La pareja de Racing en el estadio Olímpico Metropolitano de Mérida, donde la Academia se impuso por 2 a 1 frente a Estudiantes en el debut del equipo de Sebastián Beccacece en la Copa Libertadores
La pareja de Racing en el estadio Olímpico Metropolitano de Mérida, donde la Academia se impuso por 2 a 1 frente a Estudiantes en el debut del equipo de Sebastián Beccacece en la Copa Libertadores

No traten de comprender este sentimiento; no sé cómo explicar lo que siento por vos... Por un minuto en la tribuna doy todo lo que tengo, por un minuto en la tribuna y ver a Racing campeón…

Con una canción en el corazón y la esperanza de ver al equipo de Sebastián Beccacece en la Copa Libertadores, Adrián Tevere (37) y Evelyn Saldaño (29) partieron rumbo a Venezuela, donde la Academia iniciaba su participación internacional contra Estudiantes de Mérida.

El plan era perfecto: observar el triunfo argentino en el debut copero y festejar la victoria en las paradisíacas playas del Caribe. Sin embargo, la inesperada propagación del coronavirus convirtió al viaje de los sueños en una pesadilla.

Las fotos sobre la arena blanca y el mar cálido forman parte de un pasado lejano. Hace más de dos semanas que la pareja quedó varada en San Antonio del Táchira, un pueblito que linda con Cúcuta, ya que su regreso a Buenos Aires estaba previsto desde Colombia. “Estamos acá desde el 16 de marzo, guardados en un hotel porque nos comunicaron que las fronteras van a seguir cerradas hasta el 30 de mayo”, explicó Adrián en diálogo con Infobae, y remarcó que la medida de Iván Duque Márquez se basó en “un problema político, porque la gente entra y sale del país sin que le sellen el pasaporte”. “Hay muchos venezolanos que van a trabajar a Cúcuta y vuelven a vivir a Táchira porque les conviene. Lo del coronavirus fue una excusa”, agregó.

La situación de los argentinos es crítica. Sólo les queda unos 120 dólares, suficiente para sobrevivir una semana. “Con la tarjeta de crédito sólo podemos pagar el hotel porque figura en Airbnb, pero el resto de los comercios no las aceptan. Pensé en salir a laburar, pero tampoco es una probabilidad porque la gente de acá trabaja todo el día por 7.000 pesos colombianos (2 dólares diarios)”, explicó el bonaerense, quien descartó también la variable de partir rumbo a Caracas, donde en abril comenzarán a salir algunos vuelos hacia Ezeiza: “Es un riesgo porque deberíamos tomar un bus clandestino que nos cobra 50 dólares a cada uno y nadie nos garantiza que podamos subirnos a un avión allá. La realidad es que no nos alcanza la plata”.

En su desesperación Evelyn se contactó con la Embajada y con Cancillería, pero las respuestas que recibieron del Estado no fueron las que esperaban. Las vacaciones de los fanáticos de Racing se transformaron en un calvario. Nunca se imaginaron que los goles de Zaracho y Reniero iban a convertirse en gritos ahogados por la desesperación. Ahora los hinchas de la Academia piden auxilio al Estado Nacional para poder regresar al país.

Adrián y Evelyn durante los días felices de sus vacaciones en Venezuela, antes de quedar varados y sin dinero
Adrián y Evelyn durante los días felices de sus vacaciones en Venezuela, antes de quedar varados y sin dinero

Las cosas fueron empeorando desde que comenzaron su aventura. “Cuando llegamos a Venezuela, las autoridades nos pidieron un soborno. Yo tengo una ideología socialista, pero cuando ves cómo funciona el sistema te das cuenta que no tiene nada que ver con lo que uno piensa”, reconoció Adrián. Los pedidos constantes de “colaboración” con la policía militarizada del lugar fue uno de los principales problemas con los que tuvieron que convivir durante su estadía. Los viajes clandestinos con empresas informales, la variación en los precios de los boletos (en algunos casos le duplicaban el valor de los tickets por ser turistas extranjeros) y el temor permanente de no llegar al destino deseado formaron parte de una experiencia desgarradora.

Últimamente pensamos en cruzar a Colombia por una de las tantas trochas que hay, pero nos arrepentimos de inmediato porque nos iban a deportar. Es increíble cómo hay mujeres con sus hijos que lo hacen todos los días. Pasan por el barro en unos caminos inaccesibles. Es muy peligroso”, confesó Tevere luego de ser testigo de las constantes irregularidades que se dan en el límite fronterizo entre Cúcuta y San Antonio del Táchira. “El tránsito de personas de forma ilegal sigue pasando. Tal vez un día vas a un comercio y ves que no tienen nada de mercadería, pero al rato volvés y de repente tienen las heladeras llenas. Es porque pasan de contrabando todos los productos”, detalló.

En plena cuarentena obligatoria por la disposición que impuso el régimen de Maduro, la pareja pasa los días encerrada en una habitación de hotel, intentando resolver su situación antes de que el dinero se agote por completo. Su conectividad con el exterior también es limitada porque los habituales cortes de luz (2 ó 3 diarios) les quitan la posibilidad de navegar por internet con frecuencia. Las calurosas jornadas cuando no se puede utilizar el aire acondicionado o el ventilador también atentan contra su estabilidad emocional. “Por suerte la dueña del hotel nos trata como a sus hijos y nos cocina. Si toda la sociedad reaccionaría así, tendríamos un mundo mucho más agradable”, reconoció Adrián.

Las restricciones incluso son más estrictas que en la Argentina. “Acá todos usan barbijo y hay días que no se puede salir a la calle por ninguna razón, ni siquiera al mercado. Además, ponen turnos para estar en la vía pública que dependen de la finalización del número de documento. Igualmente, por las trochas siguen circulando personas y ahí no hay ningún control sanitario”, describió Tevere.

El tiempo se agota para Adrián y Evelyn. Ellos son conscientes de la gravedad del problema que se avecina. Cuando se le terminen los 120 dólares que les quedan, estarán a la deriva. Salvo que algún funcionario reaccione y los rescate de las penumbras. Para ellos la mejor opción es cruzar hacia Colombia, donde tenían el pasaje de vuelta y pueden negociar con la compañía aérea un posible retorno. Están a 5 cuadras del puente fronterizo que en la actualidad se encuentra vallado. Las horas pasan y los recursos se terminan. Sus esperanzas se amparan en la espera del llamado de la Embajada o Cancillería. Ellos todavía confían en la Argentina. Los fanáticos de la Academia se ilusionan con regresar a Ituzaingó para que todo sea parte de una anécdota inolvidable.

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