"El agotamiento del modelo de globalización neoliberal ha afectado los procesos de integración a nivel mundial y, entre ellos, ha golpeado fuertemente al Mercosur", afirma con contundencia Gustavo Marini, exdirector de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y actual decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de esa casa de estudios. El académico tampoco se muestra muy convencido con el acuerdo de libre comercio que acaban de suscribir el Mercosur y la Unión Europea: "No cierra como negocio global para la Argentina".

Marini lamenta la pérdida de impulso de la integración latinoamericana. Foto: Fernando Calzada.
Marini lamenta la pérdida de impulso de la integración latinoamericana. Foto: Fernando Calzada.

En conversación con DEF, en su despacho de la UNR en la Ciudad Universitaria de Rosario (CUR), Marini señala que "hay en el mundo un retroceso hacia las cuestiones nacionales", al tiempo que lamenta "la crisis y la pérdida de impulso de la integración en América Latina, no solo desde el punto de vista económico sino también político". Un ejemplo muy claro en este último sentido es, a su juicio, la parálisis de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) tras el abandono del bloque por parte de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay y Perú.

-¿No es contradictorio que, frente al gobierno de EE. UU., que vuelve a políticas proteccionistas, Argentina y Brasil se vuelquen tan decididamente a la apertura comercial y al libre comercio?
-Parece una contradicción que mientras el resto del mundo se decide a ir para un lado, nosotros estemos yendo para el lado contrario. Esta apertura tiene un costo en la medida en que se trata una apertura unilateral. En el caso de la Argentina, está afectando mucho el aparato productivo industrial. A Brasil, le está sucediendo lo mismo. Esta situación pone en un gran interrogante la supuesta eficiencia de esta apertura unilateral. Está claro que EE. UU. está tratando de equilibrar su déficit de cuenta corriente, y como ya no le alcanza con la remisión de utilidades financieras o productivas ni tampoco le alcanza con la exportación de materias primas o con lo poco que exporta en materia industrial, entonces, está recurriendo a un neoproteccionismo y desencadena estas "guerras comerciales" regionales con China, pero también con la Unión Europea, con México y con Canadá. La economía de EE. UU. funciona en base a endeudamiento: los déficits fiscal, de cuenta corriente, de las empresas y de las familias han generado una "bola" de endeudamiento que se está tornando infinanciable. Ya hubo una gran crisis en 2008 y nada hace prever que no pueda repetirse un escenario de crisis financiera en EE.UU., lo cual tiene en vilo al sistema financiero. Por ahora, las tasas de interés bajas y una cierta recuperación de la economía estadounidense dan un cierto respiro, pero el problema estructural sigue subyacente y no ha sido solucionado.

Bolsonaro y Macri coinciden en impulsar la apertura de sus economías. Foto: Archivo DEF.
Bolsonaro y Macri coinciden en impulsar la apertura de sus economías. Foto: Archivo DEF.

-En este contexto de "guerras comerciales", ¿cuánto afecta a la Argentina su dependencia comercial china?
-Esta supuesta dependencia que tiene la Argentina respecto de China no es tan determinante de la situación comercial de la Argentina. En realidad, afecta más la caída de los precios de las commodities que el cliente. La caída de los precios tiene que ver con cuestiones de oferta y demanda mundial. Las crisis de la Argentina no tienen que ver con causas comerciales sino financieras. Dentro de los aspectos financieros, las cuestiones del endeudamiento y de la exportación de capitales son centrales. Un país tan persistentemente exportador de capitales, que no puede siquiera captar su ahorro nacional, no tiene recursos para crecer, invertir ni desarrollarse. También es cierto que el problema financiero está muy vinculado a un problema político de gobernabilidad y confianza en la propia moneda. Las altas tasas de inflación y de interés afectan muy negativamente. Y el problema cultural que tienen los argentinos es recurrir al dólar como refugio de sus ahorros. Hay un exceso de dolarización de la economía, que no es bueno para un modelo de desarrollo nacional.

Argentina es un país exportador de capitales; al no tener la capacidad de captar su ahorro nacional, no tiene recursos para crecer, invertir ni desarrollarse.

-¿No comparte la afirmación de sectores liberales respecto de que la Argentina sería hoy uno de los países más cerrados del mundo en materia comercial?
– No me parece válido afirmar que Argentina sea uno de los países más cerrados del mundo. Si se analizan las tasas de protección efectiva y no las tasas nominales, esa afirmación es muy discutible. No creo que seamos mucho más proteccionistas que otros países del mundo. Niveles de protección hay en todo el mundo y un ejemplo es Europa con sus productos alimentarios. Dicho esto, yo creo que hay que promover la competitividad porque los mercados absolutamente cerrados no son positivos.

-¿Qué piensa de los modelos peruano y chileno, defendidos por quienes cuestionan el supuesto aislamiento argentino en materia de comercio exterior?
-Yo creo que el modelo chileno es realista, pero tiene que ver con su territorio, su población y su estructura productiva histórica. No son comparables. Dentro de la economía mundial, está claro que las reglas universales no funcionan. Es tal la complejidad de la economía y la diversidad de las estructuras y los componentes naturales, que la oferta y la demanda no funcionan igual en todo el mundo. Hay que tener un gran timing de la situación para ver hasta dónde es posible adoptar cierto tipo de políticas, hasta dónde producen beneficios y cuándo dejan de ser eficientes. Hay que medir la eficiencia de estos modelos de apertura en términos de resultados concretos. Finalmente, la economía se mide por sus resultados. Aferrarse a los dogmas, aun en contra de lo que indica la realidad, es muy peligroso en términos económicos porque suele producir malos resultados.

“Argentina no ha logrado un proceso de desarrollo sustentable en el largo plazo”, sostiene Marini. Foto: Fernando Calzada.
“Argentina no ha logrado un proceso de desarrollo sustentable en el largo plazo”, sostiene Marini. Foto: Fernando Calzada.

-¿Es sostenible un modelo de país basado únicamente en la agroexportación y en el prometedor boom de Vaca Muerta?
-El modelo agroexportador es muy limitado porque tampoco funciona el supuesto agregado de valor que tanto se proclama. Ahora se agregó el mito de la exportación de gas y petróleo de Vaca Muerta, que necesita más de una década para desarrollarse e inversiones millonarias. Eso solo no va a alcanzar. Argentina necesita un desarrollo industrial, y eso no se puede negar ni siquiera desde el neoliberalismo. La ausencia de dólares para el desarrollo tiene que ver con que Argentina es un gran exportador de ahorro y no tiene capitales para el desarrollo industrial. Antes se lo conocía como "restricción externa"; hoy es, más bien, una "restricción interna". Ahí la relación sector público-sector privado es muy importante, así como lo es la confianza de la población en la estabilidad de la moneda. Más allá de los gobiernos, Argentina no ha logrado un proceso de desarrollo sustentable en el largo plazo.

Es dramático que todo el ahorro nacional se convierta en dólares y se fugue. Así, para la Argentina no hay dinero ni financiamiento que alcance.

-¿Qué margen le quedaría a un futuro gobierno argentino, considerando los condicionamientos impuestos por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?
-El margen de maniobra es poco. Cuando me preguntan qué va a pasar en nuestro país teniendo en cuenta su relación con el FMI, yo respondo: "Miren a Grecia". Después de diez años de políticas de ajuste y negociaciones con el Fondo y el Banco Central Europeo, Grecia tiene entre un 15 y un 20 % menos de producto bruto, un nivel de salario mucho menor y sigue teniendo la misma deuda externa que tenía antes. Argentina estará obligada a buscar otros caminos. A nadie le conviene que Argentina entre en default. Ahora bien, así como están planteados los vencimientos, la ecuación no cierra financieramente. Está claro que lo menos que habrá que hacer es una renegociación de plazos. Aun así, si el resto que queda los argentinos lo van a convertir en dólares y lo van a remitir al exterior en forma de fuga de capitales, va a ser imposible encontrar una solución a la crisis. Es dramático que todo el ahorro nacional se convierta en dólares y se fugue. Así no hay dinero ni financiamiento que alcance.

*Agradecemos la colaboración de Hugo Bruera, Julio Casola y Alberto
Neirot para la concreción de esta entrevista en la ciudad de Rosario.