Geir Jordet, un reconocido psicólogo danés que estudia el comportamiento de los futbolistas en el campo de juego, analizó en detalle la actuación de Emiliano Dibu Martínez durante la serie de penales entre Argentina y Francia en la final del Mundial Qatar 2022. En ese sentido, subrayó que el argentino “dominó” a los ejecutores franceses y “forzó los fallos” de Kingsley Coman, a quien le tapó el disparo, y Aurélien Tchouaméni, que desvió su remate.
Jordet, que es profesor de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte, psicólogo e investigador del rendimiento mental en el fútbol de élite, hizo una descripción paso a paso de los “trucos” que utilizó el portero en la tanda. En primer lugar, “se adueñó del área penal” mientras Hugo Lloris participaba del sorteo de rigor como capitán de su equipo. “Martínez caminó rápidamente hacia el área penal, esperando a que llegara Lloris, como si le estuviera dando la bienvenida a un visitante a su propia casa: ‘¡Estás en mi casa ahora!’”, planteó el experto.
Luego, Dibu le dio un apretón de manos a Lloris y también al primer lanzador de los galos, Kylian Mbappé. “Este es su estilo. Puede ser cálido y encantador al principio, lo que hace que las personas bajen la guardia, dejándolos más vulnerables para cuando ataque más tarde. Esta ambigüedad es en sí misma abusiva y es parte de su estrategia”, señaló Jordet, cuya área de estudio es el desempeño bajo presión, la toma de decisiones, el aprendizaje efectivo.

Al comienzo de la tanda, las interrupciones de Martínez fueron “silenciosas y sutiles”, lo cual según la mirada del psicólogo “es probablemente para conocer al árbitro y sentir dónde se dibuja la línea”. Luego, antes de la ejecución de Mbappé, el arquero instó al árbitro a revisar la colocación del balón y la autoridad accedió. Repitió la actitud antes del remate de Coman: “Martínez presionó un poco más, lo que obligó al árbitro a intervenir cortésmente”. El juez nuevamente verificó la ubicación de la pelota: “Ahí Martínez supo que dominaba el área penal y que podía ponerse a trabajar por completo”.
El arquero se arrojó sobre su derecha y le contuvo el disparo al atacante del Bayern Múnich, para luego festejar efusivamente dando tres saltos. Jordet apuntó que “los porteros rara vez celebran a lo grande después de parar un penal”, pero el del Aston Villa “es una excepción”.
“Las investigaciones muestran que las celebraciones grandes e intensas indican confianza, dominio y superioridad, lo que afecta positivamente a sus compañeros de equipo y negativamente a los oponentes”, apuntó.

Llegado el turno de Tchouaméni, “Martínez confiaba en lo que podía y no podía hacer y ya no era sutil: primero, simplemente se fue con la pelota, como si fuera suya. Mientras el árbitro y el francés esperaban, él se tomó su tiempo, a la vez que le pedía aliento a la afición argentina”.
“Luego, en lugar de entregarle el balón a Tchouaméni, lo tiró a un costado, obligando a su oponente a buscarlo. La falta de respeto es clara y obvia. Sin sanciones del árbitro. Esto les dice a todos quién está a cargo. Cuando Tchouaméni está listo, Martínez le dedicó una sonrisa de suficiencia”, continuó el análisis Jordet, que desde hace más de veinte años trabaja como consultor y asesor de clubes europeos. Ese penal resultó desviado.
El siguiente en patear para la Scaloneta fue Leandro Paredes. Para el psicólogo danés, el arquero albiceleste sabía en ese momento “que Lloris podría dejar de ser amable y usar los mismos juegos mentales” contra los jugadores argentinos. Por eso, “rápidamente agarró la pelota y se la entregó” al volante de la Juventus, sin darle la chance al portero francés de “copiar su último movimiento”.

El cuarto lanzador de Les Bleus fue Randal Kolo Muani. En este caso, “Martínez primero pareció comunicarse y hacer un gesto con alguien del banco de suplentes” de la Selección. Luego le dijo al rival varias veces que lo había estudiado, tratando de intimidarlo. En esta instancia, “la tarjeta amarilla es inevitable, pero demasiado tarde, Martínez básicamente ya ha ganado”, observó el especialista.
Finalmente, Argentina se impuso por 4-2 y se consagró campeón. Y Jordet concluyó su apreciación sobre Dibu: “Sus juegos mentales son impredecibles y calculados. Es el Maquiavelo del fútbol y ha estimulado a otros a copiarlo y crear contraataques en su contra. Con esta exhibición en el escenario más grande del mundo, tengo curiosidad por ver cómo evolucionará en el futuro”.
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