La difícil infancia de Ángel Correa

A sus 24 años, Ángel Correa es un futbolista consagrado. Debutó en San Lorenzo en 2012 y en dos años celebró el título de la Copa Libertadores. Sus grandes actuaciones le valieron una transferencia histórica al Atlético Madrid, donde lleva seis temporadas formando parte de una de las ligas más prestigiosas del mundo. También tuvo un pasado juvenil en la selección argentina, con varias convocatorias a la mayor.

Sin embargo, el camino que transitó en sus inicios no fue fácil. Tuvo una infancia muy humilde y peligrosa por el barrio donde nació (Barrio Las Flores, Rosario), y también dolorosa, porque además de padecer muchas necesidades junto a sus nueve hermanos, sufrió la muerte de su papá cuando tenía apenas diez años. “Cobraba un viático de mil pesos y eso lo usábamos como sueldo para toda la familia. Por eso, le estaré eternamente agradecido al Atlético, gracias al club mi familia y yo dejamos de ser pobres”, afirmó.

Ángel Correa y el día que le detectaron su problema en el corazón

De grande, sufrió un nuevo golpe que por poco no acabó con sus sueños de futbolista. Una anomalía en el corazón puso en jaque su transferencia al Colchonero. “Llegué a España a los 18 años con muchísima ilusión y ganas. Iba a conocer por primera vez otro país, nunca había salido de Argentina. Pero me sale que tengo una anomalía en el corazón, un tumor benigno en el ventrículo izquierdo”. Su caso fue expuesto en un congreso de cardiólogos que curiosamente había en Madrid. “Lo analizaron y dijeron que lo querían ver en Nueva York. Allá me dijeron que yo debía decidir si me operaba o no, pero que ellos no me aseguraban si mañana o pasado eso se me cortaba y me podía morir”.

En una entrevista brindada al programa español El Transistor, Ángel Correa hizo un repaso de su carrera deportiva y compartió dolorosas confesiones. A continuación, otras frases destacadas del delantero argentino.

SU HUMILDE INFANCIA, LOS PELIGROS DEL BARRIO EN DONDE NACIÓ Y SU MADRE “GUERRERA”

“Me ha tocado vivir desde pequeño muchísimas cosas. Algunas muy duras pero aquí estamos, esperando que todo salga bien...”

“El recuerdo más feliz de niño que tengo es cuando mi papá me acompañaba a jugar al baby. Tuve la suerte que hasta los 10 años me llevó él y cuando falleció me siguió acompañando mi padrino. Eso fue lo mejor, que me llevaba a todos los partidos y le decía a todos que iba a llegar a primera yo siendo un niño”.

En el Barrio Las Flores (Rosario) perdí a muchos amigos por alguna bala

“De pequeño me sacaron del barrio de Las Flores que es muy jodido; allí perdí a muchos amigos por alguna bala, por estar en un lugar donde no debían estar. Cuando era pequeño nunca tuve un juguete, a lo mejor alguna pelota, que la verdad que con ella éramos felices”.

"Los viáticos que recibía cuando mi padre murió yo se lo daba a mi madre. Era muy poco, sería mil pesos, y eso nos ayudaba para comer solamente una vez al día. Mi mamá me decía ‘yo no tengo hambre’ y era para que comamos nosotros un poquito cada uno. Pensaba, ‘qué raro, nunca tiene hambre mi mamá’. Y la veía delgadita, ella siempre tomaba su mate o matecocido. Cuando crecimos me terminé dando cuenta que era para que comamos nosotros”.

“Mi madre es una guerrera todos estamos orgullosos. Hace dos años que la tengo aquí y a cuatro de mis hermanos mas pequeños. El primer y segundo año que estuve acá la traía, porque quería sacarla del barrio humilde en el que vivíamos, pero ella venía y a los 10 días decía que extrañaba y se iba. Entonces me quedaba solo. Lo que más deseaba era que se quedara acá y conozca Madrid, España. Gracias al Atlético hoy tengo a toda mi familia viviendo aquí conmigo y eso no se paga con nada. Su cara de felicidad queda para siempre. Ahora le digo ‘comé, comé pescado, probá todo’. Nosotros siempre comíamos lo mismo, ahora que conoce más la cargo con eso".

SU PROBLEMA EN EL CORAZÓN Y LA REHABILITACIÓN

"Me habían dicho que era rápido el estudio del corazón y llevaban más de 40 minutos. Veía que los doctores iban y venían, me miraban, hablaban. ‘Algo raro hay’, pensaba yo. No estaba asustado ni nada, debe ser otra cosa pensaba y quería que terminara rápido. En su momento no entendía nada y pensé que debía ser otra cosa. Ahí quedó todo en pausa (la transferencia)”.

“En ese momento lo que más me dolía era no poder jugar la semifinal de la Copa Libertadores con San Lorenzo. Escuchaba eso y pensaba en el partido, no lo escuchaba al doctor ni a mi representante. Finalmente decidí que me operen lo más rápido posible para volver a jugar. Ni en películas había visto Nueva York, nunca había ido. Me operan a las dos semanas y luego volví a Madrid”.

“Cuando empieza la recuperación voy a ver la final de San Lorenzo con mis ex compañeros, que por suerte la ganan. Estuve 20 días con mi familia. Yo me había ido sano y volví con el corazón abierto, mi mamá no sabía nada. Le había dicho voy a hacerme una revisión médica y vengo en una semana. Luego me dijo que qué hacía en Nueva York y yo le respondí que había ido a pasear, no quería que se preocupara. Cuando me dicen desde el club que iban a sacar un comunicado junto con San Lorenzo de que me iban a operar del corazón tuve que avisarle”.

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