
En la historia intelectual de Argentina hay nombres que funcionan como bisagras: figuras cuya trayectoria personal y obra literaria encarnan las tensiones de una época. Uno de esos nombres es el de Ernesto Sabato, cuya vida atravesó casi todo el siglo XX, desde el esplendor de la ciencia positivista hasta las catástrofes provocadas por los regímenes totalitarios, desde el auge de las grandes novelas existenciales hasta las luchas por los derechos humanos en la posdictadura. Su figura, a catorce años de su muerte, sigue suscitando lecturas, homenajes y controversias.
Sabato no fue un autor cómodo. Tampoco fue un intelectual predecible. Su vida estuvo marcada por una serie de virajes drásticos: del comunismo al desencanto, de la física nuclear a la literatura, del silencio introspectivo a la denuncia pública. Esos desplazamientos no obedecieron a modas ni a cálculos: fueron fruto de una sensibilidad aguda frente al dolor, la injusticia y los dilemas morales que signaron el siglo pasado. A diferencia de otros escritores de su generación, no se refugió en la torre de marfil de la literatura; más bien hizo de ella una trinchera desde la cual pensar el mal, la locura, el poder y la condición humana.
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Su voz, grave y afilada, no dejó de resonar incluso cuando las circunstancias lo empujaron a la marginalidad o al retiro. Su estilo, atravesado por la angustia, el misticismo y la desconfianza en el progreso lineal, resulta hoy más actual que nunca. En tiempos de crisis civilizatoria, su advertencia sobre el riesgo de una ciencia sin alma y de una sociedad sin compasión recupera un nuevo sentido.

Una vida entre la ciencia y la literatura
Nacido el 24 de junio de 1911 en Rojas, provincia de Buenos Aires, Ernesto Sabato fue el décimo hijo de una familia de inmigrantes italianos. Desde temprano mostró una inclinación hacia el estudio y el pensamiento crítico. Se graduó en Física en la Universidad Nacional de La Plata, donde llegó a obtener su doctorado y a dictar clases. En 1938 viajó a París con una beca para trabajar en el prestigioso Laboratorio Curie, especializado en radiaciones atómicas. Durante su estancia en Europa, tomó contacto con artistas del surrealismo y se produjo un quiebre interno que lo llevó a abandonar el camino científico.
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En sus propias palabras, la ciencia, lejos de ser una garantía de progreso, podía conducir al desastre si se divorciaba de la ética. Esta convicción marcó toda su producción ensayística posterior. En 1945 publicó Uno y el Universo, donde cuestionó el positivismo, la deshumanización del conocimiento y el uso destructivo de la tecnología. Este libro fue el inicio de una obra literaria que se mantuvo en tensión constante con su formación científica y su conciencia política.

Obras fundamentales
Su primera novela, El túnel (1948), se convirtió en un clásico inmediato. Escrita en clave existencialista y narrada en primera persona por un asesino, la novela explora la soledad, la incomunicación y la obsesión. El propio Albert Camus, figura central del existencialismo francés, se interesó por el libro y promovió su traducción al francés. A partir de entonces, Sabato quedó asociado a una corriente de pensamiento que cruzaba literatura, filosofía y psicología.
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En 1961 publicó Sobre héroes y tumbas, una novela más ambiciosa, coral y oscura, que retrata con crudeza la historia argentina, los vínculos familiares rotos, y las obsesiones paranoicas de un país que se desmorona. En 1974 aparecería Abaddón el exterminador, una obra que mezcla autoficción, alegoría apocalíptica y ensayo político. Con esta trilogía narrativa, Sabato se consagró como uno de los grandes escritores de habla hispana.
Pero no solo fue novelista. A lo largo de los años, publicó también ensayos como Hombres y engranajes (1951), Heterodoxia (1953) y El escritor y sus fantasmas (1963), en los que reflexionó sobre el arte, la ciencia, la ética y la escritura.
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Pensador comprometido
Más allá de su obra literaria, Sabato tuvo una intervención activa en la vida política del país. En 1956, durante el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu, escribió cartas abiertas criticando la censura y la represión. En plena dictadura militar, fue un opositor a los métodos del terrorismo de Estado. Tras el regreso de la democracia, en 1984, presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Bajo su dirección, se redactó el histórico Informe “Nunca Más”, que documentó los crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1982.
El informe no solo consolidó su lugar en la historia reciente de Argentina, sino que se convirtió en un símbolo internacional de memoria, justicia y reparación. Para Sabato, “la verdad era revolucionaria”, y esa convicción guió sus actos públicos.
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Seis datos curiosos sobre Ernesto Sabato
- Un nombre heredado tras una tragedia familiar: Sabato fue bautizado “Ernesto” en honor a un hermano mayor que murió poco antes de su nacimiento. Esta decisión, cargada de simbolismo, tuvo un impacto en su identidad personal y literaria.
- Una huida de Moscú que definió su destino: durante sus años de militancia comunista, fue enviado a una escuela leninista en la URSS. Pero en lugar de seguir el adoctrinamiento, escapó a París, donde escribió La fuente muda, una novela inédita y el germen de su vocación definitiva.
- Amistades surrealistas: en su estadía parisina, trabó amistad con figuras del surrealismo, como Benjamín Péret y Roberto Matta Echaurren. Este vínculo dejó una huella estética en sus primeros ensayos y en su visión onírica del arte.
- Una crisis existencial entre números y palabras: en los años 50, atravesó una profunda crisis al confrontar “el mundo claro y luminoso de las matemáticas” con el caos de la experiencia humana. De esa crisis nació un enfoque literario marcado por el dolor, el compromiso y la contradicción.
- Una voz en un disco histórico: en 1965 participó en el álbum Romance de la muerte de Juan Lavalle, donde recitó textos y escribió canciones que fueron musicalizadas por Eduardo Falú. Esta colaboración marcó uno de los pocos cruces entre su obra y la música popular.
- Una nominación al Nobel casi centenaria: en 2009, a los 98 años, la SGAE presentó su candidatura al Premio Nobel de Literatura. Aunque no lo recibió, el gesto fue un reconocimiento a una vida consagrada a la búsqueda de sentido a través de la palabra.

Últimos años y legado
En sus últimos años, afectado por la ceguera, Sabato se alejó de la escritura y se volcó a la pintura, pasión que cultivó con intensidad. En 1992 expuso 36 cuadros en el Centro Cultural de la Villa, en Madrid. En 1998 publicó Antes del fin, donde repasó su vida, sus temores y su esperanza en el ser humano. “He querido dejar testimonio de mi fe en la vida, a pesar de toda su tragedia”, escribió entonces.
Ernesto Sabato fue un intelectual incómodo, contradictorio y lúcido. Su obra interpela porque no ofrece respuestas fáciles: explora el mal, la locura, la culpa, el amor y la política con una mirada trágica, pero humanista. A 14 años de su muerte, su pensamiento sigue vigente en una sociedad que, como él denunció, muchas veces elige el silencio frente a lo intolerable.
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