Foto: Fernando Calzada/DEF.
Foto: Fernando Calzada/DEF.

Juan Battaleme es especialista en defensa, política exterior y ciberseguridad. Actualmente dirige la Maestría en Defensa de la Universidad del CEMA y es profesor de Relaciones Internacionales en distintas universidades. Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado de la UCEMA, Magister en Relaciones Internacionales del FLACSO, en 2018 pasó por la célebre Singularity University, en Silicon Valley, donde tuvo la oportunidad de interiorizarse con tecnologías de punta y su aplicación para el campo militar y de la defensa.

En esta entrevista, cuya versión completa aparecerá en un libro sobre defensa hemisférica que publicará la Editorial Taeda a mediados de 2019, Battaleme compartió su análisis sobre la situación de la Región, donde, afirmó, se trasladan los clivajes principales del juego de las grandes potencias; y detalló las cinco hipótesis de conflicto que considera que la Argentina enfrentará en un futuro cercano.

En diálogo con DEF, también hizo un balance sobre la reforma de la defensa impulsada por el gobierno nacional en los últimos meses. "Si va a ser para seguir recortando, estamos fritos, tiene que permitir volver a tener músculo militar. Si implica continuar con el atrofiamiento, para el 2030 ya no tendremos más fuerza militar", vaticinó.

-Luego de décadas de hegemonía de EE. UU., algunos analistas hablan de un orden mundial en transición que da lugar a tensiones en distintos ámbitos entre EE. UU., China y Rusia. En ese contexto, ¿Podemos seguir esperando que América Latina se mantenga como un escenario de paz? ¿Se trasladarán a la Región esas tensiones que se esbozan a nivel global?
-Ya se trasladaron. En América Latina hay instaladas bases de grandes poderes. Si uno mira el mapa de la Región, observa que hay en las Guyanas una base militar francesa; en el Caribe, instalaciones militares europeas –en Belice una británica, en el Caribe, unidades navales británicas y en Curaçao y las Antillas Holandesas, hay centros de escucha–; hay acuerdos de uso de bases del tipo Forward Operation Location norteamericanas en Colombia y en Perú; hay una estación que es parte del complejo militar chino en la República Argentina, en Neuquén –algo que cambió la posición de Argentina–; en Chile, hay bases militares norteamericanas; en Malvinas, hay una base británica; Rusia reeditó un acuerdo de uso de infraestructura militar con Cuba… Y resta ver qué pasa en Venezuela, aún no se sabe, pero hay que decir que parte de la moneda de cambio de Maduro para sostenerse en el poder era instalar algún tipo de unidad militar rusa en Venezuela.
A eso, se agrega la dimensión estratégico-comercial, donde en la última década América Latina se cerró a determinados actores, pero estuvo abierta a hacer negocios con otros, como Rusia y China… Parte de la relación que China tiene con Argentina se construyó en la década pasada. Entonces, hay una doble dinámica, por la que efectos regionales impactan en las grandes potencias, pero al mismo tiempo, efectos de las grandes potencias se trasladan a la Región, es una correa de transmisión, es algo simultáneo.

-¿Puede dar algún ejemplo de esta dinámica?

-Toda tensión en el Asia-Pacífico, cada nuevo desarrollo que China genere en el campo espacial o con su estructura de misiles intercontinentales va a hacer que los norteamericanos miren hacia acá. Nosotros solos, por nuestra propia lógica, por nuestra propia vulnerabilidad, nos hemos puesto en el torbellino de la política internacional. Le doy otro ejemplo: Vaca Muerta es una bendición, pero, al mismo tiempo, tiene un componente de seguridad muy importante. Está atrayendo inversiones de EE. UU., China, Medio Oriente. Ese tipo de inversiones pueden traer asociados problemas de seguridad… Si Vaca Muerta atrae a Chevron, ¿qué pasa si alguien quiere atacar a Chevron, no en Medio Oriente sino acá?

Vaca Muerta, una bendición y una vulnerabilidad a la vez, según Battaleme. Foto: Archivo DEF.
Vaca Muerta, una bendición y una vulnerabilidad a la vez, según Battaleme. Foto: Archivo DEF.

-¿De qué otras maneras esto se traslada a la Argentina?
-En los próximos 25 años, los soldados argentinos podrán tener cinco tipos de enfrentamientos en los cuales Argentina va a perder sangre o tesoro. Uno es bien concreto, se trata de la destrucción de espacios territoriales de países vecinos producto de cataclismos, algo que pondrá presión sobre el amplio espacio territorial que tiene la Argentina.
El segundo es el rediseño del mapa de la Antártida. El mapa de la Antártida lo compartimos con Chile y con Gran Bretaña. Si el día de mañana se alían Gran Bretaña y Chile, nosotros quedamos débiles, la política de poder la van a ejercer ellos. Es lo mismo que pasa con el Atlántico Sur: todos hablan de la relevancia del Atlántico Sur, pero recién ahora este gobierno tomó la decisión de comprar cuatro patrulleras de alta mar. En los últimos 40 años no se habían comprado unidades navales 0 KM. En el gobierno anterior, como no teníamos el ARA Almirante Irizar, y no apuraban su reparación, se compraron a valor de ganga cuatro buques rusos polares que no son plenamente para funciones antárticas.
El tercer escenario es la depredación del espacio económico argentino. ¿Qué pasa si el día de mañana Gran Bretaña unilateralmente decide empezar con extracción petrolífera en su zona de exclusión? ¿Cómo vamos a lidiar con eso? Porque ahí, lo militar va a tener un rol, no tanto porque vaya a iniciarse una guerra, sino para hacer valer las posiciones. Esto es algo que ya está pasando con la depredación pesquera. En Argentina hablamos de los dólares del campo, pero ¿qué pasa con los dólares del mar? No pasa nada porque no los vemos.
El cuarto escenario es una operación de paz compleja. Posiblemente, en los próximos años Argentina vuelva a hacer operaciones de este tipo, con despliegues en entornos urbanos. Antes, las operaciones de paz eran al estilo de Chipre, y en realidad, el futuro está en operaciones como las de Haití, en entornos urbanos con guerrillas activas, posiblemente, como le sucede a Uruguay y a otros países desplegados en África, con una lógica en la que imponer el orden implica enfrentarse a distintos tipos de insurgencia. Tenemos que estar preparados para esto, lo que implica integrar una serie de tecnologías con el combatiente individual, algo en lo que me parece que Argentina no está pensando, como, por ejemplo, desarrollar a nivel de pelotón la integración del uso de drones, drones integrados con los teléfonos, etc.
El quinto componente importante es cómo vamos a proteger las comunicaciones del país, que es todo el escenario de ciberdefensa, aunque en realidad yo lo llamo "defensa digital", que es un concepto más amplio.

En Argentina hablamos de los dólares del campo, pero ¿qué pasa con los dólares del mar? No pasa nada porque no los vemos.

-¿Cuál es la diferencia entre ciberdefensa y defensa digital?
-Se piensa que ciberdefensa es todo, pero no es así. Las infraestructuras que la ciberdefensa involucra son las comunicaciones militares, la infraestructura militar propiamente dicha, la inteligencia militar, y después está la protección de las operaciones que la Argentina pudiera estar haciendo en el exterior. Por supuesto que hay además un componente ofensivo en la ciberdefensa, que es tratar de paralizar al enemigo, pero eso viene después. La defensa digital, en cambio, es toda la estructura digital del país. Porque cuando hay un incidente, Defensa tiene que hablar con las empresas privadas, con los responsables de la seguridad nacional, porque ¿y si el atacante fue un agente estatal? Cambia la respuesta. Pero acá se plantea desde lo ilógico, la defensa y la seguridad como compartimentos estancos, porque la ley así lo dice. Ya no va más eso. Hay que encontrar los vasos comunicantes y generar el marco normativo para que eso funcione, fluya.

Foto: Archivo DEF.
Foto: Archivo DEF.

-¿Qué opinión le merece la reciente reforma de la defensa impulsada por el gobierno? ¿Se está avanzando en esa dirección?
-Se están dando los primeros pasos. El Decreto 683/2018 fue un primer paso, que permite pensar todo esto que estamos hablando, algo que el Decreto 727/2006 no permite. El 683 genera el primer evento, uno muy concreto, el de decir "veamos qué está pasando con el mundo y alineemos los escasos recursos que damos a la defensa en función de ello". Pero hay mucha resistencia doméstica a eso. Hay dos tipos de resistencia. Una es la académica, con mucha gente que ha salido a criticar el 683/2018, y ha decidido perpetuar así el statu quo, lo único que cambian, a diferencia de su posición de hace otros años, es que reconocen que hace falta más plata para la defensa. Todos estamos de acuerdo con esto, pero, al perpetuar el 727/2006 perpetúan el modelo de agresión territorial estatal. Después hay una segunda resistencia, los políticos, que son quienes establecen las prioridades. Lógicamente, la defensa no es una prioridad para la Argentina. En un país con un 33 % de pobreza, la defensa va a ser un asunto marginal. Pero la pregunta es cuánto de eso no contribuye también a que la Argentina siga siendo un país pobre. Cuando tuvieron la oportunidad de reconstruir el complejo industrial militar, lo usaron para robar. Recién este gobierno logró reactivar la compra de los Pampa. No sé si es lo mejor, pero al menos hay un valor en impuestos que vuelve a los contribuyentes. Perdimos un submarino, y más allá de que la gente se rasga las vestiduras, la respuesta de la política es "no tendremos que tener fuerza de submarinos", lo cual es patético. Estos dos actores, académicos y políticos, han funcionado en sociedad.

Garantizar la presencia argentina en la Antártida, frente a los intereses chilenos y británicos, una de las hipótesis de conflicto esbozadas por Battaleme. Foto: Archivo DEF.
Garantizar la presencia argentina en la Antártida, frente a los intereses chilenos y británicos, una de las hipótesis de conflicto esbozadas por Battaleme. Foto: Archivo DEF.

-¿Cuáles eran las hipótesis de conflicto que se manejaban con el decreto anterior?
-El modelo de defensa defensiva, tal como lo planteaba el decreto 727, tiene un problema, que es que la defensa entraba en acción solo una vez que se consolidaba una agresión. Hoy por hoy, si un dron de los que usa EE. UU. para hacer inteligencia estratégica a nivel global, que pueden operar por 36 horas, se para arriba nuestro y quiere escuchar nuestra conversación, no lo podríamos derribar. Los que defienden el 727 defienden un fantoche, y han hecho de sus argumentos un fantoche, poco real. A nivel de la vecindad, por ejemplo, con el 727 no hay hipótesis de conflicto posible, porque trabaja solo con hipótesis de conflicto interestatal… Pero más allá de que todos seamos hermanos, yo veo cómo va cambiando el balance de poder regional. El ejemplo de la hermandad es malo, yo prefiero el de la sociedad. Los hermanos se pelean y mucho, cuando, por ejemplo, tienen que dividirse la casa. Es una mala idea pensarlo en esos términos. Lo que Argentina tiene que mantener es la lógica de sociedad: nosotros somos socios de Brasil, socios de Chile, y para ser socios tenemos que ser pares. Creo que lo que hay que definir es un modelo que siga las lógicas regionales. Este sector académico específico que yo mencionaba se ha dedicado a convalidar la destrucción del sistema y ahora le toca vivir con las consecuencias de ello.

En un país con un 33 % de pobreza, la defensa va a ser un asunto marginal. Pero la pregunta es cuánto de eso no contribuye también a que la Argentina siga siendo un país pobre

-¿Usted cree que la situación de crisis actual "se arregla con plata"?
-No, no es solo plata. Nos falta visión. Yo, por ejemplo, propongo las cinco hipótesis de conflicto que mencioné, aunque me critiquen.

El futuro de la guerra
-La forma de la guerra parece estar cambiando. Por un lado, se expande el uso de medios no militares, pero, por otro lado, las potencias se preparan para militarizar el espacio, con tecnología sofisticada. ¿Cómo conviven estos dos extremos?
-Existen las dos. Conviven. Hoy las fuerzas armadas realizan Full Spectrum Operations. Las hay con menos recursos y con más recursos. En este momento, hay una confluencia de tecnologías que generan disrupciones importantes, desde los sistemas de posicionamiento global, el refinamiento de las armas de láser y de las armas digitales, el armamentismo que hay en el mundo digital, y la capacidad para conectar, para mover el músculo militar. Cuando hablamos de conjuntez, hablamos precisamente de la capacidad que se tiene para comunicar y coordinar acciones. El ser humano no va a ser reemplazado en la guerra, el ser humano sigue siendo el centro, el ser humano no quiere moverse de la estructura de decisión, no quiere automatizarla, pero sí hay un montón de funciones en las cuales robots y drones potencian el accionar del ser humano.

Los drones, los nuevos protagonistas en el campo de batalla. Foto: Archivo DEF.
Los drones, los nuevos protagonistas en el campo de batalla. Foto: Archivo DEF.

-¿Y qué sucede con el otro extremo, con el de la guerra que podría trasladarse al espacio, por ejemplo?
-Lo que se llamaban "espacios comunes" hoy están cada vez más en disputa. La barrera de entrada al espacio marítimo, al aéreo, al ultraterrestre, hoy está más disputada. Este tipo de competencia demanda tecnología, solo la van a poder sostener los grandes poderes. En ese aspecto, Argentina va a ser tributaria militarmente de algún gran poder. Podrá estar conectada en varias grillas al mismo tiempo, pero si, por ejemplo, se conecta a la grilla china, la norteamericana va a tener sus roces, y viceversa, va a haber que moverse en una ecuación de interconexión inteligente. Es algo muy difícil. Hay un autor, Stephen Brooks, que habla de "producing security", es decir, de cómo la industria armamentística genera al mismo tiempo seguridad, porque enlaza a los socios en el complejo industrial militar, si querés pelear te tenés que pelear con tu socio. En América Latina también fallamos en esto. Argentina podría estar produciendo drones en estos momentos, podríamos unirnos con Israel y con Corea del Sur para producir drones. Nosotros tenemos el Lipán, toda una serie de drones que todavía no certificamos…

Los que defienden el decreto 727/2006 defienden un fantoche, y han hecho de sus argumentos un fantoche, poco real.

-¿Qué falta para avanzar en esto?
-Falta verlo, ver el negocio, porque ese mismo dron, con determinados aparatos, le sirve al agro, por ejemplo, a muchos otros sectores. Se podría unir con el complejo industrial, ya hay ejemplos de esto, o se puede enlazar al avión fumigador con el dron, por ejemplo, hay un montón de cosas que se pueden hacer que mejoran el punto de defensa. Lo que hay que hacer es buscar el socio. Perdemos tiempo en tratar de producir pura y exclusivamente el Pampa, no certificamos los drones, no sé por qué… Podríamos entrar en el mundo de drones armados si quisiéramos, si nos uniéramos con Israel, sin violar el MTCR (Missile Technology Control Regime), y podríamos empezar a pensar un componente central para la aviación del ejército, a nivel operacional, a nivel estratégico-operacional, como cazadores de tanques. Pero no hay nada, hay cero discusión respecto de esto.

-Si tuviera que diseñar una hoja de ruta para la reconversión tecnológica de las Fuerzas Armadas de la Argentina, ¿Cómo sería?
-El ARA San Juan demostró que nuestra Armada no tiene robots acuáticos. En medio de la locura, se pusieron a diseñar aviones, la Armada se puso a diseñar drones navales. ¿Para qué? Hay que dedicarse a los AUV (vehículos autónomos submarinos), que es un torpedo más grande. Hay capacidad para hacerlo. Habría que crear nuestro propio complejo militar industrial, habría que hablar con las facultades de Ciencias Exactas de todas las universidades y ver cuáles de los desarrollos robóticos de ellos pueden servir. ¡Qué bueno sería que Defensa hiciera un concurso al estilo del que hacen los americanos con DARPA! Que hagan un concurso con un fondo determinado para que las universidades desarrollen, no sé, un robot que saque bombas de escuadrones antibombas, para desarrollar sensores… Un equipo de científicos mendocinos desarrolló un sensor que va colocado en un dron para detectar la signature, la firma de calor humano, en nieve. Ahora, esos mendocinos están trabajando para el complejo industrial militar norteamericano.
Nosotros somos un país desarticulado en muchos aspectos. Defensa hoy es un cascarón vacío. Y no lo digo despectivamente, sino en el sentido de que tenemos a la gente haciendo lo posible por sostener una infraestructura que ya no se puede sostener y que durante 12 años se la pensó para un enemigo que no existe. Es buena la reforma en tanto y en cuanto obliga a pensar. Ahora, si la reforma va a ser para seguir recortando, estamos fritos, tiene que permitir volver a tener músculo militar. Si implica continuar con el atrofiamiento, para el 2030 ya no tendremos más fuerza militar, y eso va a avalar el modelo que dice que los políticos quieren una gendarmería ampliada. Reitero: la reforma debería contribuir a tener músculo militar, si es así, bienvenida sea, si no, estamos fritos.