
Menos importaciones significa menor inversión, afecta el crecimiento del PBI y la generación de empleos. Suena simple y lo es, tal como lo demuestra el informe preparado por Marcelo Elizondo para Infobae, que refleja la fuerte correlación entre estas variables, aunque para muchos funcionarios del gobierno vayan en direcciones opuestas.
El trabajo revela que “la Argentina cuenta con un aparato productivo relevante que se sostiene a lo largo de décadas trabajando en diversas etapas”, por la integración de cadenas productivas que van más allá de las fronteras.
“En la presente instancia de la evolución tecnológica el funcionamiento de ese aparato requiere diversos aportes: financiamiento, recursos humanos, inversión, tecnología y conocimiento, otros diversos calificados elementos que se encadenan en los procesos productivos, políticas y servicios públicos y privados, y demanda en cadenas de integración productiva”, precisó el director general de la consultora DNI.
Entre estos “motores” están las importaciones, que logran que el resto funcione, aunque exista una visión estancada en la década del 50 que supone que se puede lograr la autosuficiencia.

“Debe destacarse que las importaciones -en todo el mundo y en particular en Argentina- aportan a la producción equipos, máquinas y bienes de capital, piezas, accesorios y partes, todo dirigido a la inversión. Además, aporta insumos y bienes intermedios necesarios para completar procesos productivos; repuestos; energía que en buena medida se dirige a la exportación; y hasta vehículos que contribuyen con la logística y el transporte de carga y personas involucradas en la producción”, resalta el informe.
Dada esta concatenación, “es relevante destacar que -entre varios aportes- las importaciones generan un significativo alimento productivo para la producción de bienes y servicios, para la acción constante de la economía, sea ella industrial, manufacturera, de pyme o de grades empresas, de servicios o en el agro”, es decir, los principales rubros de la economía argentina.
La caída de las importaciones registrada en los últimos años -por fuera del ciclo, es decir, más allá de su correlación con el alza y la baja del nivel de actividad- ha tenido un impacto negativo sobre la inversión y el crecimiento económico y el empleo, se explicó. Durante la última “década perdida”, se observa en forma nítida la relación entre ambos fenómenos. Además, las compras externas en la Argentina son muy menores en relación con otras economías comparables.
“Si se considera la evaluación planetaria que el Banco Mundial hace cada año de las importaciones de bienes y servicios en comparación con el producto bruto, en la última edición (en 2019, la última antes del peculiar 2020) se da cuenta de que en todo el planeta las importaciones sumadas de todos los países equivalen 29,76% del PBI mundial”.

En América latina y el Caribe, llegan a 23,3% del producto bruto. Pero en Argentina solo equivalen al 15,2% del PBI, “ubicándose así Argentina entre las 10 economías con menor nivel de importaciones en el planeta en relación con la dimensión de su economía”, se enfatizó.
“Argentina sufre una economía extremadamente cerrada que -por ello-recibe menos bienes de capital, insumos, piezas y partes, vehículos para la producción, todo ello requerido para la generación de bienes y servicios”. La caída de las importaciones, mayor que el promedio global y regional, tanto por la pandemia como por las restricciones oficiales, “lleva a un resultado de cerrazón mayor de la economía argentina en relación al resto del planeta”.
“En todo el mundo cayó el comercio internacional -como efecto entre otros motivos de la pandemia-, pero en Argentina las importaciones (también las exportaciones) cayeron casi 3 veces lo que fue el descenso internacional”, aclaró.
“Argentina destina más del 80% de todo lo que cada año compra en el exterior -a través de importaciones de bienes- directamente a la producción”.

Además, “las importaciones generan ellas mismas directamente actividad económica porque esas compras desde el exterior requieren una cadena que incluye los intermediarios, las empresas transportistas, los servicios jurídicos, contables y administrativos (públicos y privados), la logística, el financiamiento, las empresas comercializadoras, los mayoristas, los distribuidores y los servicios conexos”.
Si se sumaran los bienes de capital y sus piezas, accesorios y partes “todo ello ha generado históricamente alrededor del 40% del total de las compras externas; el descenso de las importaciones, por ende, afecta la inversión”. Además de la actividad económica, otro instrumento para frenar importaciones es “la alta tasa arancelaria” del Mercosur y “sufre una alícuota de aranceles a las importaciones elevadas comparando en el planeta”.
“La tasa arancelaria es uno de los principales límites a las importaciones y ocurre que en el mundo esa tasa/alícuota ha venido descendiendo desde hace lustros”: Argentina, con un arancel promedio de 12,18%, grava las importaciones con una alícuota dos y media veces mayor al promedio global (que es 5,5%).
Más allá de estas trabas, “Argentina implementa numerosos obstáculos no arancelarios de administración del comercio”, que han llevado en el pasado a que varios socios comerciales denunciaran al país ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Actualmente, se reflotaron esos mecanismos, a través del Ministerio de Desarrollo Productivo y del Banco Central.

Y aunque la imaginación de algunos funcionarios siempre lleva a resaltar la influencia de la supuesta invasión de productos finales importados, lo que más ha caído son las compras para la inversión local. “El porcentaje de las importaciones dirigido a inversión en 2020 fue el más bajo de la década. Y es un reducido nivel, apenas comparable con el de los pobres años 80 del siglo pasado”, durante la denominada década perdida, destaca el estudio privado.
“La inversión pierde participación en las importaciones. Esto es, hay doble caída: en cantidad y en calidad. Así, la porción de las compras externas para inversión fue en 2020 extremadamente baja, pero también fue reducida en 2019 y en 2018”, observa el informe de Elizondo.
En particular, “si se toman para comparar los años de inicio o fin de lustros desde 1980 hasta hoy (para generar referencias históricas) se advierte que el porcentaje de importaciones para inversión en 2020 es el más bajo desde 1980”, destacó el trabajo, ratificando que, en política económica es mejor guiarse por los datos precisos que por la ideología abstracta.
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