Víctor Antonio Legrotaglie, dueño de la zurda más exquisita de Mendoza (Foto: Agustín Moya)
Víctor Antonio Legrotaglie, dueño de la zurda más exquisita de Mendoza (Foto: Agustín Moya)

"¿Que por qué me dicen Patón? Es que calzo 42 y mirá el lomo que tengo. Era para que la pelota agarrara un buen chanfle. Y el apodo Calzoncillo me lo pusieron cuando se enteraron de que no usaba ropa interior para jugar. Y tampoco cuando usaba traje… Se me hacía más cómodo, era una costumbre". Así, sin tapujos, Víctor Legrotaglie charló con Infobae como si estuviera en la comodidad de su hogar. Es que en realidad, sentado en la platea del estadio de Gimnasia y Esgrima de Mendoza que lleva su nombre, se siente como en casa.

El Víctor, como se lo conoce popularmente, es la gran gloria del fútbol mendocino. Los más pibes retrucarán con nombres como los del Pity Martínez, Enzo Pérez o los hermanos Funes Mori, pero quienes pudieron verlo en cancha no dudan en señalarlo a él.

Fue dueño de una zurda deliciosa, un tirador de caños compulsivo, provocador e insolente con el balón. Recorrió toda su trayectoria y anecdotario, incluyendo las ofertas del Real Madrid e Inter de Milán que rechazó, el amistoso que jugó contra el Santos de Pelé y su estrecha relación con Nicolino Locche. ¿Más? Cuenta con un récord que seguramente Lionel Messi no pueda batir: registró 12 goles olímpicos.

“El Víctor” en la tapa de distintas ediciones de la revista El Gráfico
“El Víctor” en la tapa de distintas ediciones de la revista El Gráfico

A los 17 años debutó en la primera de Gimnasia y Esgrima, convirtiéndose rápidamente en uno de los futbolistas más destacados. Integró una recordada formación a la que llamaban Los Compadres, que contaba con el Bolita Sosa, el Polaco Torres y el Cachorro Aceituno como bastiones. Legrotaglie era el director de orquesta de esa escuadra que, según cuentan, tenía el tiki-tiki del Barcelona de Josep Guardiola.

Relatan los hinchas más fanáticos del Lobo que estuvieron presentes en cancha de Godoy Cruz en marzo del 64, el día del amistoso del Tomba contra el Santos de Pelé, que los brasileños no podían creer -ni detener- las combinaciones de El Víctor, quien había sido cedido para la ocasión, junto con Aliendro. Los visitantes se llevaron un 3-2 ajustado a favor y O Rei le echó el ojo al número 8.

"Pelé es un tipo fenomenal. Quizá se pensó que nos iban a hacer cinco goles pero nada que ver, fue muy parejo. El Negro es un jugador que no se puede comparar con nadie. Es preferible decir que fue un genio y no compararlo con Maradona y Messi. Son todos iguales", opina el Patón. Y se da el autopase para aportar detalles de su negativa rotunda al Cosmos en el que militaban Pelé y Beckenbauer.

Al Víctor también lo apodaban “Calzoncillo”
Al Víctor también lo apodaban “Calzoncillo”

El equipo norteamericano no fue el único que quiso llevárselo: "Me buscaron de todas partes. River, Boca, Inter de Milán y el Real Madrid, que vino con su presidente a decirme que tenía todo arreglado. Yo nunca me quise ir de acá, ganaba mucha guita y tenía todo, incluso a mi novia de los 11 años. No podía despegarme. De Gimnasia no me iba ni aunque me ofrecieran lo que quisiera". En los años 60 y 70, Legrotaglie era una de las grandes celebridades y se daba algunos gustos nocturnos. Según él, "había que disfrutarla también".

Y un integrante de su barra, vecino de su Las Heras natal, era el boxeador Nicolino Locche. Al Intocable no le gustaba el fútbol pero se rendía ante los firuletes de El Víctor. "Éramos amigos de muchos años. Yo también lo fui a ver a todos lados, incluso entrenaba y guanteaba con él. Era algo espectacular… ¿Sabés cómo me dejaba la cara? Y eso que apenas me tocaba", reconoce. Hasta llegó a viajar a Buenos Aires, Córdoba y otras provincias para observarlo arriba del ring.

Tres mendocinos de ley: el ciclista Ernesto “Negro” Contreras, Nicolino Locche y Víctor Legrotaglie en una producción de El Gráfico
Tres mendocinos de ley: el ciclista Ernesto “Negro” Contreras, Nicolino Locche y Víctor Legrotaglie en una producción de El Gráfico

Cuando daba sus primeros pasos, realizó una prueba en Independiente de Avellaneda, club del que se hizo hincha por su estilo futbolístico y paladar negro. Jugar en el Rojo quedó como cuenta pendiente, aunque en el momento en que le advirtieron que iba empezar en Reserva, armó las valijas y se volvió a Mendoza sin titubear. El único equipo porteño que consiguió convencerlo fue Chacarita, por medio de un préstamo con una alta opción de compra. A través de sus ojos, refleja su memoria: "Fue lo máximo, tan lindo… Increíble. Los hinchas me han llevado en andas. Pero extrañaba mucho y regresé".

Con el que Messi le convirtió al Liverpool en la ida de las semifinales de la Champions League, acumula 47 goles de tiro libre. Legrotaglie le lleva una buena diferencia: marcó 66 de esa forma. El mendocino tiene la misma cantidad que el brasileño Ronaldinho, uno más que el inglés David Beckham (65) y cuatro más que Maradona (62). Solo es superado por el brasileño Juninho Pernambucano (77) y Pelé (70).

"A los referí les decía 'tranquilo, vos contá los pasos de la barrera que este te lo dedico a vos'. Los jodía, era piola. Y después la enchufaba", saca pecho el zurdo, que afirma que disfrutaba más tirando caños que haciendo goles. Tenía debilidad por la estética.

Desde este lugar mira todos los partidos del “Lobo” mendocino: el estadio lleva su nombre (Agustín Moya)
Desde este lugar mira todos los partidos del “Lobo” mendocino: el estadio lleva su nombre (Agustín Moya)

La comba de su disparo era una daga al corazón del arco del oponente. No por nada también ostenta el récord de 12 goles olímpicos, marca que en Gimnasia buscan homologar oficialmente a través de la FIFA. "Ojalá esos goles sirvan para siempre. Messi hace de todas las formas posibles y tiene muchos récords, que este me lo deje a mí", le implora de Mendoza a Barcelona.

El cemento de las tribunas del estadio Víctor Antonio Legrotaglie fue testigo u oyó alguna vez alguna de sus historias que se transformarán en leyendas. Como la tarde en Tucumán en la que los hinchas de San Martín le tiraban naranjas y él empezó a bajarlas de pecho y devolverlas con el taco hasta cambiar insultos por aplausos. O como la noche en la que desafió a un compañero de equipo durante un partido de liga a darle un pelotazo a un fotógrafo que se ubicaba muy cerca del arco rival. O el baile que Gimnasia le pegó a San Lorenzo en el Viejo Gasómetro por el Nacional 71, con goleada 5-2 incluida, que llevó al árbitro a decirle en voz baja que no se iba a hacer responsable de las patadas que podían comenzar a volar.

“Desde los 17 años que jugué en Gimnasia, no pude cambiarlo por ningún otro equipo”, dice la máxima gloria del club mendocino (Agustín Moya)
“Desde los 17 años que jugué en Gimnasia, no pude cambiarlo por ningún otro equipo”, dice la máxima gloria del club mendocino (Agustín Moya)

Hoy, a los 81 años, El Maestro se ilusiona con ver en Primera División a su querido Lobo (esta noche disputará el pase a las semifinales del Reducido de la B Nacional ante Almagro), se deleita con Messi por televisión y acude a cada partido en la cancha que lleva su nombre. "Acá soy recontra feliz. Es mi lugar en el mundo. Donde siempre seré recordado". Su platea guardará por siempre su legado.

SEGUÍ LEYENDO