¿Harías cualquier cosa para salvar a tu familia? ¿Qué límites estarías dispuesto a cruzar para conseguir el dinero que te hace falta para salir de una larga lista de deudas agobiantes? Esas son algunas de las preguntas que se realiza Sergio, el protagonista de Descansar en paz. La cinta está inspirada en la obra literaria de Martín Baintrub y fue dirigida por Sebastián Borensztein.
Protagonizada por Joaquín Furriel, Griselda Siciliani y Gabriel Goity, la película que se estrena de Netflix narra la historia de un hombre acosado por deudas, que decide fingir su muerte tras sobrevivir al atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de julio de 1994. Al lograr escapar, inicia una nueva vida en Paraguay, mientras su familia lo considera muerto.
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En diálogo con Sebastián Borensztein expresó las diferencias y similitudes entre el libro y la adaptación cinematográfica, señalando ajustes en los personajes para generar una mayor empatía con el público. Adicionalmente, el director comentó sobre los recientes anuncios de reducciones al presupuesto de cine por parte del gobierno argentino, y manifestó preocupación por el futuro de la industria cinematográfica y la cultura argentina. Griselda Siciliani, por su parte, destacó el desafío y la gratificación de interpretar a su personaje bajo nuevas circunstancias.

—¿Cómo te llega la novela de Martín Baintrub? ¿Qué te llamó la atención?
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Sebastián Borensztein: —Lo leí y me gustó muchísimo la historia. Ahí apareció la idea de poder transformarla en algo audiovisual. Trabajamos dos guionistas en el proyecto: Marcos Osorio Vidal y yo. Él en una primera etapa y yo en una segunda. Cuando me voy a hacer cargo de la dirección de esta película, pido el permiso de retrabajar el guion en función de mi propia visión, de lo que quería hacer y de cuál era el punto de vista de esta historia. Lo cual significó una reescritura de muchas partes, algunos cambios estructurales basándonos en el gran trabajo que había hecho Marcos. Es imposible que a mí me llegue un guión y diga “esto lo voy a filmar tal cual”.
—A diferencia de tus películas anteriores, donde siempre hay algo de humor, este es un drama total, ¿lo sentiste como un desafío?
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SB: —Justamente eso me gustó mucho, porque nunca había transitado cierta oscuridad narrativa, nunca había trabajado en un drama sin ninguna posibilidad de agregar una pincelada de humor. Mis películas pueden tener drama, como en La odisea de los giles o Un cuento chino, donde personajes viven situaciones dramáticas, pero la mirada sobre todo eso siempre es mía y tiene que ver con el humor, no me puedo escapar de eso. En este caso no había ningún espacio para eso y me pareció muy bueno intentar un camino, en un registro que hasta este momento yo no había transitado.

—En tu caso Griselda, ¿qué cosa te llamó la atención del personaje?
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Griselda Siciliani: —Volviendo a la anterior pregunta, me acuerdo de que en el rodaje hacíamos el chiste sobre que si alguien ve una foto de nosotros dos filmando, siempre pensaría que vamos a hacer una comedia. Cuando me llegó el guion, fue un gran desafío hacer algo tan dramático y profundo. Ya tenía un porcentaje altísimo del sí, porque sabía que estaba Sebastián detrás del proyecto y también Kenya, lo producía. No había manera de que me negara, era toda gente que admiraba. Vi todas las películas de Sebastián, todas me gustaron, algo que casi nunca pasa. Todas las recuerdo verlas en el cine. Quería vivir esa experiencia, porque en un punto también se eligen así los trabajos, por vivir un pequeño tránsito de la vida y del oficio del actor eligiendo quiénes te van a acompañar.
Cuando ya tenés una edad, sabés que esas personas te van a influir en quién vas a ser como actriz en el próximo proyecto. No soy la misma actriz que antes de firmar con Sebastián y no era la misma actriz antes de filmar con González Iñárritu o con quién que fuera. Sabía que esa influencia de Sebastián tendría ese efecto en mí. Así que esa fue gran parte, te diría para ser muy honesta, de mi decisión. Con respecto al personaje, me parece bastante un regalo para una actriz. Tiene un recorrido muy especial, en el principio hay que meterse, arrancarse la piel y decir acá voy con la carne viva. Era un desafío de entrega.
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SB: —Ella lo hizo maravillosamente bien, es un registro muy difícil para una actriz, por más talentosa que sea. Una de las cosas que yo admiraba cuando veía el montaje de la película y en la finalización, era que Griselda tiene tres momentos de desahogo, de un llanto muy fuerte y en los tres son muy distintos. Tiene un registro perfecto, no tenía ninguna duda de que era capaz de eso, quería que lo hiciera.

—¿Qué buscaban con la elección de estos tres protagonistas?
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SB: —Cuando empezamos a trabajar en el proyecto no había nombres, lo que sí había era deseos de trabajar con las personas con las que finalmente trabajamos. Yo hace mucho que quiero trabajar con Griselda somos amigos y que hace mucho que quería trabajar con ella, con Joaquín me dice amigo ahora y también es un tipo con el que hace mucho tiempo busqué trabajar y con el Puma ya había participado en otras producciones y me encantó volver a repetir la experiencia. Es un tipo muy artero. La elección de los nombres para una película siempre es algo que uno debe hacer cuidadosamente, porque no hay marcha atrás, fue una gran elección sin ninguna duda. Nos dimos el gusto y contamos con unas interpretaciones realmente de primerísimo nivel, una entrega total de todos.
—¿Cómo fue la experiencia de coproducir y filmar en Paraguay?
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SB: —Fue fantástica. No conocía Paraguay, nunca había ido. Me encontré con un lugar de gente súper cálida, de brazos abiertos, donde le pusieron todo el corazón. Para ellos hacer esta película en coproducción, aportar todo lo que ellos tenían, fue un evento muy importante culturalmente, se sintieron muy tenidos en cuenta, muy anfitriones. Para mí, el paso por Paraguay fue lo que más me gustó como tránsito de rodaje de toda la película. Los momentos más lindos que pasé fueron allí. Lo que pueda faltarles de experiencia cinematográfica lo suplen con una garra, una potencia y una entrega única. Les voy a estar siempre agradecidos y tengo muchísimas ganas de volver y de repetir la experiencia con ellos.

—La película muestra un momento muy particular de crisis económica. Pensando en la realidad actual, ¿creés que se verá como un reflejo?
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SB: —Honestamente, creo que hay un espejo. En definitiva, somos un país de crisis recurrentes y en todas las crisis hay mucha gente que queda patas para arriba. Esta particularmente, es la crisis de los 90, la apertura violenta de las importaciones y el hecho de que montones de empresas y de comercios y de actividades se vieron perjudicadas y no se pudieron sostener. Pasó en el 2001, pasó en el Rodrigazo en los 70 y está pasando ahora con la crisis que estamos viviendo. Si bien es un hecho pasado, no se puede disociar del presente. Sin ninguna duda va a tener un eco y es un espejo en este presente.
—¿Cómo fueron recibidos en el Festival de Málaga?
SB: —Hicimos el estreno oficial mundial de Netflix en Málaga, en el Teatro Cervantes que es precioso, con muchas plateas, un teatro muy antiguo y muy pintoresco. Cuando terminó la función a sala llena, la gente se paró y aplaudió y ovacionó durante 15 minutos. Fue realmente una locura, muy emocionante y fue la comprobación de que más allá de que sí entiendan o no entiendan el contexto de la crisis económica de los 90, etcétera, acá lo importante es que lo que les llegó la cuestión humana de la historia. Es decir, un tipo acorralado por todas las deudas, remando en dulce de leche, habiendo hecho todo lo posible por sostener su empresa en un momento y por un accidente fortuito en su destino, decide aprovecharlo y pega un giro en lo que él cree es lo mejor para su familia.
En esa temática ya no importa de qué nacionalidad, es un ser humano enfrentado a una situación absolutamente de crisis terminal y se ve en la encrucijada de tomar una decisión mala o buena, porque eso es lo que interpela al espectador. Lo hubiera hecho igual, no lo hubiera hecho igual. Y sacrifica su propia existencia y vida por el bienestar de su familia. Es imposible que eso no tenga un eco universal o una empatía con cualquier público.
GS: —Fue impresionante el recibimiento y el aplauso en Málaga, porque es una película tan angustiante en un punto, tan dramática, que no esperábamos este recibimiento, no por la película que es buenísima, sino por la excitación que provocó. Nos descolocó también. La película es dura, esperábamos que se quedaran un momento en silencio, reflexionando, como le pasaría a uno en el cine. Pero era tan grande el agradecimiento que parecía un recital de rock.

—Este estreno coincide con una época muy difícil para el cine argentino, ¿cómo la están viviendo?
SB: —El cine argentino es importante por varias razones. Primero, porque es un tema de identidad, todos los países tienen cine, y segundo, es fundamental que la gente tenga claro que el cine argentino no debería costarle un peso del bolsillo a nadie, porque el cine argentino se financia con lo que el mismo cine produce, tanto por la venta de entradas o lo que los canales de televisión pagan al Enacom. Es un círculo virtuoso, muy rentable desde el punto de vista económico. Pero no hay que negar que fue bastardeado y enlodado durante tantos años de populismo donde se utilizó como caja política. Está pensado para ser un círculo virtuoso, a eso hay que volver y es crucial porque el cine argentino hace, como todas las actividades culturales, el acervo cultural del país y también mueve comercialmente un montón.
No hay festival de cine del planeta donde las películas argentinas no tengan presencia, ganando premios importantísimos. Además, la Argentina es un país receptor de servicios de producción, por qué viene gente de tantos países del mundo a filmar sus películas no argentinas acá. Porque hay una mano de obra especializada, única en toda Latinoamérica, que es rentable, que genera impuestos, que genera consumo. Es falsa la creencia de que el cine argentino es parasitario, porque no lo es, es muy virtuoso.
GS: —¿Por qué pensar el cine y la cultura en términos de resultado? Mejor pensarlo en términos más concretos. Si vos cerras una biblioteca en un pueblito alejado seguramente van a seguir existiendo los libros, yo voy a seguir leyendo, ya que tengo acceso a comprarlos, pero no todos van a poder seguir leyendo. Hay algo de eso que hay que tener en cuenta. Pensaba en la pandemia, cuando no sabíamos bien qué era el COVID, queríamos escuchar a los médicos, porque ellos eran los expertos.
Hay una confusión sobre cómo funcionan las cuestiones en el campo de la cultura, ya que cualquiera está opinando sobre el tema y estaría bueno escuchar a los que están en el campo de la cultura porque son los que conocen. No todos tenemos por qué conocer cómo funciona. Lo que explicó recién Seba de cómo funciona el cine no tiene por qué nadie saberlo, por eso estaría bueno escuchar a los que hace años trabajan en el tema para qué lo expliquen y no dejarse llevar por cualquier noticia maliciosa.
[Fotos: Alan Roskyn, Vicel Acosta / Netflix]
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