
Así como el cepo cambiario, el déficit fiscal y la escasez de reservas fueron "bombas económicas" que el kirchnerismo legó a Mauricio Macri, este gobierno también está dejando una complicada y difícil de desactivar a la próxima administración: el exponencial crecimiento de las Leliq, los títulos de corto plazo que emite el Banco Central para llevar adelante su política de regulación monetaria.
Alberto Fernández generó revuelo la semana pasada cuando sugirió que no estaba dispuesto a seguir pagando estos títulos emitidos por el BCRA. Algunos interpretaron que el candidato presidencial pensaba en defaultear, pero él mismo luego se ocupó de aclarar que en realidad hablaba de reducir las tasas de interés, que hoy superan el 62%.
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Pero uno de los temas más inquietantes respecto a la evolución de las Leliq es que representan una proporción cada vez mayor del volumen de fondos que manejan los bancos. Y a este aspecto apuntó el economista Rodolfo Santángelo, socio de Carlos Melconian en la consultora Macroview. "Hace décadas que no sucede lo que está pasando hoy. Prácticamente el 75% de los depósitos que manejan los bancos están colocados en el Banco Central, ya sea a través de Leliq, encajes y otros instrumentos".
Esta situación prácticamente impide que los bancos vuelquen crédito al sector privado, lo que explica la brutal caída que sufrió el financiamiento en el último año. La tasa de interés superior al 60% que paga el Central es casi imposible de mejorar con préstamos a individuos o a empresas. Además, la caída de la actividad redujo fuertemente la demanda crediticia por lo menos en los últimos 14 meses.
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Santángelo fue más allá al plantear que "estamos al borde de una nacionalización del sistema financiero. Es una situación de emergencia que deberá ser atacada de manera muy profesional por el próximo gobierno". Y remató indicando que "es posible equiparar el drama que dejó el kirchnerismo con el sistema energético con la situación que está dejando Macri con el sistema bancario".
De esta forma, el fuerte crecimiento de las Leliq tiene dos efectos tóxicos para la economía. En primer lugar está el análisis del costo cuasifiscal que tiene para el Central. Con un stock superior a $1,2 billones y una tasa de más de 60% anual, implica un compromiso de emisión futura de pesos o de emisión de más deuda del orden de los $750.000 millones por año. El costo financiero para las arcas del Central es gigantesco. Por supuesto que esto podría ser minimizado si bajan las tasas, pero recién después de las elecciones podría avanzarse en esa dirección.
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El otro efecto tóxico es sobre la liquidez bancaria. ¿Cómo hacer para desarmar ordenadamente el stock de Leliq y que esos recursos vuelvan a fluir al sector privado? La respuesta del equipo económico es que para que eso suceda tiene que crecer la demanda de dinero. O sea que aumente el apetito por los pesos y caiga la demanda de divisas.
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