
Es un western pero filmado en el Conurbano. Incluye robo de banderas, secuestros y heridos de bala. Todo ante la mirada atónita de una sociedad que vio escalar una guerra imparable en Lomas de Zamora.
La historia es increíble y pinta a la perfección el mundo barrabrava, ese donde vale todo. Hasta que un día y tras una intervención de la Agencia de Prevención en la Violencia en el Deporte (Aprevide), la Justicia actúa: esta madrugada fueron detenidos 5 de los máximos líderes de la barra de Temperley, mientras que un sexto está prófugo, acusados de ser protagonistas clave de esta historia. Otros 7 fueron allanados aunque su situación, hoy por hoy, es incierta.
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Es que desde 2016, cuando se declaró la guerra, hubo muertos, tentativas de homicidios y traiciones por doquier. Y quizá con esta reacción política y judicial, el barrio San José, corazón del mundo Celeste como le dicen a Temperley, recobre algo de paz.

Todo el raíd delictivo largó dos años atrás, cuando Víctor Rodríguez, alias el Payaso, salió de prisión y decidió que su nuevo lugar en el mundo para hacer negocios sería la tribuna del estadio Berlanguer.
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El Payaso también paraba en La Doce, barra de Boca, y con gente de allí se hizo fuerte. Desbanco a la histórica Banda de José a puro disparo y aterrorizó a Temperley durante unos cuantos meses, provocando entre otras cosas la renuncia de quien era su presidente, Hernán Lewin, quien se alejó denunciando que no podía hacer nada porque había complicidad policial con el nuevo jefe barra, acusado no sólo de negocios de cancha sino también de presuntos delitos comunes que se extendían por todo el Municipio.
Pero su reinado culminó cuando, tras dos enfrentamientos a balazos que terminaron con un muerto y varios heridos de bala, el Payaso junto a sus dos secuaces principales acabaron presos. Su grupo se hacía llamar Los Inmortales, pensando que jamás iban a perder.
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A partir de allí, la vieja barra asentada en el barrio San José y con gente de Rafael Calzada, volvió a su lugar con el Topo Aranda como líder. Le duró poquito: hubo dos nuevos tiroteos y el Topo también cayó detenido. Ese vacío intentó ser cubierto por las dos bandas, que dejó nuevos heridos de bala durante una guerra que duró cinco meses, hasta que la gente de San José se impuso y se decidió que el jefe sería, según la investigación judicial, Marcelo Hernandorena, alias Tripichio, junto a Nahuel P.
Sólo había un problema: el telón gigante de la barra más un bolsón con decenas de banderas lo tenían sus rivales, más precisamente -según se decía-, Héctor el Pipi Ovando, un ladero del Payaso Rodríguez. Y todos esos "trapos" terminaron en manos de la barra de Los Andes, que también tiene vinculación con La Doce. Dos más dos es cuatro, sumó la nueva jefatura de Temperley, acusó a Ovando de haber vendido las pertenencias Celestes al rival de toda la vida y resolvió a su manera: le prendieron fuego la casa, lo secuestraron y le pegaron balazos en las piernas.
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Y Ovando hizo algo fundamental y que lamentablemente no es muy común en el mundo barra: denunció todo.
Así, tras unos meses de investigación de la UFI 11 de Lomas de Zamora, el juzgado tres de garantías y el órgano de seguridad deportiva de Provincia, se tomó la determinación de cortar todo de cuajo: 10 allanamientos donde se secuestró muchísimas pertenencias adjudicadas a la barra de Temperley más armas y celulares, y que terminó con 5 detenidos (entre ellos Tripichio, aunque por la tarde la jueza decidió liberarlo junto a otro de los violentos, más allá de que quedó imputado), otros 8 barras en la mira, y la idea de que con decisión política y apoyo judicial, el flagelo barra se puede limitar y por qué no, algún día, terminar.
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