“Este es un programa de emergencia que buscaba estabilizar las variables financieras y lo está logrando con creces, el calificativo de Picapiedra nunca fue peyorativo”
“Este es un programa de emergencia que buscaba estabilizar las variables financieras y lo está logrando con creces, el calificativo de Picapiedra nunca fue peyorativo”

A menos de seis meses de fin del primer gobierno de Cambiemos, la economía mantiene una alta tasa de inflación y muy bajos índices de actividad, que llevan a una situación de debilidad del consumo y de altos índices de exclusión. Sin embargo, desde septiembre de 2018, con el acuerdo II con el FMI se observa un punto de giro hacia la "normalización" de la macroeconomía, que es considerada por los expertos una condición necesaria -pero no suficiente- para poder romper con un ya largo ciclo de estancamiento económico, mientras que el mundo avanza sostenidamente.

Al respecto, Infobae entrevistó a Rodolfo Santángelo, economista, asesor de empresas, fundador y director de la consultora MacroView junto a Carlos Melconian, para que de su evaluación del camino transitado y de algunas pautas sobre qué considera que cabe esperar para los próximos años en el supuesto caso de reelección del presidente Mauricio Macri, porque, aclaró, "otro escenario es incierto".

– El directorio del Fondo Monetario Internacional aprobó una nueva revisión trimestral del acuerdo reforzado en septiembre de 2018 y dispuso un nuevo desembolso para la Argentina. ¿Qué le dejó el análisis y observaciones que hizo el organismo para tener en cuenta en los próximos meses?
– Son siempre iguales los "staff report", son casi calcados unos de otros, sobre todo cuando se va a aprobar un desembolso. El apoyo al país, el esfuerzo en implementar el programa, pero alertar sobre los riesgos. De ahí que, en general no hay sorpresa. Pero después aparecen las cuestiones puntuales, donde vuelve a manifestar las preocupaciones que tenemos todos sobre la sostenibilidad del programa fiscal, de en qué cosas se viene rezagado, sobre la renovación de la deuda; vuelve a poner esa frase confusa de que la deuda argentina es sostenible pero no con alta probabilidad; vuelve a mostrar su preocupación en la demora en que el proceso inflacionario de sus resultados. Pero, en síntesis, no hay mucha diferencia respecto al análisis que uno pueda hacer. Obviamente que en la medida en la que está aprobando un desembolso tiene un contenido positivo y alerta sobre los riesgos, en este caso poniendo un énfasis en la cuestión política, pero no sólo eso.

– En Macroviews, sobre todo su socio Carlos Melconian, han hablado sobre el Plan Picapiedras, el Plan Llegar a las elecciones, ¿Cómo se llega a esa instancia?
– De acuerdo a previsto. Este es un programa de emergencia que buscaba estabilizar las variables financieras y lo está logrando con creces, el calificativo de Picapiedra nunca fue peyorativo, sino de mostrar su rudimentariedad, su simpleza. Diría que a ningún economista argentino se nos hubiera ocurrido, porque es maquiavélicamente simple, y está logrando resultados. Probablemente viene demorado en cuanto a la baja de la tasa de inflación, y que la tasa de interés ha quedado más alta de lo previsto, pero el resto de las variables vienen dentro de lo que se esperaba, sabiendo que esta es una economía sin crédito, el poder adquisitivo del salario está más abajo y que lo mejor que se podía pedir en materia de actividad es que dibuje la letra L, o sea que deje de caer. Eso está reflejado en los números del Fondo que proyecta un segundo año de contracción económica; 2018 y 2019.

Lo mejor que se podía pedir en materia de actividad es que dibuje la letra L, o sea que deje de caer. Eso está reflejado en los números del Fondo que proyecta un segundo año de contracción económica

La Argentina, sacando Venezuela deber ser el único país del mundo donde la caída acumulada del PBI de este bienio es casi parecida a la del 2009, no pasa en ningún otro lado del planeta, y ya la perspectiva de 2020 refleja una estadísticas recuperación que no compensa la caída de éste. Es decir, los programas del Fondo son todos iguales: Ucrania, Egipto, en su momento Brasil, Grecia, produce los mismos resultados; obviamente acá habrá una elección presidencial en el medio donde la nueva administración deberá decidir cuánto quiere continuar y cuánto quiere cambiar.

– La situación macroeconómica se va normalizando, probablemente con cierta lentitud, en particular en materia de inflación que sigue siendo alta; las cuentas fiscales mejoran pero también tienen alguna ayuda de ingresos extraordinarios…
– Así como lo define, es todo así.

– ¿Qué es lo que falta para poder volver a crecer, independientemente del reclamo de las reformas estructurales?
– Dentro de este programa el crecimiento será bajo por definición. La Argentina se encamina a un período largo de 2, 3, o 4 años de bajo crecimiento, porque este es un programa de reducción de desbalances. Si se quisiera ser más agresivo lo tendría que negociar con el Fondo Monetario, y obviamente también ver el plafond político y jurídico que habría que hacer para implementarlo, porque implicaría ser mucho más audaz en reformas tributarias.

Lo que queda claro de estos programas es que si se quiere bajar impuestos hay que reducir algún gasto, no hay magia, o margen para otra cosa; hay que acelerar el proceso de reducción de baja de subsidios y suba de tarifas que este año quedó postergado; habrá que negociar con las provincias que han sido unos de los grandes pasivos de los últimos 4 años en términos de negociación, donde los gobernadores se llevaron todo y no pusieron nada, hablando exagerado y simplificadamente; y habrá que ver cómo se restablece el crédito en este economía bimonetaria, donde los argentinos seguimos comprando dólares a pesar de que la tasa interés está altísima. Entonces, hay que tener un programa integral consistente y mucho más audaz, pero que no sé si está en la agenda.

Si el esquema a seguir pos elecciones, que todavía falta mucho, es esto mejorado y un poquito el resultado va a ser un crecimiento lento y muy bajo, pero con la ayuda de que se estará reduciendo el déficit fiscal; del sector externo; bajando la inflación, una economía sin crédito; y apostando a ver si algún día, tras años y años de esfuerzo, los argentinos volvemos a confiar en el peso como moneda de ahorro, porque hasta ahora usamos el peso como moneda transaccional y "timbeamos" algunos meses con la tasa de interés.

“Si se quiere bajar impuestos hay que reducir algún gasto, no hay magia, o margen para otra cosa; hay que acelerar el proceso de reducción de baja de subsidios y suba de tarifas”
“Si se quiere bajar impuestos hay que reducir algún gasto, no hay magia, o margen para otra cosa; hay que acelerar el proceso de reducción de baja de subsidios y suba de tarifas”

– Es lo que nos decían a un grupo de periodistas argentinos en Washington invitados por la Amcham: "los argentinos tienen el extraño comportamiento de comprar un par de zapatillas a crédito, y la casa al contado"…
– Es un lindo ejemplo, pero acá la cuestión macroeconómica es cuál es el régimen monetario y cambiario que vamos a tener; cómo hacemos convivir al peso como moneda transaccional y el dólar como moneda de ahorro; como hacemos para que vuelva a haber crédito, con estas tasas de interés no va a haber ni oferta ni demanda, porque terminamos con un sistema bancario va a tener el 80% de los depósitos en el Banco Central, ya sea bajo la forma de encajes o de Leliq. Eso va a ser una discusión de fondo. La Argentina tiene que hacer una propuesta y el FMI ver su consistencia. Por ahora este esquema medio troglodita donde los argentinos seguimos comprando dólares y el torniquete monetario lo único que intenta es de convencernos de que no lo hagamos porque es costoso.

La cuestión macroeconómica es cuál es el régimen monetario y cambiario que vamos a tener; cómo hacemos convivir al peso como moneda transaccional y el dólar como moneda de ahorro; como hacemos para que vuelva a haber crédito, con estas tasas de interés no va a haber ni oferta ni demanda

– Justamente, producto de la restricción monetaria y de la consecuente recesión, ¿cree que hay una situación de inflación reprimida, o los precios ya están acomodados y porque el temor de que ocurra un cambio de gobierno propenso a las regulaciones extremas y cepos hizo que las empresas decidan tener los precios de lista actualizados?
– No, reprimida no es la palabra que usaría. Obviamente, hay una tasa de inflación que se intenta a pura restricción monetaria, restricción crediticia, súper tasa de interés y efectos recesivos, pero lo que no hay es represión macroeconómica.

Sí hay algunos precios relativos que han quedado rezagados, el boleto del transporte es el candidato número uno a recomponer, porque a $14 promedio que se paga hoy el colectivo, teniendo en cuenta la tarifa social, está lejísimo del valor del equilibrio. Le doy un número que es obvio: el salario promedio en la Argentina siempre fue equivalente a 1.000 boletos de colectivo, hoy sería una tarifa de $40, quiere decir que el Gobierno está pagando $26. Eso es una distorsión. Todo lo que la Administración Macri avanzó en mejorar la situación de la electricidad y el gas no lo hizo con el transporte, ahí se puede llamar que está la tarifa retrasada, reprimida, y que por el próximo gobierno va a recibir un atraso equivalente al que recibió Cambiemos en 2015 en materia de electricidad.

Todo lo que la Administración Macri avanzó en mejorar la situación de la electricidad y el gas no lo hizo con el transporte, ahí se puede llamar que está la tarifa retrasada, reprimida, y que por el próximo gobierno va a recibir un atraso equivalente al que recibió Cambiemos en 2015 en materia de electricidad

Y después hay toda una discusión macroeconómica en la que lo único que importa es la realidad que es el tipo de cambio. Mi sensación es que, obviamente responde a una situación de oferta y demanda, está la cotización del dólar está en un nivel de equilibrio. Me hubiese gustado que no hubiese bajado, pero el mercado va a encontrar su valor de equilibrio en torno de 40 y pico, en términos reales, es decir ajustado por inflación, que no sea ni un 40 muy alto, ni 40 muy bajo.

– ¿No es un tipo de cambio que puede empezar a frenar la recuperación de la solvencia externa, porque cayó en los últimos meses en términos reales frente a la monedas de los principales socios comerciales de la Argentina y está sólo un 8% superior al de diciembre 2015, pero los precios internacionales de las materias primas que exporta el país ahora están entre 10% y 15% por debajo de entonces?
– Los precios internacionales de las materias primas no ayudan, no tenemos cotizaciones espectaculares, por eso los USD 80.000 millones de exportaciones en el 2011 no los vamos a volver a ver, porque aparte en ese momento Brasil crecía mucho y hoy no lo hace; pero la ultra sintonía fina lo podría generar. Creo que con un tipo de cambio en torno a $45, un poco más o menos estaría bien. Lo que pido es que no se entre en una política de atrasarlo, aunque hoy es un mercado libre de oferta y demanda. De ahí que no es mi preocupación. Obviamente que la discusión salarial es un punto a tener en cuenta. Pero lo que la Argentina tiene que hacer es tener una macroeconomía consistente con déficit fiscal cero, política monetaria razonable, y ahí vamos a tener una tasa de inflación más lógica, reconociendo que viene más lenta de lo que esperaba.

“Un tipo de cambio en torno a $45, un poco más o menos estaría bien. Lo que pido es que no se entre en una política de atrasarlo, aunque hoy es un mercado libre de oferta y demanda”
“Un tipo de cambio en torno a $45, un poco más o menos estaría bien. Lo que pido es que no se entre en una política de atrasarlo, aunque hoy es un mercado libre de oferta y demanda”

– Esas son condiciones necesarias pero no suficientes para volver a crecer. ¿Coincide?
– Sí, creo que a los argentinos nos agarra mucha ansiedad con el tema del crecimiento de la economía. Y está bien, porque hay que ser audaces y ponerse objetivos importantes y realistas. Pero me parece que los procesos de reactivación, bajo el paraguas de los planes con Fondo Monetario, la experiencia internacional muestra que van a ser muy lentos. Si se quiere ir a un crecimiento sostenible en el tiempo más alto que esto hay que ir a otro entrenamiento, a otra dieta, a otro programa, mucho más ambicioso que el actual. Este es un plan de estabilización.

Si se quiere ir a un crecimiento sostenible en el tiempo más alto que esto hay que ir a otro entrenamiento, a otra dieta, a otro programa, mucho más ambicioso que el actual. Este es un plan de estabilización

– ¿Es posible ir a otro programa de crecimiento, sin volver a desajustar las variables macroeconómicas fundamentales?
– Es que justamente ese es el desafío volver a crecer sin desajustar la macro, como bajar impuestos sin subir el déficit fiscal, es decir bajando el gasto público, cómo se hace para tener crédito sin que eso signifique emisión monetaria descontrolada; cómo se hace para bajar las tasas de interés. Son todas cosas mucho más difíciles.

– ¿Cómo ve el frente externo? Un poco lo que observan líderes de opinión en Washington es que ahora están creciendo mucho más las economías emergentes  que las desarrolladas, y eso favorece a la Argentina porque son países que tienen más propensión al consumo y a la importación, mientras que cuando crece el mundo desarrollado tiene una alta propensión al ahorro, entonces ven una oportunidad que tiene el país para pensar en crecer hacia fuera. ¿Comparte esa visión?
– Es un análisis muy sofisticado para el grado de trogloditismo que estamos en la Argentina. Creo que todavía en el país miramos 3 variables, para decir algo concreto; después habrá que ver cómo evolucionan:

1. Las condiciones financieras internacionales, hoy están evolucionando positivamente, porque la expectativa de suba de las tasas de interés en los EEUU ha bajado, y se cree que pueden seguir cayendo; y estamos en mercados de capitales desarrollados y emergentes con bajos spread, algunos hasta puede discutir si hay alguna burbuja porque la verdad es que hoy el riesgo país de la mayoría de países es muy bajos y la Argentina está cerca de 800 puntos y tocaríamos el cielo con las manos si baja a 500 o 600, pero el mundo está en otro partido. Eso es muy positivo;

2. El precio de las materias primas, como mencionaba antes. Ahí estamos intermedios: USD 330 la tonelada de la soja y todo lo demás productos agrícolas industriales están con precios que no son los que nos hacen colapsar, pero no son los que nos sacan de la situación actual. El campo puede seguir pagando los derechos de exportación, pero que no se le atrase el tipo de cambio;

El campo puede seguir pagando los derechos de exportación, pero que no se le atrase el tipo de cambio

3. Brasil o latinoamérica, el comercio exterior. En ese aspecto le diría que se está en el medio, porque está a favor el tipo de cambio, el del socio en el Mercorsur no nos da un colchón bárbaro, pero no es una complicación, estamos bien con el tipo de cambio bilateral, pero la economía brasileña reactiva también muy lenta, está en 0,8% o 0,9%, no mueve el amperímetro. El frente externo de hoy de la Argentina no es el que salva el programa ni el que lo hunde, mantiene la línea de flotación de la economía. Obviamente que si estuviera USD 30 más arriba el precio de la soja, y hubiera flujos de capitales y la economía brasileña creciera más estaríamos mejor.

Y la segunda cuestión del frente externo es mucho más estructural, pero ahí no tengo respuesta, porque se  trata de una cuestión de 10 años que sería el acuerdo con Europa, que seguramente a futuro abrirá oportunidades espectaculares, pero falta para eso. Y aunque es un frente externo-interno la energía, Vaca Muerta, gas, donde también en un horizonte de más largo plazo todos dicen que es posible que la Argentina tenga un salto exportador de materias primas interesantes. Obviamente, si se cumplen todos los programas de inversión que están previstos.

– Una de las preocupaciones en el sector energético es que no hay todavía consenso sobre el horizonte de largo plazo que le garantice un precio para poder desarrollarse…
– No es mi especialidad la economía de los recursos energéticos. Pero está claro que lo que se necesitan son reglas de juego estable. Y cuánto más de competencia y libertad de mercado mejor; y cuanto menos se dependa del Estado mejor, pero de repente esta industria incipiente necesita algún apoyo especial. Pero desde el punto de vista de la macroeconomía hay que poner énfasis en el costo del capital. En un país en el que tomar fondos, no solo para el sector público, sino también para el privado, le cuesta el doble que en el resto del mundo tiene una desventaja competitiva fenomenal. Sectores muy intensivos en capital y en inversión, cuánto más caro es el capital menos incentivos hay hacer el plan de inversión.

“En un país en el que tomar fondos, no solo para el sector público, sino también para el privado, le cuesta el doble que en el resto del mundo tiene una desventaja competitiva fenomenal”
“En un país en el que tomar fondos, no solo para el sector público, sino también para el privado, le cuesta el doble que en el resto del mundo tiene una desventaja competitiva fenomenal”

– ¿Comparte con otros economistas que los 700 a 800 puntos básicos de riesgo país hay unos 200 de componente político?
– No lo se, lo sabremos en 30 o 60 días, es posible.

– ¿Y los otros 300 para poder equipararse con el riesgo país de Brasil?
– Eso es riesgo económico puro. Se nos fue la mano con el endeudamiento, mientras que Brasil es un país que tiene una posición acreedora neta en moneda extranjera, porque tiene  muy baja deuda pública en dólares y muchos activos en el Banco Central. A diferencia de la Argentina que tiene pocas reservas en divisas y tomó mucha deuda, por eso el nivel de riesgo es mucho más alto.

Y déjeme transmitir casi una expresión de deseos que no suelo hacer: Si llegara a ganar Mauricio Macri, porque el escenario Fernández-Fernández es una cosa bien diferente, no se bien qué vendría, sería muy bueno que baje el índice de riesgo país como reflejo de la menor incertidumbre política, 100 o 200 puntos básicos, lo que decida el mercado será lo que vale, sin entrar en un proceso de euforia que haga creer a la parte de las autoridades económicas o políticas que están todos los problemas resueltos y que no tenemos nada que hacer.

Me preocuparía muchísimo que no baje el riesgo país si gana el oficialismo, porque sería una mala señal, y me preocuparía muchísimo que no fuéramos al otro lado de la euforia. Es decir, se necesita algo que sea tomado con extrema prudencia, porque independientemente de la reacción inicial Argentina necesita un programa mucho más fuerte de reformas. Espero que no se cometa el mismo error del 10 de diciembre del 2015 que creyendo que volviendo al mercado de capitales nos salvábamos.

Se nos fue la mano con el endeudamiento, mientras que Brasil es un país que tiene una posición acreedora neta en moneda extranjera, porque tiene muy baja deuda pública en dólares y muchos activos en el Banco Central. A diferencia de la Argentina

– En la economía hasta cuándo cabe esperar que finalice el ajuste del sector manufacturero y de la construcción, la industria ya lleva 13 meses en recesión, y sigue cayendo…
– Van 5 trimestres en recesión, lo que empezó en el segundo de 2018 ya continuó por quinto período consecutivo, y se está en una L, nunca se llegó a una recuperación en ve corta (V) que fue la salida del Tequila; la salida del 2003; la salida del 2009, y tampoco apareció una recuperación tipo letra U, que fueron las de 2015 y 2017. Esto es una letra L, donde la economía deja de caer a partir de ahora, los próximos datos de junio, julio, agosto, van a empezar a comparar estadísticamente contra niveles más bajos, con lo que podremos ir en búsqueda de ceros interanuales, sin grandes recuperaciones.

Piense que la economía queda para el próximo gobierno con 3 mochilas: 1. el poder adquisitivo del salario entre 10% y 12% por debajo del que había previo a la crisis, menos en el sector privado, más en el sector público; menos caída en el sector formal, más en el informal. Y hasta que la inflación no baje en serio eso no se recuperará. 2. Una economía con menos crédito interno. La recuperación de los préstamos que encima era disparatada de 50% que tuvimos en 2017, en los años impares, no se da ni el 19 ni en el 20, sino que será cero y el año que viene veremos si crece un poquito. Es decir todo es lento. Y 3. El atraso de las tarifas del boleto de colectivo.

Obviamente estarán la excepción del sector agrícola que registró un cosechón; la del sector energético, gas con Vaca Muerta; el turismo interno que ahora tiene menos competencia importada; y que los que estaban cayendo mucho caerán menos. No nos entusiasmemos demasiado con los fuegos artificiales de la ampliación del Ahora 12, Junio 0Km, porque son transitorios, esas cosas duran uno o dos meses. Si el crecimiento económico dependiera del Ahora 12, con el kirchnerismo la economía hubiese crecido al 100 por 100. Esto está en un proceso largo.

No nos entusiasmemos demasiado con los fuegos artificiales de la ampliación del Ahora 12, Junio 0Km, porque son transitorios, esas cosas duran uno o dos meses. Si el crecimiento económico dependiera del Ahora 12, con el kirchnerismo la economía hubiese crecido al ciento por ciento

– ¿Vivíamos en una economía que estaba un poco sobregirada, es decir nos estamos acomodando a consumir según lo que es nuestra capacidad de producción?
– Obviamente el PBI en dólares medido en épocas de atraso cambiario era muy alto, y muestra que una economía que usted la llama sobregirada, pero  con déficit fiscal y déficit externo, por definición es transitorio. Que está con balanza comercial en cero o negativo, y cuenta de turismo al exterior explotando, por definición, es transitorio. El nivel actual es mucho más lógico y acorde a las posibilidades. Ahora para crecer, dirían los alemanes "tienen que hacer lo que venimos haciendo hace 50 años, ser más eficientes, productivos, exportar, invertir, ahorrar". El resto son cosas transitorias.

– ¿Una última reflexión?
– Para la agenda 2020 hay muchos temas para decidir, ya sea el 10 de diciembre de 2019, en el transcurso del devenir de los tiempos, pero nos queda un sistema bancario con demasiada exposición al Banco Central, o sea con muy poca capacidad de crédito; en la historia argentina eso se lo llamaba la nacionalización del crédito, ahora sería nacionalización de los encajes, no se ni cómo llamarlo. El Fondo Monetario sigue haciendo énfasis en la cuestión de la deuda pública y su sostenibilidad, que  habrá que mostrar cuán sostenible es en el tiempo y que acceso a los mercados hay.

Pero quisiera volver al principio que es revalorizar el rol de un programa macroeconómico consistente: triunfo político, credibilidad de las personas, reconstitución de las instituciones, y otro montón de cosas que hay que hacer en la Argentina no son sustituto de una política macroeconómica consistente, me parece que esa es una lección que se volvió a recibir en este período y espero que no se descuide ni desaproveche en el próximo gobierno.

Fotos: Adrián Escandar