Feria del Libro 2026: por qué los discursos políticos importan, pero menos que el millón que fue igual

¿Alguien se acuerda de la inauguración? La fuerza del evento se impuso. Sin embargo, hay algunas ideas para 2027...

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La Feria del Libro ya excede el ámbito editorial y se instala como el mayor encuentro cultural argentino
La Feria del Libro ya excede el ámbito editorial y se instala como el mayor encuentro cultural argentino

¿Alguien se acuerda todavía del acto de inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires? Aquella vez en que el secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, llegó a la Rural escoltado por un grupo de muchachos grandotes y se enojó cuando -como muchas veces ocurre en este evento- lo silbaron... y respondió. Fue hace menos de un mes, pero parece tan lejano. Ese recuerdo fue arrasado por el torbellino de la Feria. Récord de público con 1.340.000 personas, según declara la organización. Por algo fueron.

Un poco, esta Feria del Libro de Buenos Aires fue como suele ser la Feria del Libro de Buenos Aires y nos decepcionaría si fuera de otra manera: llena de gente, con personas que quedan afuera de la actividad por la que fueron porque no hay más lugar, con ruido, con una cantidad de libros que alegra y abruma, con escritores, escritores, escritores, con charlas, charlas, charlas, con políticos, con ofertas como la de que te escriban el nombre en coreano, con carritos de comida para instalarse al aire libre. Fue así y también fue el intento de cambiar algunas cosas. Era la edición número 50 y los números redondos, se sabe, son movilizantes.

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Las escritoras argentinas Gabriela Cabezón Cámara (i), Selva Almada (c) y Leila Guerriero participan en la inauguración de la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)
Las escritoras argentinas Gabriela Cabezón Cámara (i), Selva Almada (c) y Leila Guerriero participan en la inauguración de la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)

El impulso de cambio también tuvo que ver con lo que se venía modificando en la Fundación El Libro, esa entidad que organiza la Feria y que está compuesta por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), la Cámara Argentina del Libro (CAL), la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA), la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines (FALPA) y el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio. La Fundación venía de un enfrentamiento con el presidente Javier Milei en 2023 -suspendió la presentación de su libro, que ya estaba en marcha- y votó un cambio de rumbo al elegir, en 2024, un presidente que podría acercar posiciones. Fue Christian Rainone, de la editorial Guadal. Que este año demostró que no había llegado para que todo siguiera igual.

Después de lo que desde la Feria nombran como “ruido político” en la inauguración, en el Consejo de la Fundación El Libro voló la idea de planear una inauguración 2027 sin esos discursos. ¿Nada de secretarios de Cultura ni Jefes de Gobierno -este año estuvo Jorge Macri- en ese escenario que cada abril se vuelve uno de los más convocantes? ¿Ningún representante de esos gobiernos que aportan monetariamente a la Feria? Porque, hay que recordarlo, la Feria del Libro de Buenos Aires es un evento privado, armado entre muchos actores del sector, y se sustenta con las entradas, con la venta del espacio, con sponsors, con la participación de los gobiernos.

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Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
El Secretario de Cultura Leonardo Cifelli en la inauguración de la Feria del Libro: lo silbaron y se enojó.

La inauguración 2026 tuvo ya una innovación; en vez de un discurso a cargo de un escritor -algunos de los últimos tuvieron fuertes cargas políticas-, se decidió hacer una conversación entre tres escritoras: Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero. Más allá de que Cabezón llegó con una camisa con la frase “El agua vale más que todo”, en rechazo a la Ley de Glaciares y dijo que para comprar libros era fundamental subir los salarios, a pesar de que Almada dijo que “estamos en un tiempo en que la escuela pública está desmantelada, los sueldos de los docentes son miserables y todo eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños”, el formato le restó volumen crítico a la participación de quienes, en definitiva, proveen el insumo básico para esta feria: los escritores. ¿Se repetirá el año que viene? Por ahora, según fuentes cercanas a la organización, no se ha tocado el tema.

La Feria ha sido y es el momento político de la industria editorial. Tradicionalmente, se explicitaron allí los reclamos del sector. Pero, a medida que el peso de la Feria creció hasta volverse -lo es- el acontecimiento cultural más importante del país, la importancia política de su inauguración también se incrementó y ya no expresa sólo a los editores sino que es el lugar donde el mundo artístico e intelectual dice lo que piensa. Cifelli no es el primer secretario de Cultura abucheado: en 2018 el entonces ministro Pablo Avelluto no pudo hacer su discurso. Pero callar a esta parte fundamental del ADN argentino es como taparse los oídos y no hará que cambien sus opiniones.

A brillar

Dicho esto: la Feria 50 se propuso brillar y brilló. Ayudó la llegada de dos Premios Nobel de Literatura: el sudafricano John Coetzee y el chino Mo-Yan.

El primero presentó dos libros en el marco de la Feria, los dos con coautores argentinos. Don de lenguas, con Mariana Dimopulos -sobre qué hacemos cuando hablamos y la relación de poder entre una lengua y otra- y Un mal salvaje, con Fabián Martínez Siccardi, sobre los genocidios indígenas en el hemisferio sur. Incisivo, corto, cultísimo, inteligente, Coetzee se ablandó, sin embargo, con el calor de los lectores argentinos que lo rodearon... y hasta firmó un libro suyo en fotocopias, un objeto de piratería explícita.

El nobel John M. Coetzee dialogó con Mariana Dimópulos, entrevistados por Flavia Pittella
El público rodeó a J.M. Coetzee en la Feria del Libro: se aflojó.

A Mo-Yan lo conocemos menos. A pesar de que es el autor de Sorgo rojo -que llegó a estas tierras desde el cine-, no es fácil conseguir sus libros en el país. El escritor vino a la Argentina a partir de una gestión de Alejandro Vaccaro, ex presidente y actual secretario de Cultura de la Fundación El Libro, el hombre que confrontó con Javier Milei en 2022.

El autor fue entrevistado en la Feria por Vaccaro y Ezequiel Martínez, el director del evento. Y dejó declaraciones como que la literatura “difícilmente puede impedir una guerra o impulsar una revolución”. Dijo que su misión como escritor es hablar de la condición humana y sus emociones, no de lo que pasa día a día. Como vive en China, algunos se preguntaron si esta era una manera de no ser censurado. Le preguntaron por la libertad de expresión en su país y respondió: “Mi escritura es libre. Durante mi escritura nunca he encontrado barreras ni me han dicho que no puedo escribir esto. Los editores pueden dar opiniones sobre cuestiones de estilo o sugerir mayor claridad o belleza, pero nunca me han censurado temas”. Y sostuvo que “para un gran escritor no debe haber zona prohibida en su escritura”.

Arriba los celulares

Una de las innovaciones más visibles de la Feria del Libro 2026 fue la programación musical, curada por Ignacio Iraola. Se instaló carpa para más de 4.000 personas en la Pista Central, era ineludible.

Así llegaron, entre muchos otros, Fito Páez -en la inauguración, ¿se acuerdan?- una orquesta del Colón, Leo García, Richard Coleman, Iván Noble, Kumbia Queers, Los Raviolis y más.

Fito Páez, con gafas de sol y barba, sentado frente a un piano negro Yamaha, con una pantalla LED púrpura de fondo que muestra "50° FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO"
Fito Páez esetuvo varias veces en la Feria del Libro 2026, tocando y leyendo.

Se escuchó, se bailó y seguramente la carpa aportó a esa idea de que la Feria del Libro se ensancha y excede lo literario, además de que es razonable pensar que aportó público propio: la entrada -8.000 en la semana, 12.000 los sábados y domingos- resultaba barata para recitales, festivales, fiestas. Y así como la gente que fue a ver libros se quedó a ver música, la gente que fue a ver música anduvo entre los libros.

Queremos escuchar

La Feria es eso, los cientos de miles de libros y el millón y pico de personas pero también, mucho, las charlas y el mano a mano con los autores.

La programación cultural 2026 fue variada, fue robusta y en casi todas partes el público desbordó las salas: hay en esta ciudad, en este país, una avidez por escuchar y entender que no debería pasarse por alto.

Leonardo Padura presenta "Morir en la arena" en la Feria del Libro de Buenos Aires
Leonardo Padura, en un mano a mano franco en la Feria del Libro 2026.

El público que no pudo entrar siguió desde afuera, por ejemplo, al cubano Leonardo Padura, que presentaba su última novela, Morir en la arena. O el debate final de la Feria, sobre Inteligencia Artificial y qué nos queda de humanos. Pero también se agrupó para escuchar a Andrés Malamud y Astrid Pikielny, con un libro sobre las tensiones políticas en el país en las últimas décadas. Se quedó esperando en fila que le dieran un lugarcito para escuchar un ensayo de Fito Páez. Le lanzó toneladas de amor a Gabriel Rolón en el homenaje que le hicieron sus editores. Se rió y se emocionó con Jorge Fernández Díaz, que hizo un recorrido por su pasión literaria. Se reunió una vez a hablar de adaptaciones al formato audiovisual con Eduardo Sacheri, Ana Correa (por Belén) y el brasileño Marcelo Rubens Paiva.Y a seguir el mismo tema otro día, con Claudia Piñeiro, el director Miguel Cohan y Keka Halvorsen, de Netflix.

Hace tiempo que los jóvenes toman la Feria del Libro como un lugar propio.
Hace tiempo que los jóvenes toman la Feria del Libro como un lugar propio.

El público vio cómo Pacho O’ Donnell le donaba una colección de 300 libros de Historia a las Bibliotecas de la Ciudad y lo escucharon decir que Rosas murió en Londres porque allí lo llevaron secuestrado. Aplaudió a excombatientes de Malvinas. Peleó por una lugar para ver a Oriana Sabatini con Podría quedarme acá y algo parecido pasó con el consejero inmobiliario Bertrán Briones y su libro El método Briones. Aprendió sobre vanguardias en el stand de Perú, que decidió mostrar sus tradiciones pero sobre todo su modernidad. No se perdió a Arturo Pérez Reverte. Escuchó a Narda Lepes dar consejos en el stand de la CAF, el Banco de Desarrollo para América latina y el Caribe. Se quedó con el Tata Yofre mostrando lo que había encontrado en archivos y escrito en Los generales. Vio a Mempo Giardinelli hablar tranquilo en el stand de Portugal para, no sé, 20 personas, todas las sillas que había. Se metió a acompañar a Selva Almada en la presentación de Una casa sola, un libro delicado, sutil, exquisito.

Luchadores de Titanes en el Ring, incluyendo un diablo rojo y una momia, posan entre una multitud en la Feria del Libro por la noche
Miembros de Titanes en el Ring sorprendieron a los asistentes de la Feria del Libro con su aparición para promocionar sus próximos eventos.

No hay, aquí, una línea que separe la alta cultura de la que -¿quién dice- es la baja. Es una feria: todo mezclado, todos hablan juntos y hay mucho ruido. Eso quizás sea lo que produce esa sensación de potencia, ese “nosotros”, esa confusa felicidad de la Feria.

Uno de los últimos días una ¿horda? de chicas adolescentes se agolpaba en la entrada minutos antes de la apertura. Una mujer grande que también esperaba las miraba con cierta distancia y se sorprendió cuando les dieron paso y las chicas empezaron a correr por los pasillos. “¡Sin correr!“, les gritaban, con dudosa buena onda, los agentes de Seguridad. La mujer grande quiso saber adónde iban; las chicas ni se paraban a responder: tenían que llegar. Alguna, al pasar, gritó ”Firma". ¿Quién, quién? Otra, finalmente, respondió “Pacat”. La mujer, que es una antigua visitante de la Feria, se quedó helada: nunca había oído ese nombre. ¿Un Youtuber? Después googleó: era C.S. Pacat, una escritora australiana.

Es que hay otros mundos y muchos se encuentran en la Feria del Libro. Qué suerte tenemos.

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