
Un cuadro robado por los nazis, Retrato de una joven, pintado por Toon Kelder, ha emergido recientemente en la casa de una descendiente del general Hendrik Alexander Seyffardt, quien lideró la Legión de Voluntarios de Países Bajos, una unidad de las Waffen-SS en el frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial.
La confirmación de que la pintura permanecía en la familia provino de un pariente del militar, quien, ignorando su linaje, reveló la existencia de la obra a través de Arthur Brand, conocido como el “detective del arte”. El hallazgo reabre heridas del pasado y subraya la magnitud de las reclamaciones pendientes sobre arte robado por el régimen nazi.
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El familiar implicado, cuya identidad se mantiene bajo reserva por decisión de Brand, experimentó un doble sobresalto: al descubrir su parentesco con uno de los más notorios colaboracionistas neerlandeses con los nazis y al saber, además, que la obra pertenecía originariamente a la colección de Jacques Goudstikker. Este último figura como uno de los más reconocidos marchantes de arte de su tiempo en ámsterdam, cuya colección fue saqueada y adquirida en bloque, de manera coercitiva, por Hermann Goering, jefe de la fuerza aérea alemana.
La nieta de Seyffardt insistió en la imposibilidad de vender la pieza debido a su origen: “Ese cuadro no debe venderse jamás porque es arte judío saqueado, robado a Goudstikker. Es invendible. No se lo digas a nadie”, advirtió a su familiar tras descubrir en el marco una etiqueta con el nombre de Goudstikker.
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La pista definitiva sobre el destino del cuadro llegó cuando Arthur Brand confirmó que Retrato de una joven formó parte del lote expoliado y dirigido a Goering antes de pasar a subasta: “Unos meses antes había pasado a manos de Goering, así que esa subasta se considera arte expoliado”, precisó Brand a El País.
El 9 de octubre de 1940, la casa de subastas Frederik Muller de ámsterdam dispuso parte de la colección. Brand localizó tres obras de Kelder en dicho catálogo y verificó que una de ellas era la número 92, identificada con la marca en la parte trasera del lienzo hallado por los descendientes de Seyffardt.
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Los abogados representantes de los herederos de Goudstikker validaron la trazabilidad de la obra: “El número 92, escrito con tiza en el reverso de la obra, es una prueba más de que estuvo en la subasta”, indicaron a Brand, quien subrayó que “hemos visto ese tipo de inscripción en otras piezas incluidas en esa venta y que desde entonces han sido restituidas”.
El experto transmitió sus hallazgos al intermediario familiar, obteniendo como resultado la decisión de hacer pública la historia. La familia expresó una “profunda vergüenza por el pasado familiar y está furiosa por los años de silencio”.
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Advertido el carácter invendible del cuadro, la situación plantea límites legales evidentes. Las autoridades neerlandesas no pueden confiscar la obra, debido a que el caso ha prescrito, ni el Comité de Restitución del Gobierno tiene facultad alguna para ordenar registros o incautaciones en domicilios particulares, dado que solo puede actuar en litigios contra el Estado, según explicó Brand.
Una clave del laberinto familiar es que, tras el asesinato de Seyffardt en 1943 —fue tiroteado en su casa de Scheveningen, La Haya, por los resistentes Gerrit Kastein y Jan Verleun; ambos ejecutados luego por los nazis—, el cuadro pudo pasar a su hijo Hendrik, colaborador también con la ocupación alemana.
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Tras el divorcio de su esposa en 1944, ella cambió de apellido y el linaje arrastró el silencio sobre el pasado. Brand sostiene ante El País que “es posible que la exmujer de este último se lo llevara después de divorciarse, en 1944, porque ahora cuelga en la casa de una hija: la nieta del general que colaboró con los nazis”.
El caso de Retrato de una joven se suma a una lista de recuperaciones pendientes de la colección Goudstikker, una de las reclamaciones de arte nazi robado más voluminosas de Europa. En 2025, la pintura Retrato de una dama, atribuida a Giuseppe Vittore Ghislandi, apareció inesperadamente en una vivienda de Mar del Plata, Argentina.
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El cuadro fue localizado sobre un sofá tras aparecer en el anuncio de una inmobiliaria. Las autoridades argentinas actuaron de inmediato, y la familia entregó la pieza en septiembre de ese año. Llegó al país sudamericano por medio de Friedrich Kagdien, asesor financiero de Goering, quien tras la guerra huyó a Argentina y residió allí hasta su fallecimiento.
Brand, quien ha gestionado decenas de casos similares, describió la investigación de Retrato de una joven como “el caso más extraño” de su carrera. Recordó que “miles de jóvenes perdieron la vida bajo el mando de Seyffardt, y tras su asesinato, decenas de civiles inocentes perecieron en represalia”.
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Remarcó que, siquiera cuando la familia no tiene culpa directa de aquellos delitos, “tuvo la oportunidad de devolver el cuadro. Decidieron no hacerlo”, enfatizó el experto.
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