
En 1961, el filósofo francés Raymond Aron publicó La definición liberal de la libertad. Crítica de la obra de F. A. Hayek, un ensayo como una respuesta crítica a Los fundamentos de la libertad de Friedrich Hayek, un texto que hasta hoy representa un punto clave en la tradición liberal.
Friedrich August von Hayek (1899-1992) fue un economista y filósofo político austríaco-británico, conocido por su defensa del liberalismo clásico y su análisis de los sistemas económicos. Recibió el Premio Nobel de Economía en 1974.
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Sus ideas siguen siendo influyentes. El presidente argentino Javier Milei ha citado a Hayek como una de sus principales influencias intelectuales. Milei, defensor del liberalismo libertario, comparte con Hayek la visión de que la intervención estatal en la economía es perjudicial y que el libre mercado es el mecanismo más eficiente para asignar recursos. Ha incorporado ideas de Hayek en su discurso político, como la crítica al colectivismo y la promoción de una economía desregulada.
En el libro ― publicado ahora por Página Indómita, con traducción al español de Luis González Castro y con prólogo de Gwendal Châton―Aron cuestiona los límites del concepto de libertad propuesto por Hayek, a la vez que defiende la necesidad de priorizar las libertades políticas frente a una visión excesivamente economicista.
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Este intercambio entre ambos representa una de las discusiones más relevantes del siglo XX sobre la naturaleza y los alcances del ideal liberal, las contradicciones internas del liberalismo, y también la complejidad y los desafíos que supone definir un concepto tan amplio como “libertad”.
El uso y abuso de “libertad”

El término “libertad” es una de esas palabras que, a fuerza de ser repetidas y apropiadas por discursos diversos, perdieron gran parte de su precisión original.
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En la política contemporánea, ejemplos como Isabel Díaz Ayuso y Kamala Harris, defensoras de visiones políticas opuestas, ilustran cómo la misma palabra puede ser empleada para justificar posturas antagónicas. La polisemia, más que enriquecer el término, genera confusión y reduce su impacto como ideal político.
De forma similar, dentro de la tradición liberal, autores como Tocqueville, Rawls o Friedman fueron agrupados bajo la misma etiqueta, a pesar de sostener perspectivas filosóficas en ocasiones irreconciliables. Esto refleja la pluralidad del liberalismo, una corriente de pensamiento atravesada por tensiones internas sobre el significado y las prioridades del término “libertad”.
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La colisión entre Hayek y Aron

El punto de partida del análisis de Aron es elegante y estratégico: reconoce el valor de Los fundamentos de la libertad, pero lo desmonta desde una postura crítica.
Hayek, influenciado por Isaiah Berlin, definía la libertad como “ausencia de coerción” y priorizaba la economía sobre la política. En su visión, el Estado debía limitarse al máximo y adoptar un modelo cercano al Estado mínimo. Este enfoque consolidó una línea de pensamiento que Chaton define en el prólogo como “marxismo invertido”, en el que el mercado sustituye al proletariado como eje de transformación social.
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Por su parte, Aron defendía la primacía de las libertades políticas sobre la libertad económica. Para él, reducir el concepto de libertad a una cuestión exclusivamente económica era un error fundamental. Aron argumenta que no es posible utilizar la misma palabra para describir fenómenos tan distintos como “liberarse de la policía” y “liberarse del hambre”, subrayando la necesidad de matices al abordar cuestiones de libertad.

Aron inicia su crítica reconociendo el mérito intelectual de Hayek y destaca el valor de su obra como una contribución significativa al pensamiento liberal. En lugar de descalificar a Hayek, Aron utiliza su reconocimiento como punto de partida para demostrar las limitaciones de una visión excesivamente reduccionista de la libertad, lo que refuerza la profundidad de su análisis.
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La tensión entre Hayek y Aron simboliza una de las contradicciones más profundas del liberalismo: la relación y jerarquía entre derechos civiles y libertad económica. Mientras Hayek defendía la superioridad del mercado como garante de la libertad individual, Aron advertía contra los peligros de un reduccionismo economicista que podría socavar las bases democráticas.
Hoy, más de seis décadas después, estas tensiones siguen vigentes. En un mundo donde las crisis económicas, políticas y sociales exigen respuestas rápidas y complejas, el debate sobre la libertad no solo sigue siendo relevante, sino esencial. La reflexión de Aron, al destacar la centralidad de las libertades políticas, plantea una advertencia oportuna contra los peligros de una visión limitada que ignore las implicaciones humanas y sociales de priorizar exclusivamente la economía.
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[Fotos: Bettmann Archive, Grosby]
Fuente: El País
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