
Cuentista, poeta y ensayista, Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) se convirtió en una de las figuras centrales de la literatura mundial a través de una obra literaria en la que, como un bibliotecario universal, compartió a millones de lectores su pasión por la lectura. Reconocido por libros como Ficciones y El Aleph o ensayos como El escritor argentino y la tradición, en los que rompió las barreras geográficas de la literatura sudamericana en el mundo, también fue un encarnizado antiperonista, una posición derivada de su origen patricio y de la experiencia familiar durante el primer gobierno del presidente Juan Domingo Perón (1945-1955).
Literato precoz -desde los cuatro años sabía leer y escribir-, criado en un hogar bilingüe por su estirpe materna inglesa y director de la Biblioteca Nacional entre 1955 y 1973, muchos de sus cuentos fueron traducidos a múltiples idiomas, como ‘El Sur’, ‘La muerte y la brújula’ o ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’, todos ellos considerados clásicos.
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Borges creó a su alrededor un aura particular, ya que perdió progresivamente la visión a partir de la década de 1950 y eso impactó en su estilo, ya que hasta el final de su vida recurrió a sucesivos asistentes y a su compañera y heredera, María Kodama, quienes anotaban lo que él les dictaba mientras trabajaba los textos en su mente. Beatriz Sarlo resumió su figura en el libro Borges, un escritor en las orillas: “Si Balzac o Baudelaire, si Dickens o Jane Austen parecen inseparables de algo que se denomina ‘literatura francesa’ o ‘literatura inglesa’, Borges en cambio navega en la corriente universalista de la ‘literatura occidental”.
El doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires, Lucas Adur, dice que Borges fue “una especie de lector-bibliotecario, alguien que está todo el tiempo, generosamente, mostrando su biblioteca, lo que lleva a leer un montón de cosas que quizás los argentinos no hubiéramos leído si no fuera por él”. Adur, que publicó en 2025 Jorge Luis Borges: un destino literario, la más reciente biografía del escritor argentino, consideró: “Si te gusta la literatura, en algún momento vas a llegar a Borges. Es un autor tan intrínsecamente literario, que habla tanto de los placeres de la lectura, que esa experiencia también lo hace universal”.
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La influencia de su obra fue reconocida por novelistas como Orhan Pamuk o Salman Rushdie, también por intelectuales de la altura del italiano Umberto Eco, quien se inspiró en él para componer el personaje Jorge de Burgos en su célebre El nombre de la rosa, o Michel Foucault, que dedicó su libro Las palabras y las cosas a Borges a partir de la lectura del ensayo El idioma analítico de John Wilkins.
Borges y la política
Si bien en su juventud expresó su simpatía por la Unión Cívica Radical, en la mayor parte de su vida desdeñó su interés por la política, sobre la que mantuvo una posición conservadora y, ante todo, contraria al movimiento popular creado por el general Perón. “Los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles”, fue una de sus más célebres frases, teniendo en cuenta que con la llegada del primer gobierno de Perón su madre, Leonor Acevedo, fue arrestada durante algunos días por participar de una protesta callejera en 1948.
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En esa misma época, Borges fue cesado como director de una biblioteca municipal y reubicado en el cargo de “inspector de aves y conejos en los mercados”, según su propio relato. Tras el golpe de Estado contra Perón y la caída del general, en 1955, el nuevo gobierno de facto lo designó director de la Biblioteca Nacional, puesto que perdió con el regreso por la vía de las urnas de Perón al Ejecutivo, en 1974.
En una de sus últimas intervenciones públicas, el escritor relató su estupor y espanto sobre lo que escuchó cuando participó en una de las audiencias del juicio que en 1985 condenó a los jefes militares de la última dictadura de Argentina (1976-1983). “He asistido a una de las cosas más horrendas de mi vida. Siento que he salido del infierno”, escribió Jorge Luis Borges en un texto titulado ’22 de julio’.
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Fuente: EFE
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