A los 22 minutos de juego, en el Estadio Brigadier General Estanislao López,
cayó la tercera bomba de estruendo sobre el césped mientras Colón empataba 0-0 con Vélez. El árbitro Andrés Merlos pitó, miró para los costados y dio la orden: el partido había llegado a su fin por culpa de los barras que seguían agrediendo a los futbolistas.

En menos de media hora de compromiso, desde las tribunas cayeron tres artefactos de pirotecnia. "Suspendido por falta de garantías", resumió el juez ante las cámaras de televisión tras ver el tercer estruendo bien cerca del arquero visitante César Rigamonti. Previamente, Merlos había avisado: "Una más y basta".

La primera bomba cayó a los 5 minutos de partido, en el sector derecho del área del futbolista del Fortín. La segunda, a los 12 minutos, fue la de más gravedad: explotó bien cerca de Rigamonti, quien quedó aturdido. Menos de 10 minutos más tarde, llegó la tercera y el final del encuentro.

"Es la sociedad en la que estamos. Lamentablemente se hace común y la verdad que es una vergüenza total. Tendría que ser una fiesta, un show, más allá del resultado. Es inentendible lo que hace la gente. No sé si habrá intereses o no. Es entendible la decisión que toma el árbitro, advirtió dos veces. Esto es inaceptable", señaló el propio Rigamonti al finalizar el duelo.

"No te esperas que pasen estas cosas. Era un partido tranquilo. Lamentablemente por los inadaptados que hay en la sociedad nos tenemos que ir. No sé hasta qué punto hay que llegar. Uno quiere cambiar las cosas y parece que nunca cambiar", sentenció.

"Esperemos que se tomen las medidas que se tenga que tomar y de una vez por todas se erradique esta locura que hay en el fútbol, que le llaman folclore y no tiene nada de folclore", culminó el portero de 31 años.

Seguí leyendo: