
Roger Mantegani presenta Tender una mano en Casa Bolívar, una muestra construida sobre grandes papeles de escenografía intervenidos con carbonilla, collage y pintura, donde perros callejeros, cuerpos en la vereda y figuras anónimas trasladan al plano artístico una mirada sobre el desamparo urbano que, según el historiador y crítico de arte Julio Sánchez Baroni, entiende al arte como una forma de atención y reparación.
La exposición incluye grandes papeles verticales y frisos horizontales en los que “la escena respira y se expande”, según Sánchez Baroni, curador de la muestra. En ese conjunto, el soporte rústico no funciona solo como base material: la obra incorpora hojas vegetales, afiches arrancados de la vía pública y marcas de circulación cotidiana.
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Sánchez Baroni describió que en las piezas “hay plantillas de puntos que retornan obsesivamente; se distinguen elementos adheridos —hojas vegetales, afiches arrancados de la vía pública— como restos de una ciudad que se adhiere a la obra”. Esa presencia de residuos urbanos organiza una poética donde la ciudad no aparece como paisaje de fondo, sino como materia incorporada.

Mantegani “trabaja desde el caos”. Sobre papel rústico de escenografía, el artista mancha la superficie hasta que emerge una forma: perros callejeros, cuerpos detenidos en la vereda o presencias anónimas expuestas a la intemperie de la ciudad.
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El procedimiento prescinde de bocetos previos. Las imágenes nacen de aquello que impactó “en el corazón más que en la mirada”, una definición que desplaza el origen de la obra desde la observación descriptiva hacia una experiencia afectiva.
Los recorridos de Mantegani por Buenos Aires y Córdoba aparecen filtrados en cada pieza como restos de ciudad: afiches, hojas y huellas del paso cotidiano. La figuración se superpone al chorreado de pintura y la imagen visible se deshace para volver a aparecer sobre la superficie.
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La respuesta central que propone la muestra está en su propio eje: “Tender una mano” toma como asunto a los desamparados y a los indefensos, y los aborda sin denuncia explícita.
En esa lectura, la exposición también postula una función del arte frente a la fragilidad. El texto del curador afirma que, para quienes no pueden declarar quiénes son, el artista “les tiende una mano” y recuerda que, incluso en medio del caos, el arte puede actuar como herramienta de sanación.
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“Tender una mano”, de Roger Mantenani, en Casa Bolívar, Bolívar 663, CABA.
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