Marco Aurelio, filósofo estoico: “Cuánto tiempo ahorra el que no se da la vuelta para ver lo que su vecino hace, dice o piensa”

El emperador romano y otras voces clave del estoicismo insistieron en la pérdida de energía que supone juzgar los comportamientos ajenos que no podemos controlar

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Estatua de Marco Aurelio ubicada en Roma (Italia).
Estatua de Marco Aurelio ubicada en Roma (Italia).

Nacida en la Atenas del siglo IV a. C. de la mano de Zenón de Citio, la filosofía estoica floreció en la Antigua Grecia como un arte práctico de vivir. Su principio fundamental fue la búsqueda de la ataraxia, palabra con la que se conoce la tranquilidad del ánimo. Los estoicos dividían el mundo en lo que podemos controlar y lo que no, invitándonos a centrar la energía interior en nuestras propias virtudes, acciones y pensamientos.

Para esta escuela, criticar o juzgar a los demás era un desperdicio inútil de energía vital que solo perturbaba la paz mental. Epicteto, uno de sus filósofos más conocidos, sintetizó esta postura de forma magistral: “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”. El foco debía permanecer siempre en la propia conducta y jamás en las faltas ajenas, ya que el relato de las cosas no siempre se corresponde con la realidad y con lo que podemos hacer con ella.

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Marco Aurelio fue otra de las voces estoicas que más reflexionó sobre este tema, todo lo cual quedó plasmado en sus famosas Meditaciones, donde grabó sus pensamientos más íntimos. Para este filósofo, que también llegó a ser emperador de Roma, vigilar la vida ajena era una distracción de nuestro deber ético principal. En sus palabras dejó escrito: “Cuánto tiempo ahorra el que no se da la vuelta para ver lo que su vecino hace, dice o piensa”.

Estatua de Marco Aurelio, emperador y filósofo romano.
Estatua de Marco Aurelio, emperador y filósofo romano.

El emperador que miró hacia su interior

Marco Aurelio gobernó la Roma imperial mientras batallaba contra epidemias y guerras, pero su mayor reto fue dominar su mente. Para él, dedicar tiempo a examinar la vida ajena nos resta la atención necesaria para cultivar la propia virtud. Cabría preguntarse, pues, qué habría dicho en una era dominada por las redes sociales, donde el cotilleo y la comparación constante anestesian e incluso socavan nuestro bienestar.

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El gobernante filósofo entendía que la tranquilidad mental exige una higiene atencional rigurosa frente a la conducta del prójimo. Por ello nos recordaba en sus escritos: “No malgastes la parte de vida que te queda en conjeturas sobre otros, a no ser que persigas un bien común”. Buscar la falla en el vecino nos aparta por completo del propio propósito y debilita nuestro carácter personal.

'Meditaciones', de Marco Aurelio. (Editorial Edaf)
'Meditaciones', de Marco Aurelio. (Editorial Edaf)

De hecho, la fascinación por el comportamiento ajeno solía interpretarse por Marco Aurelio como una fuga de las propias responsabilidades. Si nos pasamos el día juzgando las intenciones de los demás, incluso las de quienes peor nos caen, perdemos el dominio sobre nuestra conducta. Como bien advertía en otro pasaje de sus Meditaciones: “La mejor venganza es no volverse semejante al enemigo”. La verdadera libertad interior consiste en no dejarse arrastrar por las acciones ajenas.

El eco del estoicismo en el pensamiento moderno

La idea de no malgastar nuestra existencia en el juicio ajeno ha sido respaldada por muchos otros filósofos después de Marco Aurelio. El filósofo ilustrado Jean-Jacques Rousseau señalaba en Emilio: “El hombre sabio no busca en las miradas de los demás el testimonio de su propia dicha”. Ya en el siglo XX, el existencialista Jean-Paul Sartre resumía la tortura de vivir pendientes del juicio exterior con su una de sus frases más famosas: “El infierno son los otros”.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

En definitiva, la lección de Marco Aurelio trasciende las épocas y nos propone una tregua en tiempos de constante escrutinio social. Dejar de vigilar la vida del vecino puede ser un primer paso ideal si pretendemos proteger nuestro tiempo, así como preservar nuestra atención para las cosas verdaderamente importantes. Ya lo decían los estoicos: en un mundo saturado de opiniones, recuperar el control de la propia mente sigue siendo un acto de libertad primordial para poder tener una vida plena.

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