 77 años. El déficit de precipitaciones en las cuencas brasileñas del río Paraná y del río Iguazú y la sequía son factores determinantes.
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