Recetas con la ayuda de la IA: la mirada de Flavia Pittella, la experta en libros que es cocinera

La periodista y chef dice que cocinar es como escribir y comer, como leer. Habló en la presentación de “Veintidós recetas de verano”, editado por Infobae Ediciones

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Presentación de Libros Flavia Pittella y Patricia Kolesnicov - Feria del Libro 2026
Pittella en la presentación de "Veintidós recetas de verano".

Flavia Pittella tiene una teoría: cocinar es como escribir y comer es como leer. “Si te pasaste de sal es incomible, si te sobraron cien páginas es ilegible”, dijo la periodista especializada en Libros, dueña y cocinera del restaurante Amorinda en la costa, en la Feria del Libro, donde se presentó Veintidós recetas de verano, el libro electrónico gratuito de Infobae Ediciones, la editorial digital de Infobae, hecho con la intervención de la inteligencia artificial y con idea y curación de la periodista Patricia Kolesnicov.

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Veintidós recetas de verano

Por Equipo Infobae Ediciones

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El recetario reúne platos económicos, opciones con carne, preparaciones vegetarianas y recetas para improvisar ante una visita inesperada. Hay desayunos, picadas, entradas y platos principales atravesados por una lógica veraniega: frescura, agilidad y disfrute. Algunos platos son sencillos; otros incorporan pequeños gestos —la elección de buenos ingredientes, el uso de hierbas frescas, combinaciones de texturas— que elevan lo cotidiano sin volverlo inaccesible. Entre las propuestas vegetarianas aparecen copas de ricota batida con miel, cítricos y frutos rojos, hummus de remolacha, ensaladas de estación y zapallitos rellenos de cuscús, queso feta y hierbas frescas.

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Los platos con carne, en cambio, apuestan por cocciones breves y acompañamientos frescos que dialogan con el calor y el ritmo del verano. Las imágenes del interior también fueron generadas con inteligencia artificial. Cada receta está explicada con tiempos estimados, rinde y sugerencias prácticas: una cocina posible, pensada para el uso cotidiano.

Ese libro, explicó Kolesnicov, precisó mucho trabajo humano, desde la elección de los capítulos hasta la confección de la lista de plato. Cada propuesta que generaba el sistema pasaba por su criterio: si era demasiado obvia, si los ingredientes eran difíciles de conseguir, si el resultado le parecía “medio tontuelo”. El diálogo con la herramienta fue literal: “De repente le pedía algo rápido y me decía: ‘Ensalada de tomate y cebolla’. Y no. Entonces me ponía algo con ingredientes imposibles. Entonces le dije: ‘No, algo que pueda conseguir en el chino’”. Así se construyó la selección final, que incluye platos económicos, opciones con carne, preparaciones vegetarianas y recetas para improvisar ante una visita inesperada.

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Para Pittella, que lleva veintisiete años al frente de Amorinda y dicta talleres de lectura, el proyecto tenía sentido por una razón concreta: hay tanta información sobre cocina circulando en Internet que confiarle esa tarea a la IA es razonable. El momento humano llega después: ir a la cocina, ejecutar la receta, servírsela a alguien. Y ese momento, por ahora, sigue siendo irreemplazable.

La hechura de las cosas

Pittella habló de su propia relación con la cocina con la misma precisión con que habla de literatura. Las harinas molidas a la piedra que busca en dietéticas, la pizza que dejó fermentar veinticuatro horas antes de venir a la feria, la obsesión por el pan de levado lento que la tuvo levantándose a las cinco de la mañana durante todo enero para medir levadura, agua y harina, llamar a un molino, volver a empezar. “La hechura de las cosas me gusta”, dijo, y trazó una línea directa entre pararse cuarenta y cinco minutos frente a un stand de libros y pensar cuánto huevo le pusieron a un helado. En ambos casos, lo que la atrae es el mismo impulso: entender cómo algo está hecho, qué decisiones lo construyen, qué hay detrás de lo que se ve o se prueba.

Presentación de Libros Flavia Pittella y Patricia Kolesnicov - Feria del Libro 2026
Flavia Pittella y Patricia Kolesnicov presentaron "Veintidós recetas de verano"

Esa curiosidad técnica convive con una visión que rechaza el snobismo gastronómico. Para Pittella, la cocina de autor y la milanesa con papas fritas no son categorías opuestas sino registros distintos de un mismo placer. Comparó los platos best seller con los libros best seller: hay una fabricación casi industrial detrás de algunos, pero eso no los invalida. “La persona que diga que no disfruta cada tanto de un buen McDonald’s no sé en qué piensa”, dijo. Y remató: lo que le molesta no es la simpleza sino la pretensión, el restaurante que “te vende que estás comiendo otra cosa que no sea comida”.

Veintisiete años de restaurante le dieron a Pittella un archivo de situaciones que ilustran, mejor que cualquier argumento, por qué la experiencia de comer excede siempre al plato. Contó la historia de una clienta que devolvió un tiramisú porque, según ella, no tenía mascarpone. Pittella salió de la cocina con el kilo de mascarpone que usaba, dispuesta a demostrar el error. La clienta admitió, finalmente, que nunca había comprado mascarpone en su vida. “Todos sentimos que podemos opinar”, dijo Pittella, sin ironía. Y agregó que eso está bien: la comida es uno de los pocos territorios donde la opinión no requiere credencial.

La nonna Amorinda y el tuco

La frontera entre lo técnico y lo sensorial fue el eje de buena parte de la conversación. Para Pittella, la cocina está ligada a los olores, al tacto, a la memoria involuntaria. Habló de su nonna Amorinda, de una sábana larga sobre una mesa que escondía ravioles, del olor a tuco que algunos días, al entrar a la cocina de Amorinda, la transporta sin aviso. “La comida es visceral, la comida es sensorial, la comida es familia o falta de familia”, dijo. Y citó a Bernard Shaw: “El más sincero de los amores es el amor a la comida”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Recetas de verano, la propuestas de un ebook gratuito.

Esa dimensión afectiva de la cocina apareció también en una anécdota del restaurante que Pittella contó casi al final de la charla. Una noche, una clienta lloraba en su mesa. Pittella se acercó a ver qué pasaba. Antes de que pudiera decir nada, la mujer levantó la vista. “Son los ravioles de mi nonna”, dijo. Para Pittella, esa escena resume lo que la cocina puede hacer: “Dar de comer es un gesto de amor, de los mejores gestos de amor que uno puede tener”.

La misma lógica aparece en gestos más cotidianos. Cuando alguien tiene un hijo, dijo, no importa si hay plata o no: se le dalo que hay, pero se le saca la parte perfecta de la papa, el pedacito sin mancha. No se trata solo de alimentar. Se trata de que coma rico, que coma bien, que crezca, que no se enferme. La comida como cuidado, como lenguaje, como forma de decir algo que las palabras no alcanzan a cubrir.

Leer y cocinar con el mismo verbo

La madre de Pittella revolvía el tuco con una mano y sostenía Ana Karenina con la otra. Era el único momento del día en que podía leer, antes de que existieran los audiolibros. Iba en colectivo desde su casa hasta La Plata, entraba a una compraventa de libros en Diagonal 80 con una bolsita de nailon blanco y volvía con una pila heterogénea: un Stephen King, un Corín Tellado, La montaña mágica. No había biblioteca en la casa porque no había plata para libros, pero había libros. Esa imagen —la mujer que devora géneros sin jerarquías, que mezcla terror con clásicos rusos sin que eso le quite el sueño— es también una declaración de principios sobre cómo Pittella entiende tanto la lectura como la cocina: sin snobismo, con apetito.

Presentación de Libros Flavia Pittella y Patricia Kolesnicov - Feria del Libro 2026
Flavia Pittella, la pasión por la cocina y por los libros.

La analogía entre ambas actividades no es para ella una metáfora decorativa sino una observación práctica. En sus talleres de lectura, dice, uno se encuentra con paladares muy diferentes. Cada persona digiere un libro de manera distinta, y el trabajo del tallerista es entender a qué remite esa digestión. La amargura de una novela cargada de tristeza es intragable para algunos y adictiva para otros, igual que el limón: para algunos es acidez insoportable, para otros es exactamente lo que buscan.

“Me lo devoré”, repitió Pittella. “Usamos la misma palabra”. No solo para los libros: también para los platos, para las series, para cualquier cosa que produce ese estado de absorción total en el que el tiempo se suspende. Que el lenguaje haya encontrado el mismo verbo para describir la experiencia de leer y la de comer no le parece casual. Le parece una pista.

La inteligencia artificial y el “por ahora”

La pregunta sobre qué puede y qué no puede hacer la inteligencia artificial atravesó toda la presentación, pero Pittella la respondió desde un lugar menos tecnológico que filosófico. Dijo que la IA ya produce literatura y arte que nadie distingue de lo humano, y que hay máquinas cuyos lanzamientos se están frenando porque que pueden a generar conflictos importantes. Por eso insiste en el “por ahora” cada vez que habla de lo que las máquinas no pueden hacer: el terreno se mueve rápido y no sabemos qué podrán mañana.

Su hipótesis, con todo, es optimista en un sentido específico. Lejos de volvernos autómatas, la presión tecnológica nos empuja hacia una humanidad más consciente de sí misma. El contacto físico, la mirada, los espacios de conversación donde se sabe que no hay máquinas: ahí es donde, según Pittella, va a ir todo el mundo a refugiarse. La música, la comida, el encuentro, la literatura como territorios donde lo humano todavía se reconoce a sí mismo.

La feria, dijo, es una prueba. Una de las ediciones con más visitas de la historia, con gente que camina con libros de papel en la mano. Lo mismo pasa con la cocina: la tecnología puede asistirla técnicamente —cuánto tiempo hervir un huevo para que quede poché, si la masa ya está suficientemente elevada para entrar al horno—, pero el resultado sigue siendo algo que alguien tiene que ir a hacer, oler, probar y servir. “Hay algo del orden de lo primitivo que asociamos a la comida que excede la alimentación”, dijo. Y eso, por ahora, ninguna máquina lo reemplaza.

(Fotos: Jaime Olivos)

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