
El aumento de la presión cambiaria en los días previos a las elecciones -como viene sucediendo a lo largo de esta semana- era algo casi inevitable. Y lo más probable es que se siga incrementando a medida que se acerca el 27 de octubre, ya que todavía restan 6 días hábiles. La consecuencia es que el Banco Central tuvo que aumentar su intervención en el mercado para evitar que se dispare el dólar, pero no pudo evitar que la cotización del precio en el mercado informal y el denominado “dólar Bolsa”.
El aumento de la brecha cambiaria, que ayer se incrementó sensiblemente, es resultado de los controles cambiarios y el aumento de la desconfianza. Esto genera no sólo un aumento de la demanda del dólar en el mercado oficial, cuya cotización fue frenada por ventas de reservas del Central, tal como viene sucediendo desde el 12 de agosto, el día posterior a las PASO. Pero al mismo tiempo también crece la presión sobre los “otros” mercados cambiarios, donde intervienen jugadores que no tienen acceso al oficial. Por ejemplo empresas que tienen prohibida las compras de divisas para atesoramiento como también individuos o empresas que operan informalmente.
La diferencia entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, o “dólar libre” en la jerga financiera, llegó ayer a su máximo nivel desde que comenzaron los controles. Mientras que ayer se podía comprar dólares a $ 59,50 en el mercado formal (por ejemplo en Banco Nación), era posible al mismo tiempo venderlo a $ 66 en el “libre”. Esta sencilla transacción representa el regreso con gloria del “puré”, es decir aprovechar la diferencia del dólar entre dos mercados diferentes para efectivizar ganancias. A los valores de ayer, la ganancia neta superaba el 11% directo, es decir que es posible obtener una rentabilidad automática en una sola jornada.
Por supuesto que la ganancia potencial no es infinita. Esto se debe a que el Banco Central sólo autoriza la compra de hasta USD 10.000 por mes y sólo está reservado para inversores individuales. Las empresas e inversores institucionales, por ejemplo, no pueden hacerlo ya que están impedidas de operar en el mercado oficial.
Esta transacción es algo así como la “prima hermana” de otra operación denominada “rulo”. Consiste también en aprovechar la brecha entre el oficial y el paralelo que también aprovechaba la brecha entre el tipo de cambio oficial y el que surgía de la cotización implícita en el mercado de bonos o acciones. Rápidamente el Central le puso límites a esta operatoria, que ahora requiere más de 10 días para efectivizarse.
Sin embargo, es mucho más difícil cortar el “puré”, ya que una parte de la transacción sucede en el mercado informal. La únicas dos formas que tiene el Gobierno para evitar esta maniobra especulativa son las siguientes: o persigue las operaciones en el mercado informal (algo que en la práctica resulta imposible aún con fuerte vigilancia) o restringe el acceso al dólar oficial.
Entre 2011 y 2015 el gobierno de Cristina Kirchner había achicado a una mínima expresión la compra de divisas para atesoramiento en el mercado oficial. Y de esta forma impedía que se lleve adelante la especulación vía “puré”. Y luego se autorizó la compra hasta un máximo de 2.000 dólares mensuales, pero que sólo unos pocos podían acceder. Claro que en ese momento esta operación tenía un gran atractivo, ya que la diferencia llegó a superar el 50%.
El aumento de la brecha entre el oficial y el “blue”, por otra parte, genera demanda de dólares artificial que impacta sobre las reservas del Central. Si esta tendencia continúa o incluso se acelera en los próximos días, crecerá la presión para que el Gobierno decida nuevas restricciones sobre el mercado cambiario. Ayer el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, aseguró que no está en los planes imponer más restricciones cambarias. “Podemos llegar bien así a diciembre”, aseguró en entrevistas radiales desde Washington, donde está participando de la reunión anual del FMI.
Sin embargo, la sensación de los inversores es que en breve, tal vez después de las elecciones presidenciales, será dificíl mantener el actual cepo sin modificaciones. La razón es que en la medida que siga aumentando la brecha y se intensifique el “puré” el impacto sobre las reservas irá aumentando. Desde la oposición ya están presionando para que el Gobierno deje de vender reservas, pero el peligro es que genere un nuevo -y fuerte- salto del dólar oficial.
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