En 1915, el director estadounidense D. W. Griffith cambió para siempre el cine con El nacimiento de una nación, una ambiciosa superproducción que definió las bases del lenguaje cinematográfico moderno. Sin embargo, su impacto técnico y narrativo estuvo inevitablemente acompañado de una controversia que persiste hasta nuestros días debido a su contenido abiertamente racista.
El comienzo del cine como arte
A principios del siglo XX, el cine aún conservaba una fuerte influencia del teatro, con escenografías estáticas y actores que exageraban sus movimientos para compensar la falta de diálogos. Griffith, con una visión innovadora, transformó la narrativa cinematográfica con recursos que hoy consideramos fundamentales: primeros planos, planos largos, fundidos en negro, flashbacks y el uso de rótulos explicativos.
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Si bien algunas de estas técnicas ya habían sido experimentadas por cineastas como Edwin S. Porter y Billy Bitzer (quien fue director de fotografía de Griffith), fue en El nacimiento de una nación donde se combinaron con un sentido dramático inédito, creando un estilo más dinámico y envolvente.

Además, la película destacó por su uso de grandes escenas de batalla, en las que miles de extras recrearon con realismo los combates de la Guerra de Secesión (1861-1865). Este enfoque visual épico abrió el camino a las futuras superproducciones de Hollywood.
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Una historia distorsionada de la Guerra Civil
Basada en la novela The Clansman de Thomas Dixon, la película narra la Guerra Civil y la posterior reconstrucción del Sur desde una perspectiva abiertamente sesgada. Griffith retrata a los afroamericanos liberados como una amenaza para la sociedad blanca y exalta al Ku Klux Klan como un grupo heroico que restaura el orden.

Esta representación generó indignación incluso en su época. El estreno, ocurrido el 8 de febrero de 1915, provocó protestas y boicots, especialmente por parte de la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People), que denunció la forma en que la película incitaba a la violencia racial. Pese a ello, la cinta fue un éxito arrollador en taquilla.
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Un fenómeno comercial
Cuando Griffith inició el rodaje el 4 de julio de 1914, tenía previsto un presupuesto de 40 mil dólares, pero los costos se dispararon hasta superar los 100 mil dólares, una cifra exorbitante para la época. Sin embargo, la inversión resultó rentable: la recaudación estimada alcanzó los 50 millones de dólares, un récord absoluto en la industria cinematográfica de aquel entonces.

Con una duración de 190 minutos, la película representó un reto logístico sin precedentes. La edición y el montaje se extendieron por tres meses, además de los ensayos previos. Griffith demostró que el cine podía no solo entretener, sino también generar un impacto emocional duradero en el espectador.
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David Wark Griffith: de la genialidad a la caída
Nacido en 1875 en Kentucky, Griffith fue un pionero que llevó el cine de una etapa experimental a una narrativa sofisticada. En su paso por la Biograph Company (1908-1913), desarrolló muchas de las técnicas que luego perfeccionó en El nacimiento de una nación. No obstante, su carrera estuvo marcada por su incapacidad para manejar las finanzas y los cambios en la industria.
Intentó redimirse con Intolerancia (1916), una obra monumental en la que intentó responder a las críticas recibidas por El nacimiento de una nación. La película, con cuatro historias entrelazadas sobre la injusticia a lo largo de la historia, no tuvo el mismo impacto comercial.
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Griffith también fue cofundador de United Artists en 1919, junto a Charlie Chaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford, con la intención de dar mayor libertad creativa a los cineastas. Sin embargo, su declive fue inevitable. En la década de 1930, quedó relegado de la industria y falleció en 1948 en el olvido, alejado de la gloria que alguna vez tuvo.
El legado de una obra controvertida
Más de un siglo después, El nacimiento de una nación sigue generando debate. Por un lado, es innegable su aporte al desarrollo del cine como arte narrativo, pero por otro, su mensaje racista y su influencia en la reactivación del Ku Klux Klan la convierten en una de las películas más problemáticas de la historia.
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En retrospectiva, la cinta de Griffith demuestra que el cine, desde sus inicios, no solo ha sido un medio de entretenimiento, sino también un reflejo de las tensiones políticas y sociales de su tiempo.
[Fotos: National Archive]
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