Teo, víctima del régimen de Nicaragua, lidera la reconstrucción de vidas en el exilio

Tras huir de la represión del régimen nicaragüense, Teo y otras mujeres campesinas levantaron hogares, cultivos y una comunidad solidaria en Costa Rica, demostrando que el exilio puede ser un espacio de transformación y esperanza

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Ilustración en blanco y negro de dos mujeres adultas abrazándose, sobre un fondo que representa la bandera de Nicaragua con apariencia de tela cosida.
Teo reconstruyó su vida en Costa Rica, tras ser perseguida por el régimen de Nicaragua, y formó una red de apoyo junto a otras mujeres exiliadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historia de Teo expone el impacto directo de la represión del régimen de Nicaragua y el exilio forzado hacia Costa Rica. Según el informe “Cuidar la vida” del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), Teo forma parte de un grupo de defensoras, feministas y activistas que, tras participar en las protestas cívicas de 2018, debieron reconstruir una infraestructura comunitaria desde cero en otro país.

El régimen de Daniel Ortega utilizó la maternidad como mecanismo de tortura y control político: mujeres que participaron en las manifestaciones fueron cuestionadas y culpabilizadas por no cumplir con su rol materno.

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En el nuevo territorio, Teo enfrentó aislamiento y condiciones extremas. “Producto de la presión del exilio, yo tuve dos intentos de suicidio, primero porque venía muy mal de la violencia del gobierno a mi persona y porque la presión económica fue super difícil, y no sabía cómo funcionaban las cosas aquí [Costa Rica], en esta zona rural... tuve varias crisis que no fueron atendidas en el hospital, ahí me estigmatizaron como drogadicta y me sentía mal”.

Ilustración monocromática de mujer con expresión triste y brazos cruzados, frente a un médico que le señala con el dedo. Fondo de consultorio con gráficos.
Teo intentó quitarse la vida y fue tildada de “drogadicta” en Costa Rica tras escapar del régimen nicaragüense, pero logró reconstruir su vida y apoyar a otras mujeres exiliadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un renacer colectivo frente a la represión y el destierro

Teo fundó una organización para convertirse en una red de apoyo para las mujeres refugiadas. El grupo, ahora conformado por 14 mujeres, optó por el trabajo agrícola colectivo, logrando seguridad alimentaria y acceso a vivienda propia mediante la siembra de vegetales, tubérculos y la compra y crianza de ganado.

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La presión de tener hijos te hace crear tantas alternativas, como crear más soluciones que desafíos”, afirma Teo. “Al menos nosotras, el grupo de catorce mujeres campesinas, ya tenemos nuestras casas. Y ver a nuestros hijos que ahora bajan del autobús orgullosos de sus casas cuando vienen de la escuela, te alegra, te motiva, porque vas viendo que el esfuerzo va permitiendo cambios colectivos”, agregó.

La solidaridad no termina en el círculo inmediato. El grupo ha convertido sus hogares en espacios de acogida para otras personas desplazadas por el régimen. “Si alguien viene y no tiene dónde quedarse, ahora puede venir a dormir y comer a mi casa, al menos se quita un pesito de encima”, señaló Teo. Esta red de apoyo representa un contraste radical con la precariedad de quienes se exiliaron en 2018 y 2019.

Dibujo de tres mujeres campesinas en un campo. Una ara con azadón, otra planta brotes, y la tercera trabaja con azadón al fondo. Cielo nublado y árboles.
Las 14 mujeres campesinas exiliadas en Costa Rica organizaron trabajo agrícola colectivo para lograr seguridad alimentaria, vivienda propia e ingresos con siembras y ganado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vida diaria sigue marcada por la sobrecarga y el esfuerzo constante. Teo describe: “Tenemos ingresos con las vacas y las siembras que hacemos en las fincas, hemos intentado que algunas mujeres campesinas que están aquí cuiden de sus hijos y otros niños y niñas, pero se vuelve una sobrecarga para ellas, yo estoy entre los cuidados de mis hijas, los estudios universitarios y la organización y el trabajo que emprendimos y es una carga difícil, a veces me siento entre la espada y la pared... con muy poco tiempo y algunas sobrecargas, es difícil tener equilibrio y poder beneficiarnos todas”.

La experiencia de Teo y las catorce campesinas demuestra que la organización comunitaria y los cuidados mutuos funcionan como herramientas de resistencia y reconstrucción democrática. La crianza colectiva y el acompañamiento a quienes recién llegan al exilio se consolidan como prácticas de cuidado y defensa de la vida frente al desmantelamiento de las infraestructuras de apoyo en Nicaragua.

…antes era una chavala [joven] que luchaba por el cambio de mi comunidad, y mi país para que mis hermanas, y sobrinas tuvieran oportunidades, pero ahora mis hijas también me motivan a seguir trabajando por la democracia en Nicaragua, es por mí, pero también lo hago por todas”.

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