Nacieron hace más de dos décadas y supieron construir un imperio a fuerza de balas y sangre. Los Monos se consolidaron como los reyes del negocio del narcotráfico en Rosario y llegaron a mover varios millones de dólares; sin embargo, a fines de septiembre pasado, vivieron un duro golpe: su actual líder fue condenado a 22 años de prisión.
EL ORIGEN DEL CLAN QUE SEMBRÓ TERROR EN ROSARIO
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A finales de la década del noventa, en Las Flores, uno de los barrios más pobres de todo Rosario, Máximo Ariel “El viejo” Cantero comenzó a escribir la historia de la banda: ya por ese tiempo, contaba con antecedentes de robos y delitos comunes, pero no fue hasta principios de este siglo cuando incursionó en el negocio de la droga junto a su concuñado Carlos Fernández, alias “El Mono Miguel”. Sin embargo, tras un evento que aún hoy sigue siendo confuso, Fernández perdió la vida y Cantero se convirtió en el jefe de la organización.
“El viejo” y el origen de su fama de temido criminal tuvo como piedra fundacional el asesinato de Fernando Corso, alias “El gordo Pel”, líder de Los Garompa. Por esos días, aquella banda se dedicaba a mexicanear el dinero de los narcos y mantenía una feroz disputa con Los Monos.
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Tras el brutal asesinato de Corso, crimen del que nunca hubo pruebas suficientes para condenarlo, Cantero se ganó el respeto de muchos en el mundo del hampa y varios son los que aseguran que contó con la ayuda de dos de sus hijos para consolidar los cimientos de la organización: Claudio Ariel “El pájaro” Cantero y Ariel Máximo “Guille” Cantero.
“El pájaro” y “Guille” fueron señalados en más de una oportunidad como los responsables de que Los Monos abandonaran los delitos menores para pasar a ser un eslabón clave en el negocio narco. A base de una logística minuciosa, de sicarios dispuestos a todo y de decenas de crímenes que contaron con complicidad policial, la organización delictiva se convirtió en la más temida y respetada de la ciudad.
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UNA MUERTE QUE GOLPEÓ DURAMENTE A LOS MONOS
Todo iba en franco ascenso y los oscuros negocios entregaban cada vez mejores dividendos. Sin embargo, los crímenes de los que los acusaban también aumentaban y eran cada vez más violentos.
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La madrugada del 26 de mayo de 2013 no fue un día más para Los Monos. “El pájaro” había sido acribillado a balazos en la puerta de un boliche de Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe, y tras la baja de quien fuera su principal jefe, el clima se puso áspero y se produjo una seguidilla de cuatro asesinatos a modo de venganza.

Todos esos crímenes le fueron atribuidos a Máximo “Guille” Cantero, quien el 21 de junio de 2013 se entregó a la policía local y, desde ese entonces, pasa sus días en prisión. En todo este tiempo, “Guille” pasó por diferentes cárceles federales –como las de Rawson y Marcos Paz– y se lo acusa de ejercer el liderazgo de la banda, a pesar de estar tras las rejas.
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Al momento de ser consultado por su profesión, Cantero respondió: “Trabajo de contratar sicarios para tirar tiros a los jueces”. Al día de hoy, Máximo Ariel acumula condenas por 84 años de prisión. De todos modos, el Código Penal establece que el tope máximo de unificación de penas es de 50 años en prisión.
EL RESTO DE LA BANDA
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Además del padre y dos de los hijos, otras dos personas fueron señaladas como miembros clave en la fundación y los movimientos de la banda. Uno es Ramón “Monchi” Machuca, un hijo adoptivo de la familia Cantero, que fue sindicado como el organizador principal de la venganza de la muerte del “Pájaro” y condenado en 2019 a 36 años y medio en prisión.

La otra es Celestina Contreras de Cantero, esposa del “Viejo” y madre del “Pájaro” y “Guille”. Celestina es la madre del clan y fue detenida en julio de 2017. En diciembre de 2018, y tras un fallo de la justicia federal, fue condenada por narcotráfico.
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Los Monos vivieron su época de máximo esplendor a principios de los 2000 y, luego, tras la muerte del “pájaro” todo comenzó a ponerse cuesta arriba. Una guerra entre los diferentes bandos se desató en las calles de Rosario, que en 2013 llevó a la ciudad a tener la tasa de asesinatos más alta del país: 22 homicidios por cada 100.000 habitantes. Hoy, la banda sufrió un duro golpe con la condena de su principal líder, pero las dudas sobre cómo seguirá todo siguen preocupando a las autoridades provinciales y nacionales.
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