“La Argentina es un país que recae siempre en el mismo problema, tal como tener desequilibrios fiscales insostenibles, financiados básicamente por el resto del mundo”
“La Argentina es un país que recae siempre en el mismo problema, tal como tener desequilibrios fiscales insostenibles, financiados básicamente por el resto del mundo”

Superados los desaciertos de política económica y monetaria del primer semestre, luego de cierto relajamiento tras el triunfo del oficialismo en las elecciones de medio término, el Gobierno logró devolver la calma en el mercado de cambios. Hasta que aparecieron los cuadernos de la corrupción y reavivaron los temores de los inversores internacionales sobre la realidad argentina; aunque nunca pudo salir del esquema de altas tasas de interés y venta de reservas del Banco Central, para que no se dispare la inflación, tras el salto inicial a 3,7% en junio, y la expectativa en torno a 3% del resultado de julio.

Y si bien casi nadie duda de que las autoridades económicas no deberían enfrentar mayores dificultades para cumplir con las metas fiscales para el corriente año y también el próximo, persisten enormes dudas sobre el resto de las variables fundamentales, como los criterios cuantitativos de inflación y de reservas netas del Banco Central a un año de plazo.

Esa incertidumbre se manifiesta con nitidez en la suba del índice de Riesgo País a niveles superiores a 600 puntos básicos, con un salto de más del 50% desde principios de febrero, y sin que el mega acuerdo de asistencia financiera con el Fondo Monetario Internacional pudiera frenarlo.

Juan Luis Bour, economista jefe y director de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas) sintetizó en una entrevista con Infobae su visión sobre la coyuntura que ya comenzó a dar claras muestras  de recesión y caída del salario real; y los empresarios de la industria esperan un trimestre con recorte de la nómina de personal, y más aún de las horas trabajadas.

– Como experto en el análisis de los indicadores laborales: ¿Comparte las expectativas que tienen los técnicos del Banco Central de que "la flotación cambiaria posibilitará que el ajuste recaiga más sobre el nivel del salario real en dólares que sobre las tasas de empleo y desempleo, de acuerdo con experiencias internacionales"?; porque, históricamente, el país se comportado muy distinto que el promedio…
– La Argentina es un país que recae siempre en el mismo problema, tal como tener desequilibrios fiscales insostenibles, financiados básicamente por el resto del mundo, porque hay un mercado de capitales doméstico muy chico. Eso provoca un exceso de oferta de dólares que lleva al atraso cambiario y al aumento del déficit de las cuentas externas. Pero eso dura un tiempo, hasta que la economía no resiste más y se va a un default de la deuda pública; o cuando se corta el financiamiento externo, hacerlo internamente con más inflación, como en los ochenta.

Por tanto, más que la cuestión sobre cuál es el régimen cambiario que se va a tener para atenuar los efectos sobre el mercado de trabajo, es clave resolver el problema más básico, que son los déficit gemelos: fiscal y externo, porque sino se va a terminar siempre recurriendo a algún tipo de financiamiento, y eso va a afectar el valor del peso.

“Es clave resolver el problema más básico, que son los déficit gemelos: fiscal y externo, porque sino se va a terminar siempre recurriendo a algún tipo de financiamiento, y eso va a afectar el valor del peso“

– Un costado del atraso cambiario es que se abarata el precio de los insumos y de los equipos y tecnología importada. Sin embargo, pareciera que cuando eso ocurre las empresas no aprovechan para modernizarse y aumentar la productividad de sus instalaciones y desarrollar capacidad exportadora a futuro, para no depender tanto del mercado interno. ¿Es así?
El atraso cambiario genera incertidumbre porque cuando se invierte en la Argentina hay que pagar los bienes de capital muy caros, a un tipo de cambio que tal vez después no puede lograr. Y si bien en esos casos hay algunos que toman deuda, también hay muchos que miran hacia adelante, sabiendo que esos períodos son muy cortos; y nunca se sabe cuándo van a terminar. Esos procesos se caracterizan por ser muy volátiles y eso aumenta el riesgo sobre el negocio.

Y lo que se ve es que hay quienes miran más el mercado interno, otros el de exportación y también los que observan los dos, en busca de adaptarse a un poco más de producción local cuando es posible, o un poco menos producción local y más importaciones cuando eso también es posible, pero eso también requiere básicamente de empresarios que estén con todos los ojos puestos en cuál es el mix apropiado en un contexto de extrema volatilidad.

– ¿Qué es lo que provoca esa recurrente volatilidad?
– Básicamente está asociada a los ciclos políticos que llevan a fuertes desequilibrios fiscales y externos, los cuales no son percibidos a tiempo, ya sea por los economistas del Gobierno como también del sector privado, y menos aún por los políticos. Un ejemplo de esto es que veníamos de un déficit de cuenta corriente del balance de pagos muy alto en 2015, y que la Argentina arrastraba de 4 a 5 años con muy bajo crecimiento.

Cualquiera que mirara con cierto profesionalismo las grandes variables macroeconómicas veía que una recuperación de la actividad económica iba a llevar a un aumento de ese desequilibrio de las cuentas externas, más allá de que se saliera del cepo cambiario y las restricciones a exportar, porque claramente la liberación de las restricciones a importar iba a provocar eso. Es así que en 2017 se registró un déficit de cuenta corriente de casi 5% del PBI, pero a mitad de ese año ni el grueso de la profesión, ni los funcionarios, parecían haber tomado nota de ese cuadro, que en realidad era el espejo de un fuerte saldo negativo de las finanzas públicas, que recién comenzaba a intentar corregirse gradualmente.

“Cualquiera que mirara con cierto profesionalismo las grandes variables macroeconómicas veía que una recuperación de la actividad económica iba a llevar a un aumento de ese desequilibrio de las cuentas externa”
“Cualquiera que mirara con cierto profesionalismo las grandes variables macroeconómicas veía que una recuperación de la actividad económica iba a llevar a un aumento de ese desequilibrio de las cuentas externa”

– ¿A qué atribuye esa negación de la realidad y sus consecuencias?
– Me parece que se puede atribuir a cierta miopía económica, pero también a una miopía política de tratar de tirar hasta que se pueda; finalmente, cuando aparece un episodio externo, que no se anuncia, sino que aparece, y como la Argentina es un país "beta", de alto riesgo, cuando suben los índices de riesgo país en los emergentes el de Argentina sube mucho más, y nos obligamos a hacer ajustes siempre dramáticos.

“Cuando suben los índices de riesgo país en los emergentes el de Argentina sube mucho más, y nos obligamos a hacer ajustes siempre dramáticos“

Pensemos que el 19 de diciembre diciembre de 2017, antes de la conferencia de prensa del 28 para recalibrar la meta de inflación, el riesgo país estaba en 350 puntos básicos, mientras que el promedio de la región estaba en 339; y el de Brasil en 228. Y hoy subió en más de 270 pb, en contraste con 50 y 40 pb en esas dos referencias. Claramente nos pega más. Pasó en la historia y sigue pasando. Semejante nivel de sobre tasa que exige el mundo para prestarle a la Argentina no es sostenible.

– El acuerdo con el FMI bajó la volatilidad cambiaria, pero no cambió las expectativas de los inversores ni de los agentes económicos locales, ¿por qué y qué hace falta?
– Está claro que si la Argentina no hubiera obtenido un auxilio financiero por parte del Fondo Monetario Internacional y de otros organismos multilaterales de crédito hoy estaríamos intentando colocar deuda. Y si la tasa hoy nos parece prohibitiva con un índice de riesgo país de más de 600 puntos básicos, significa estar pagando una tasa de interés muy alta, del orden del 9% anual en dólares, sería mucho peor, si es que los mercados  ya no estarían cerrados para el país. Vale la pena recordar que entre 2002 y 2005 el índice de riesgo país promedió 5.500 puntos básicos. Y cuando se tiene el mercado de deuda internacional cerrado el riesgo salta y eso significa que no hay tasa de interés a la que se  pueda obtener un préstamo.

El Fondo Monetario, claramente, fue la única alternativa que tenía la Argentina para cubrir sus necesidades financieras. Pero eso no es suficiente para que el riesgo país baje, porque además se requiere hacer todo lo que sea necesario para que cuando se acabe esa asistencia el país esté en equilibrio presupuestario. Y si bien se están haciendo ajustes y es posible que el Gobierno logre acercarse a la meta fiscal de 1,3% del PBI, en realidad hay que pensar que hay que refinanciar deuda que estará venciendo, más intereses por el total. Por eso, el resultado primario de las finanzas públicas debiera ser superavitario. Se espera que en 2022 esté arriba en 2% del PBI, pero todo eso se tiene que hacer muy rápido para poder tener un escenario sostenible.

“El Fondo Monetario, claramente, fue la única alternativa que tenía la Argentina para cubrir sus necesidades financieras“

– ¿Ve un ajuste con esa velocidad?
– Lo que veo es que buena parte del ajuste tiene un componente transitorio, que es la alta inflación. Es decir, estamos en un proceso de ajuste en donde la pregunta que nos hacemos es, aún cuando en 2019 se llegue al déficit fiscal primario de 1,3% del PBI, ¿cómo hago a partir de 2020 en el que la inflación se estima que baje, si parte del ajuste que se hizo fue esencialmente inflacionario? Lo voy a poner así, llegar a un déficit primario de 0,5% a 1% del PBI en 2020 será un esfuerzo muy grande si la inflación disminuye, porque estarán presentes los efectos de rezago. Entonces, el primer punto es que todavía, antes de la cuestión política, están las dudas sobre si  existe un programa, llamemosle, "estructural".

– Eso no aparece…
– Eso aparece siempre a medias. Se hace el ajuste con más y alta inflación; se posterga inversión en infraestructura y pasando una parte al sector privado, pero parte de eso va a aparecer en el futuro pagando esa inversión. Por tanto, hacia adelante surgen algunas dudas que son las mismas que  tuvimos en los últimos 50 años. Una vez que se acerca al equilibrio la pregunta es ¿se van a hacer todas las cosas que son necesarias para sostener esa posición, o se va a volver a hacer lo mismo de siempre?

“Llegar a un déficit primario de 0,5% a 1% del PBI en 2020 será un esfuerzo muy grande si la inflación baja, porque estarán presentes los efectos de rezago”
“Llegar a un déficit primario de 0,5% a 1% del PBI en 2020 será un esfuerzo muy grande si la inflación baja, porque estarán presentes los efectos de rezago”

– Y como si esas dudas no fuesen suficientes, aparecieron los cuadernos de Centeno denunciando hechos de corrupción que, naturalmente, afectan a dos partes; en este caso, a políticos de peso del gobierno anterior y empresarios de todo tipo…
– Exacto, todo eso explotó, que es un elemento intrínseco a países que tienen alta intervención y elevada discrecionalidad de parte del Estado. O sea, este es un país que en los últimos años ha tenido un gasto público superior al 40% del PBI, con un rango del 42,5% del PBI desde 2015 en adelante, con una eventual reducción en el corriente año por debajo del 40% del PBI, pero que revela un peso importante del Estado en aspectos no sólo de gasto, sino también de intervención en la economía; y de cobro de impuestos, junto con excesos de regulaciones.

Todo eso establece las bases para que si no se tienen instituciones judiciales, y en diversas instancias apropiadas, como tienen otros países que también registran una carga tributaria tan alta con la de la Argentina, puede derivar en hechos de corrupción. Esto aparece notoriamente hoy en día, tocando probablemente a todas las administraciones, porque es un elemento que va más allá de las personas. Eso lo hemos conocido en el pasado y ahora está apareciendo más directamente de esta forma. Las consecuencias de esto no las conocemos.

– En este escenario,¿ve que se está diseñando un plan de ajuste que, como usted observaba, tiene más de inflacionario que de estructural y que confía en que la oposición vote un Presupuesto 2019 que contribuya a consolidar ese plan? ¿Cómo ve esa dependencia del Congreso? ¿Cree que el Gobierno cuenta con un Plan B si el Presupuesto no es aprobado?
– Entiendo que hay un diseño de política para llegar al 2019, como primera cuestión. Y se llega de una u otra forma, eso significa con un acuerdo con el Presupuesto o una amenaza que apareció sobre la mesa, que en caso contrario se gestionará el año próximo con los topes del anterior, que en los  hechos, con una inflación del 30%, equivale a un recorte real de un 24% de las transferencias más o menos discrecionales de la Nación a las Provincias. Por tanto, hay una amenaza que es creíble que está haciendo que en los gobiernos provinciales y municipales se pasara de un salto del empleo a un ritmo de 4% anual en los tiempos de los Kirchner, o 1,5% el último año, al 0,5% ahora, según los datos del Ministerio de Trabajo.

“Hay un diseño de política para llegar al 2019, como primera cuestión“

Una explicación de ese giro puede ser que se está cumpliendo con el Pacto Fiscal; la otra es que simplemente no tienen plata, y por tanto los gobernadores se vieron forzados a hacer una política de austeridad en gastos en bienes y servicios corrientes. En este sentido es probable que la negociación con los gobernadores tenga éxito en términos de lograr un ajuste de caja.

Desde el punto vista del total país, los ajustes de caja funcionan si después, cuando se logre algo de crecimiento en el futuro, se puede sostener el equilibrio  presupuestario. En general, un ajuste estructural debería generar un margen mayor, pero nunca se sabe. Ejemplo: se pueden hacer algunos ajustes que impliquen que cierta actividad que la haga el sector público o privado, ahorro de plata; pero al día siguiente se arma otra área en donde el empleo crece.

– En la situación actual, a poco más de un año de las próximas elecciones nacionales generales, ¿ve margen para encarar reformas estructurales?
– Sí, creo que las hay, aunque no tantas como se podría pensar, pero veo margen para hacerlas, como es la supervisión de las compras del Estado. Aún hay cosas para avanzar, en materia de empleo directo; de repensar el sistema de pensiones que tenemos. Porque la pregunta que me hago es ¿qué pasa si no lo hacemos?

– Pero hoy pensar en un nuevo cambio en el sistema de jubilaciones y pensiones no parece que sea tolerado por gran parte de la población, y más aún de la dirigencia política de la oposición; y de muchos medios periodísticos…
– Pero hay un riesgo muy alto si no se lo hace. Esto lo he analizado con técnicos del Fondo Monetario y también con muchos especialistas que están con este tema. Lo primero que dicen es que habría que corregir que la tasa de reemplazo en la Argentina es más alta de lo que es en el mundo, y entonces proponen fijar nuevos límites para el retiro. Y resulta que van por el camino equivocado, porque no se dan cuenta de que el problema del sistema de pensiones es que se lo desfinanció. Se le hizo un agujero muy grande con la incorporación en  los años del kirchnerismo de 3,5 millones de personas que nunca aportaron y que se pagan con recursos tributarios y con la inflación.

Pero a futuro hay que pensar que se requiere contar con un sistema razonable. La PUAM (Prestación Universal para Adultos Mayores) que se estableció en 2006, es una mejora, pero no permite resolver el problema. Hay que pensar que una persona que accedió a la jubilación sin haber aportado nunca no debería recibir la misma actualización que la que correspondería a quienes sí lo hicieron.

“El problema del sistema de pensiones es que se lo desfinanció. Se le hizo un agujero muy grande con la incorporación en los años del kirchnerismo de 3,5 millones de personas que nunca aportaron y que se pagan con recursos monetarios y con la inflación”
“El problema del sistema de pensiones es que se lo desfinanció. Se le hizo un agujero muy grande con la incorporación en los años del kirchnerismo de 3,5 millones de personas que nunca aportaron y que se pagan con recursos monetarios y con la inflación”

– ¿Usted está pensando en un régimen de actualización de los haberes por la variación del índice de movilidad jubilatoria para los que cumplieron con los límites de edad y años de aportes; y otro para los que no lo hicieron según la variación de los ingresos a rentas generales?
– Es más que eso, estoy pensando que quienes no hicieron aportes deberían tener garantizado un haber mínimo pequeño, que no sea la misma para alguien que en toda la vida laboral hizo sus aportes al sistema de jubilaciones. E inclusive, creo que hay que pensar el tema con criterios más amplios, porque con la introducción de la tecnología está cambiando la forma de trabajar de la gente, fuera del régimen de relación de dependencia, que hará que a futuro habrá mucha gente que no estará vinculada con regímenes laborales tradicionales. Por eso se requiere una mirada más larga, porque cuando se acuerde habrá visto que la tecnología lo pasó por arriba. Se trata de uno de los cambios estructurales que se requieren que van más allá de decir si hay que aumentar la edad jubilatoria.

– ¿Qué otras cosas se deberían hacer?
Generar una perspectiva de que a futuro la Argentina no va a volver a hacer default periódico sobre su deuda; y que va a reducir la volatilidad macroeconómica; que es volatilidad del tipo de cambio y también sobre los ingresos de las familias; que hoy aún no se puede despejar. Estamos en un programa de ajuste de corto plazo, no en un programa de ajuste estructural. Tal vez sea el tema del gobierno que se inicie a fines del año que viene.

“Creo que hay que pensar el tema de las jubilaciones con criterios amplios, porque con la introducción de la tecnología está cambiando la forma de trabajar de la gente, fuera del régimen de relación de dependencia tradicional“

– Con ese escenario, ¿cómo ve al Banco Central?, porque por un lado dice que la flotación cambiaria es buena porque a diferencia del pasado, frente a un escenario recesivo como el actual, el ajuste recaerá más sobre el salario real en dólares que sobre el nivel del empleo y el aumento de la desocupación; pero por otro lado tiende a entusiasmarse con un tipo de cambio por debajo de $28 para el comercio exterior, pierde reservas y mantiene altas tasas de interés que desalientan la actividad productiva y comercial…
– Creo que el Banco Central ha tomado una actitud diferente a partir del cambio de autoridades. Se ha pasado de un régimen en el que básicamente el único instrumento que había era vender dólares, hasta comienzos de mayo, a un régimen donde se usan todas las herramientas que tiene a su alcance. Yo diría que eso es parte de un aprendizaje de la parte política del Gobierno, claramente de la Jefatura de Gabinete, que tuvo que correrse después de la ignominiosa derrota que tuvo en el campo de batalla, entre enero y mayo de este año, después de la famosa conferencia de prensa del 28 de diciembre en la Casa Rosada, para recalibrar la meta de inflación y forzar al Banco Central a que bajara las tasas de interés.

La nueva gestión asume también con un mandato de estabilizar la situación macroeconómica, por lo menos el tipo de cambio, que no es lo mismo que dejarlo fijo. Para eso ha utilizado instrumentos de política monetaria mucho más agresivamente que la gestión anterior, por ejemplo ya está operando en el mercado de futuros de dólar, no sólo en el spot, en el mercado de contado.

El punto está en que los objetivos a los que se comprometió el Gobierno con el FMI, la gestión económica, en materia de inflación, aparecen como inconsistentes con los otros objetivos de bajar el déficit fiscal, porque son muy demandantes, muy exigentes. Estoy pensando en que la tasa de inflación va a pasar de una cota externa superior de 32% a fin de este año a 26% anual en junio de 2019; y si bien eso es factible, al mismo tiempo se sabe que un instrumento importante para bajar el déficit son los ajustes tarifarios, para que disminuya el gasto en subsidios. Y, además, se sabe que parte del ajuste real del gasto se produce con más inflación. Por tanto es probable que las metas sean demasiado exigentes, y eso sólo es compatible con atrasar el tipo de cambio.

– De ese modo no se genera el marco para el aumento de la competitividad cambiaria y cierre de la brecha del déficit de la cuenta corriente…
– Exacto. Lo que quiero decir es que la Argentina no está haciendo las reformas estructurales de fondo que se requieren para darle competitividad a la economía, que pueda llevar en 6 o 12 meses. ¿Está haciendo reformas?, sí, mencionaría en materia laboral la aplicación de la nueva Ley de ART que requiere que la mitad de las provincias que aún no adhirieron lo hagan; se han hecho pequeñas reformas tributarias que han permitido bajar impuestos sobre la nómina salarial, con mínimos no imponibles para las contribuciones patronales sobre los salarios más bajos; y otras reformas para facilitar la creación de actividades por parte de los nuevos emprendedores; y lo más importante, en última instancia, limitar el déficit fiscal porque eso evita que haya aumentos de impuestos, e incluso algunos han comenzado a bajar.

“La Argentina no está haciendo las reformas estructurales de fondo que se requieren para darle competitividad a la economía”

Pero el proceso para mejorar la competitividad es muy lento. Siguen habiendo los mismos problemas que había hace seis meses o un año atrás. Por lo tanto, en el corto plazo, la forma en que se protege a las empresas domésticas es con un tipo de cambio más alto; o las que ganan competitividad con el exterior.

Desde ese punto de vista, se debería entender que en una economía que tiene 30% de inflación al año, si el tipo de cambio de $27 o $28 le viene bien hoy, asumiendo de que se tiene una idea de por qué esos valores están bien, no hay que olvidarse que el Banco Central tuvo informes en marzo que decía que $20 era un muy buen tipo de cambio; recordemos lo que decían las minutas de la autoridad monetaria cuando la relación entre el peso y el dólar estaba en 17 a 1, que estaban en un muy buen nivel. Por lo tanto si ahora $28 está bien, habrá que admitir una secuencia de depreciación gradual del peso.

Por otra parte, no hay muchos instrumentos para hacer que el tipo de cambio se mantenga anclado, más allá de que no es bueno. Y lo peor que le puede pasar al Gobierno que llegue a agosto, antes de las elecciones, sin instrumentos para enfrentar un eventual momento crítico de corrida cambiaria como ocurrió entre fines de abril y mediados de mayo último. Por eso creo que el Banco Central debería ser más flexible en esta materia.

– Sobre todo porque se avecinan los meses en el que los sindicatos le van a pedir a las empresas que activen las cláusulas de revisión de las paritarias que se pactaron con una meta de inflación del 15% y ya en el primer semestre se superó esa variación. ¿Qué cabe esperar, que se compensen los desvíos con la inflación, o se acuerde un punto intermedio para no afectar la estabilidad del personal en plantas?
– Es difícil pensar que el ajuste fiscal se va a hacer pensando exclusivamente en una licuación salarial, porque eso dura algún tiempo. Es cierto que también hasta ahora en el ámbito empresario no se han aumentado los despidos pese a la recesión. Los datos del Ministerio de Trabajo hasta mayo muestran que la tasa de entrada se desplomó, pero también cayó la tasa de salida. Sin embargo, estudios privados, como el de Tendencias Económicas, muestran que han habido cesantías importantes en junio y en julio.

Por tanto, lo que vimos hasta mayo, y probablemente también en las estadísticas oficiales de junio, es que las empresas retienen empleos a la espera de que en algún momento se recupere la actividad económica, pero eso se puede hacer por seis meses .

– Las expectativas que entre los industriales recogió el Indec para el trimestre julio a septiembre dieron cuenta de un claro aumento de los despidos y de apreciable baja en las horas trabajadas, por esperado incremento de la capacidad ociosa en sus establecimientos…
– Lo que va a pasar seguramente, es que las empresas empiezan a ajustar la nómina. Eso hace que las presiones salariales disminuyan un poco. Desde este punto de vista, diría que el Banco Central va tener que estar atento a todo esto. Las presiones inflacionarias van a decrecer en algún momento en la medida en que se mantenga una fuerte recesión y los salarios no convaliden plenamente la suba de los precios. Y eso naturalmente va a ocurrir hasta fin de año.

Para 2019, será un poco diferente, porque con menores presiones inflacionarias, cualquier ajuste va a llevar a que los salarios, eventualmente en términos real, van a dejar de caer. Por otra parte, el Gobierno ya va a tener su problema con el ajuste las jubilaciones que van a empezar a subir en términos reales. Dicho todo esto, la autoridad monetaria va a tener que actuar mirando de reojo lo que pase en el mercado de trabajo, y probablemente deje correr un poco más el tipo de cambio, eso después de haber logrado un hecho fundamental de haberlo estabilizado previamente durante un período para dejar en claro que tenía poder de fuego .

De aquí en más la cuestión será si el Gobierno  puede cumplir con la meta fiscal; si puede completar las necesidades de financiamiento en el mercado doméstico de deuda voluntaria; cuán rápido podrá llegar al mercado de deuda internacional; y si puede mantener el nivel real del tipo de cambio. Es decir, son cuestiones macroeconómicas muy generales, no hay espacio para mucha discusión adicional; y cuán rápido podrá comenzar a bajar la tasa de interés.

Fotos: Martín Rosenzveig

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