
La crisis por Gary Lineker en la que se ha visto envuelta la BBC este fin de semana ha sacado a la luz una polémica cada vez más enconada sobre la imparcialidad en la cadena británica financiada con fondos públicos.
El ex futbolista inglés se vio obligado a “retirarse” de sus funciones de presentador del programa estrella de la Premier League, Match of the Day, después de acusar en Twitter al Gobierno británico de utilizar retórica de la época nazi al anunciar su política de lucha contra la inmigración ilegal.
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Los ex jugadores ingleses Ian Wright y Alan Shearer se negaron a aparecer como comentaristas, seguidos por los comentaristas del programa y otros presentadores, diezmando la cobertura deportiva de la cadena durante el fin de semana.
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Aunque la crisis inmediata se resolvió el lunes, con el regreso de Lineker para el programa del sábado, la disputa sobre la imparcialidad sólo tiene visos de agravarse.
La confianza del público en la imparcialidad de la BBC es un factor clave para su supervivencia, que también se ve amenazada por la creciente popularidad del streaming entre los consumidores más jóvenes.
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El director general Tim Davie subrayó que “la imparcialidad es importante para la BBC” en las declaraciones en las que anunció el regreso de Lineker. “Se reconoce la confusión potencial causada por las zonas grises de la guía de medios sociales de la BBC que se introdujo en 2020″, añadió.
La BBC está especialmente expuesta al emergente mundo de las redes sociales, en el que los límites entre las numerosas funciones de la cadena y las vidas personales y profesionales de sus empleados son cada vez más difusos.
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Vínculos con los conservadores
Los detractores de Lineker afirman que la cadena le ha permitido utilizar la plataforma que le ofrece como imagen de su popular programa de fútbol para influir en cuestiones políticas polémicas.
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Pero sus partidarios acusan a la cadena de seguir el ejemplo de los políticos conservadores, señalando que el actual presidente de la BBC, Richard Sharp, facilitó una garantía de préstamo para el ex primer ministro Boris Johnson mientras solicitaba el puesto.
También cuestionaron los vínculos pasados del propio Davie con el partido conservador y la presencia en el consejo de la BBC de Robbie Gibb, que fue director de comunicación de Downing Street en el Gobierno de Theresa May.
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Las idas y venidas son sintomáticas del debate en curso, en el que ambos lados de la división política la acusan de parcialidad.
La situación de Sharp ha vuelto a poner de manifiesto la naturaleza política del proceso de nombramiento para presidir la BBC, la persona encargada de supervisar su estrategia general y de liderar el proceso de designación del director general, que es su redactor jefe.
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Su cercanía a los legisladores conservadores ha dado lugar a acusaciones de que la emisora tomó medidas drásticas contra Lineker por sus críticas al Gobierno.
Pero la polémica sobre el “amiguismo” en el nombramiento del presidente no es nada nuevo. Los conservadores se quejaron del nombramiento en 2001 de Gavyn Davies, un donante del partido laborista cuya esposa era secretaria privada del entonces ministro de Economía, Gordon Brown.
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Contrademandas
Sin embargo, la polémica se limitó en gran medida a los pasillos de Westminster hasta la decisiva votación de 2016 a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea.
Los partidarios del Brexit acusaron a la cadena de cobertura sesgada tras la votación, presentando una visión desequilibrada de las repercusiones de la salida de la UE.

Aunque los presentadores que no forman parte del equipo de noticias no están sujetos a las mismas normas estrictas sobre el uso de las redes sociales, los partidarios del Brexit también señalaron los frecuentes tuits anti-Brexit de los presentadores como indicio de parcialidad dentro de la organización.
Más recientemente, la presentadora de BBC News Martine Croxall fue apartada del aire por su cobertura de la retirada del ex primer ministro Boris Johnson de la carrera por el liderazgo conservador en octubre, en la que dijo: “¿Se me permite estar tan alegre? Pues yo sí”.
Por otro lado, los partidarios del Partido Laborista afirmaron que la organización era parcial contra su ex líder de extrema izquierda Jeremy Corbyn, y el propio Lineker tuiteó “Bin Corbyn” en 2017.
Los anti-Brexit también afirman que no hizo lo suficiente para cuestionar la desinformación en la campaña del “leave” en el período previo a la votación.
Con las divisiones en el Reino Unido cada vez más profundas y las redes sociales cada vez más influyentes, el reto de enhebrar la aguja para una de las emisoras más respetadas del mundo sigue siendo desalentador.
Fuente: AFP
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