Guzmán se juega a todo o nada para frenar la corrida cambiaria, con más poder pero pocas municiones por la falta de un plan ambicioso

El ministro se convirtió en el eje de las decisiones económicas, pero también en el fusible perfecto si sus intentos fracasan; economistas oficialistas creen que las medidas adoptadas son tibias y reclaman más incentivos para atraer dólares

El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, actor central de la política económica oficial (Nicolás Stulberg)
El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, actor central de la política económica oficial (Nicolás Stulberg)

La coronación de Martín Guzmán como actor central de la política económica busca reducir los choques internos para combatir la insostenible brecha cambiaria, pero también le otorga al ministro una responsabilidad como fusible del presidente Alberto Fernández que hasta ahora no tenía.

Fuentes del oficialismo indicaron a Infobae que, como suele ocurrir cuando un ministro se vuelve relevante, ahora Guzmán actuará como pararrayos del Presidente, por lo que pasó de estar casi afuera del gabinete cuando el canje de la deuda parecía destinado a fracasar a ser el centro de las decisiones económicas en poco tiempo.

Ya sin su estilo zen previo, su última apuesta es el paquete confirmado ayer para facilitar el acceso de más dólares a los inversores. La pregunta es si esos inversores se quedarán en el país o aprovecharán para salir antes de que les vuelvan a cerrar las compuertas; en el caso de PIMCO, la respuesta está clara.

Guzmán goza de un pergamino modesto, pero más sólido que otros funcionarios en términos relativos: el mencionado canje terminó con el problema del default. “Metió el único gol que hizo el Gobierno en 11 meses en materia económica”, admitió un economista del espacio oficial.

En medio de tan pobres resultados, no es poco, pero claramente tampoco es suficiente, porque si bien Guzmán “es el más racional de todos”, como dijo este analista, todavía no queda en claro ni su plan ni si tiene equipo con espaldas como para ejecutarlo eventualmente.

Entre tantos nombres sin roce en la primera línea del Palacio de Hacienda se destaca por su experiencia en el gobierno de Cristina Kirchner el actual representante argentino ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), Sergio Chodos, tal vez el mejor aliado que tenga actualmente Guzmán en el Gobierno. Sin embargo, fue su visión sesgada de la realidad la que llevó a que el canje casi encallara definitivamente, según confiesan en el mercado y algunos funcionarios políticos.

Sergio Chodos, fuerte aliado de Guzmán
Sergio Chodos, fuerte aliado de Guzmán

¿Será Chodos, definido como un “extravagante” por sus colegas del Gobierno, el elegido para reemplazar eventualmente al desgastado presidente del BCRA, Miguel Pesce, señalado como el responsable de elegir un mal camino con más cepo y más pérdida de reservas? Ayer, Guzmán dejó los eufemismos de lado para responsabilizarlo porque “las regulaciones implementadas el 15 de septiembre han tendido a reducir la liquidez del mercado, ocasionando una volatilidad que resulta dañina para el proceso de formación de expectativas”. ¿Le deja eso margen a Pesce para seguir en su cargo?

Chodos cuenta a su favor con el antecedente de haber manejado la vicesuperintendencia de entidades financieras, pero en contra le pesa su desconocimiento sobre cómo opera el mercado. Y, además, en el oficialismo no están seguros de que el Presidente quiera sacar de su puesto a su “amigo” Pesce, sobre todo si no tiene garantías de poder ser él quien colocará a su reemplazante en lugar de La Cámpora, como ocurrió en otros organismos públicos.

Más allá de los nombres, los economistas del espacio oficialista reclaman que haya medidas consistentes y de fondo. Descartada a priori la devaluación del tipo de cambio oficial como herramienta -al parecer el Gobierno cree que el mercado no terminará forzando ese camino- y por lo tanto un desdoblamiento, entienden que hay que acordar una baja de las retenciones más tajante para asegurarse una liquidación importante de divisas que acote la brecha.

El otro camino elegido para atraer dólares es el anteproyecto para un nuevo blanqueo de capitales destinado a fomentar la construcción privada. ¿Se parecerá esta iniciativa más al exitoso blanqueo del 2016 o al plan que, sin ningún éxito, impulsó Guillermo Moreno entre 2013 y 2015 con los Cedines?

Miguel Pesce, presidente del Banco Central
Miguel Pesce, presidente del Banco Central

La diferencia clave entre uno y otro, más allá del instrumento, fue la confianza que inspiraba el contexto: desde que asumió, el Gobierno ha dado señales de que los que blanquearon durante la gestión de Mauricio Macri deben pagar más, no menos; el aumento de la presión fiscal nunca actúa precisamente como un incentivo para blanquear.

En este contexto, también flota en el Congreso el cuestionado proyecto de impuesto a las “grandes fortunas” en pesos cada vez más devaluados, que nunca terminó de convencer al ministro ni a las autoridades legislativas del oficialismo.

Algo parecido ocurrió con el proyecto que se anunció el viernes para que la gente coloque sus ahorros en pesos, a cambio de un supuesto beneficio en Bienes Personales, que, si se observa en detalle, se desvanece por una “cláusula antielusión” que contiene en su articulado. Los contadores afirmaron que este agregado es lógico en términos teóricos, pero opera como un desincentivo si el objetivo del Gobierno es fomentar que baje el dólar.

Empoderado en su cargo y con el apoyo simultáneo del Presidente, la vicepresidenta y el titular de Diputados, Sergio Massa, Guzmán tiene mayor margen de maniobra

¿Otra muestra de incoherencia?: la semana pasada el directorio del Banco Central, por pedido de Economía, bajó una tasa (de Leliqs) mientras subía otra (de Pases). “En medio de una corrida bancaria no podés hacer esas cosas: bajar tasas y dar más créditos al sector privado, compulsivos”, advirtió una experta en cuestiones financieras. “Hay que subir las tasas y en forma contundente”, agregó otro economista escuchado por el Gobierno.

Del lado fiscal, tampoco queda claro el rumbo. Por un lado, el secretario de Energía, Darío Martínez –ungido por la vicepresidenta Cristina Kirchner bajo el ala de Guzmán– afirmó que en 2021 subirán las tarifas de los servicios públicos y que los subsidios se acotarán; por el otro, un “soldado” del kirchnerismo y mano derecha del ex ministro Julio De Vido que está a cargo del Ente Regulador del Gas, Federico Bernal, afirmó repetidas veces lo contrario.

¿Puede el Gobierno mostrar tantos titubeos mientras negocia un nuevo programa con el FMI, que ya dejó de lado los buenos modales que tenía cuando había que negociar con los bonistas? Las tajantes definiciones de la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, quien habló de una situación “dramática” no parecen dar lugar a la tibieza. Anoche, el FMI informó que Georgieva había tenido una conversación telefónica con el ministro luego del anuncio de las medidas y que el organismo apoya el esfuerzo del país para “aliviar las presiones cambiarias, anclar la estabilidad económica y sentar las bases para la recuperación”. Ambos debatieron en términos productivos el trabajo de la misión que pasó por Buenos Aires y las medidas que se anunciaron.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, endureció el tono de su discurso hacia la Argentina
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, endureció el tono de su discurso hacia la Argentina

Empoderado en su cargo y con el apoyo simultáneo del Presidente, la vicepresidenta y el titular de Diputados, Sergio Massa, Guzmán tiene mayor margen de maniobra que antes, pero también será su responsabilidad exclusiva si la corrida cambiaria y financiera no se calma, aclaran en el oficialismo.

Pero un fracaso de Guzmán no le generará perjuicios solamente a este economista que eventualmente puede volver a su apacible oficina en la Universidad de Columbia en Nueva York, sino que puede colocar al Gobierno delante del temido escenario de un desborde inflacionario.

La brecha cambiaria superior al 100% y la constante emisión monetaria –¿optará el ministro por limitarla con metas cuantitavas, como le dijo a un grupo de inversores internacionales la semana pasada?– son señales demasiado nítidas de que ese riesgo no es abstracto y que, cada semana que pasa, se vuelve más concreto, cuando, además, la política parece haber arrancado con bastante anticipación la carrera para las elecciones de 2021.

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