Pechera verde flúo. La 10 en el pantalón, el tranco corto pero inteligente que lo caracterizó en su etapa como futbolista. A los 42 años, Marcelo Gallardo volvió al fútbol. Lo hizo en un partido a beneficio en el club Laureles de su Merlo natal, a apenas 300 metros de su casa de la infancia. Y mostró varias muestras de su talento, como para que evalúe seriamente su inclusión en la formación de su River de cara a la segunda Superfinal de la Copa Libertadores ante Boca, pautada para el sábado 24 en el Monumental.

Camisetas de River, bombos con los coles del Millonario, el "Muñeeeco, Muñeeeco", como si estuviera en el Monumental. El director técnico de River se sintió como en su hogar mientras participó del evento, cuya   recaudación se destina al centro de detección de talentos de la institución, en el que se entrenan más de 100 chicos.

(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

Con ese objetivo, gente del club vendió rifas a 50 pesos. El premio no podía ser más tentador: 5 camisetas del hoy entrenador de uno de los finalistas del certamen internacional más importante del continente. Se recaudaron más de 150.000 pesos. Además, los presentes tuvieron la posibilidad de volver a ver al Gallardo enganche, el que brilló en Núñez, en el Mónaco y en la Selección.

El Muñeco se mezcló en los dos equipos de 5, entre los que hubo amigos y conocidos suyos del barrio de Merlo; uno de ellos, Javier Bustos, preparador físico del cuerpo técnico de Diego Cocca y uno de los dueños de Laureles Argentinos. También empresarios de la zona que pagaron 500 pesos cada uno para jugar con la figura.

En su mejor acción, construyó una pared desde el centro hacia la derechay  apareció como puntero para definir con una sutileza, picándole la pelota al arquero, que quedó desparramado. Luego, ensayó una volea estética que dio en la espalda de un rival, repartió una par de pisadas con su sello y, en otra jugada combinada, volvió a llegar a posición de gol, la bajó de pecho y remató, pero el portero logró contener.

Transcurridos unos 20 minutos de juego, se acabó la división de colores. Todos los que pisaron el césped fueron Gallardo: se enfundaron en una camiseta gris con imágenes del DT en el frente, la 10 en la espalda y la leyenda "Muñeco" debajo del dorsal. Y un mensaje en el pecho: "Transformando realidades". Con esa indumentaria se dispuso a jugar otros 20 minutos.

"Estoy emocionado. Siempre es especial para mí volver al barrio. ¡Gracias!", fueron sus palabras cuando se dirigió al público. Un buen gesto de Gallardo, que también firmó decenas de autógrafos, en la semana previa a un encuentro trascendental. Y un "amistoso" en el que demostró que el talento no se extingue con el paso del tiempo.

(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

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