En el predio que River posee en Ezeiza y el Complejo Pedro Pompilio, las prácticas de los equipos transcurrían normalmente. El plantel conducido por Marcelo Gallardo se ejercitó a puertas cerradas y realizó trabajos tácticos. En Boca no quisieron ser menos y se entrenaron con la misma modalidad. Ambos apuntan a la final del sábado en el Monumental.

Y llamó la atención la presencia de algunos personajes extraños en los respectivos predios: emisarios de la Conmebol irrumpieron en el River Camp y en Casa Amarilla para someter a todos los futbolistas a controles antidopaje sorpresa.

Esta es una práctica habitual de los directivos del ente que rige al fútbol sudamericano a esta altura de los certámenes continentales. La Agencia Mundial Antidopaje recomienda que se lleven a cabo con frecuencia para que los espectáculos se desarrollen de forma transparente.

De hecho, lo mismo había sucedido en el Millonario el pasado 4 de julio, antes de disputar los octavos de final frente a Guaraní de Paraguay. Y para el Xeneize los controles "out competition" fueron previo a sus duelos con Cruzeiro por los cuartos.

Cabe recordar que en la edición pasada de la Libertadores, Lucas Martínez Quarta y Camilo Mayada dieron positivo en diferentes partidos de la fase de grupos de la Copa y fueron suspendidos por siete meses. El consumo de un diurético, sustancia prohibida reglamentariamente, fue el motivo de la sanción.

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