
Pedro Aznar sostuvo ante estudiantes de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) que “vivir en modo supervivencia” bloquea la creación y que, en el presente, esa lógica atraviesa la vida cotidiana al punto de volver más difícil la disponibilidad necesaria para hacer música. El compositor y multi-instrumentista lo dijo durante un encuentro académico en el Departamento de Artes Musicales y Sonoras de la UNA.
La conversación se extendió durante una hora y media en el Auditorio “Julio García Cánepa” del DAMus, en una actividad impulsada por la cátedra de Composición del maestro Gabriel Sananes, que también presentó el evento y subrayó el valor de estos cruces en la educación pública. El encuentro llevó por título Un trabajo casi honesto y recorrió, con eje en el oficio, temas como la inspiración, los métodos de trabajo, el análisis de obras del propio Aznar y los desafíos actuales para la difusión en un escenario marcado por la velocidad del consumo.
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Gabriel Senanes enmarcó la charla como parte de una dinámica de ida y vuelta propia de la universidad pública. “Esto sucede en un ámbito, la educación pública, que privilegia este tipo de encuentros”, afirmó el docente, y remató: “Esta es la Universidad Nacional de las Artes: las tres cosas están siendo jaqueadas”.
La idea de “trabajo” en la música
Pedro Aznar abrió con una escena reconocible para cualquier estudiante de artes: la pregunta social por la salida laboral. “Imagino que les habrá pasado, cuando eran chicas, chicos, que les habrán dicho más de una vez: ‘Qué lindo lo de la música pero, ¿de qué vas a trabajar?’”, planteó ante el auditorio. Desde ese punto, corrió el eje de la conversación hacia una idea de profesión que no agota la identidad. Señaló que suele instalarse la noción de que “nuestra profesión definiera nuestra vida” y que el mandato de “trabajar” se usa para “justificar nuestra existencia”, cuando, según él, el trabajo creativo excede el cumplimiento de funciones.
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Sobre el título Un trabajo casi honesto, explicó el juego de palabras y lo vinculó a lo que definió como exposición personal en el arte. “Por supuesto que es un chiste: todos acá conocemos la hermosa desnudez del alma que implica hacer arte”, dijo, y agregó: “Si definiéramos a la honestidad como esa desnudez, entonces es el trabajo más honesto que hay”.

Medios hegemónicos y la lógica del scrolling
En su lectura sobre el presente, Aznar sostuvo que la “profundidad” no es un privilegio, pero requiere condiciones que hoy son más difíciles de sostener. “Yo creo que la profundidad está abierta a todos y a todas, pero hay que encontrar la manera”, afirmó, antes de describir el marco que, según él, complejiza la práctica: un contexto “dominado por los medios hegemónicos” y la velocidad del scrolling.
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En esa misma línea, ubicó a los artistas en un rol de registro y lectura de época. Los definió como cronistas de su tiempo, comunicadores y observadores críticos, y vinculó esa tarea con la necesidad de sustraerse del movimiento permanente de lo cotidiano para acceder a un estado de calma útil para crear. “En el mundo en que vivimos hoy, pareciera que el modo supervivencia nos atraviesa todo el tiempo, y vivir en modo supervivencia no permite hacer arte”, sostuvo, al describir esa tensión entre urgencia diaria y disponibilidad creativa.¿
Tras la introducción, el músico dedicó alrededor de una hora a responder preguntas formuladas por estudiantes del DAMus. El intercambio se enfocó en práctica concreta y toma de decisiones en el trabajo creativo. Entre los disparadores que aparecieron en el auditorio, se mencionaron sus “rituales a la hora de componer”, cómo llegó al bajo fretless, consejos para desarrollar una composición “luego del puntapié inicial” y, en clave de presente, “cómo se hace para difundir una obra en estos tiempos”.
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Antes del cierre, Aznar compartió un texto de su autoría con el auditorio y terminó con un llamado a la acción sobre aquello que conmueve en el arte. “No siempre son las grandes proezas, los trabajos monumentales ni los desarrollos más admirables los que nos tocan el corazón”, leyó, y citó una frase atribuida a Picasso: “Me tomó 4 años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño”. Luego cerró: “Recuperarla es hoy una audacia más necesaria que nunca”.
[Fotos: Departamento de Artes Musicales y Sonoras/UNA]
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