Homero, escritor griego: “Nada es más dulce que el propio país”

Un viaje al corazón de la ”Odisea” a través de la confesión más humana del rey de Ítaca: cómo el poema que fundó la literatura de Occidente definió para siempre nuestra necesidad de pertenencia y el dolor del desarraigo

Guardar
Google icon
Homero Odisea
Homero: detalle de "La apoteosis de Homero", obra de Jean Auguste Dominique Ingres, 1827

¿Qué es lo que nos hace verdaderamente humanos? ¿La búsqueda ciega de la riqueza, la promesa de una comodidad eterna en tierras lejanas o el hilo invisible que nos ata al suelo donde nacimos y a los rostros que amamos? Hace casi tres milenios, un hombre que ha pasado diez años en una guerra sangrienta y otros diez desafiando a monstruos y tormentas dice: “Nada es más dulce que el propio país y los padres, aunque alguien habite una rica, opulenta morada en extraña región, sin estar con los suyos”.

Es el Canto IX de la Odisea de Homero. ¿Por qué esta frase precisa resume la revolución filosófica y humanista que dio origen a la literatura occidental? Para mensurar el impacto de estas palabras hay que entender el clímax dramático en el que son dichas. Odiseo (o Ulises, en su posterior herencia romana) acaba de llegar a la isla de los feacios desnudo, quebrado y arrastrado por el mar. El rey Alcínoo y la reina Arete lo acogen con los máximos honores de la hospitalidad antigua, sin saber quién es.

PUBLICIDAD

Tras escuchar a un músico cantar las tragedias de la guerra de Troya, el misterioso huésped rompe a llorar. Es ahí cuando confiesa su identidad: “Soy Odiseo, el hijo de Laertes”. Inmediatamente después de presentarse, el héroe evoca su patria: la pequeña, rocosa y áspera isla de Ítaca. Recuerda ante la corte que diosas de una belleza descomunal e inmortal lo retuvieron en sus palacios de ensueño, ofreciéndole lujos inimaginables e incluso la juventud eterna si aceptaba convertirse en sus esposos.

Imágenes de La Odisea, película de Christopher Nolan
Matt Damon en "La Odisea", película de Christopher Nolan

La frase es la respuesta madura y tajante a esas tentaciones divinas. Odiseo les explica a los feacios que ningún palacio de oro ni ninguna promesa de inmortalidad en una “extraña región” pudieron apagar el dolor de estar lejos de su esposa Penélope, de su hijo Telémaco y de la tierra de sus ancestros. Prefiere ser un mortal en su hogar que un dios en el exilio. Detrás de esta profunda cartografía del alma humana se recorta la figura de Homero. Pero, ¿quién era este enigmático y a la vez emblemático hombre?

PUBLICIDAD

La tradición clásica nos presenta al autor como un rapsoda ciego del siglo VIII a.C., nacido en la región de Jonia (la actual costa de Turquía), que recorría los pueblos recitando sus cantos. La filología contemporánea prefiere hablar de la “cuestión homérica”, teorizando que la Ilíada y la Odisea son el producto de generaciones de poetas orales cuyos versos fueron fijados por una sensibilidad artística superlativa. Más allá de los debates sobre su biografía, el sello de Homero es inconfundible.

Homero es el inventor del humanismo literario. Mientras que la literatura épica de civilizaciones más antiguas ponía el foco en la voluntad monolítica de los dioses o en reyes-dioses incuestionables, él decide bajar la mirada hacia la condición humana. Sus héroes no son perfectos; sufren, se equivocan, sienten nostalgia y tienen que tomar decisiones morales complejas frente a un destino hostil. Junto a la Ilíada, la Odisea constituye las columnas de Hércules sobre las que se edificó el pensamiento occidental.

Homero y la "Odisea"
"Odisea" de Homero, edición de Blackie Boocks del año 2021

Toda la narrativa posterior —desde la Eneida de Virgilio y la Divina comedia de Dante Alighieri, pasando por el Ulises de James Joyce— dialoga con las estructuras narrativas creadas en esta obra. Si la Ilíada es el poema de la fuerza, de la cólera brutal de Aquiles y de la muerte gloriosa en el campo de batalla, la Odisea es el cantar de la inteligencia, de la madurez y de la supervivencia. Es el libro que inventa el concepto del nóstos (el viaje de regreso al hogar), del cual deriva nostalgia.

Nostalgia, que etimológicamente significa “el dolor por el deseo de regresar”, es clave para pensar la patria, la tierra, la comunidad. La Odisea (que por estos días se está estrenando en el cine la adaptación de Christopher Nolan) transformó el viaje físico en una metáfora del crecimiento interior: volver a casa es recuperar la identidad perdida en el caos del mundo. De alguna forma, la frase analizada sintetiza todo el pensamiento de Homero porque define el triunfo de la escala humana sobre la divina.

De este modo, nos dice que la vida solo tiene un sentido real cuando está anclada a los lazos comunitarios, afectivos y familiares. El hogar (oikos) y la patria (polis) no son delimitaciones geográficas para Homero; son el espacio sagrado donde el hombre deja de ser una fiera errante y se convierte en un ser civilizado. Para el universo homérico, los dioses son caprichosos, inmortales y, a menudo, indiferentes al sufrimiento humano. Lo único que nos queda a los mortales ante un cosmos hostil es la dignidad.

Homero y la "Odisea"
"Homero y su lazarillo" (1874) de William-Adolphe Bouguereau

El verdadero heroísmo ya no consiste en morir bajo los muros de Troya cubierto de sangre enemiga, sino en soportarlo todo con tal de volver a sentarse bajo el “alto techo” de la casa paterna. La dignidad es nuestra resistencia y la lealtad a nuestras raíces. Casi tres milenios después, Homero, a través de su héroe, y su sentida confesión, nos sigue recordando desde el fondo de los tiempos que no existe riqueza, éxito ni palacio extranjero capaz de llenar el vacío de estar lejos de nuestra propia Ítaca.

¿Quién es Homero?

Homero es el nombre asignado al más célebre poeta y rapsoda de la Antigua Grecia, tradicionalmente considerado el autor de las dos obras cumbre de la épica occidental: la Ilíada y la Odisea. Aunque su existencia real está envuelta en el misterio de la llamada “cuestión homérica”, la tradición clásica lo sitúa viviendo alrededor del siglo VIII a.C. en la región de Jonia (en la actual Turquía). La iconografía antigua lo retrató siempre como un anciano ciego que recorría los pueblos memorizando y recitando cantos heroicos.

Al tratarse de una figura mítica, los datos exactos sobre su vida y su muerte pertenecen más a la leyenda que a la biografía comprobable. Textos de la antigüedad, como los atribuidos al historiador Heródoto, relatan que Homero falleció por una enfermedad en la isla de Ios, perteneciente al archipiélago de las Cícladas, supuestamente frustrado por no haber podido resolver un acertijo que unos jóvenes pescadores le habían planteado. Sus obras superaron el concepto de “clásicos”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD