
Cerca de mil personas se reunieron en la noche del jueves, en la nueva sala Sinpiso de la compañía de teatro físico Fuerza Bruta para el estreno mundial de Aven, la nueva propuesta del grupo que despliega una explosión de euforia en estado casi absoluto. El espectáculo, presentado en la nueva sala del grupo localizada en el predio del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Airees (GEBA), en el barrio porteño de Palermo, sucede a Wayra, con el que la compañía se hizo un nombre a nivel internacional y que viene girando hace más de 15 años con temporadas y presentaciones en Nueva York, Londres, Tokyo, Moscú, Seúl, Río de Janeiro, entre otras ciudades, además de un tour asiático y giras mundiales.

El grupo dirigido artísticamente por Diqui James y con música y diseño sonoro de Gaby Kerpel vuelve en este show a la destreza, el rigor y el despliegue físico, administrando en forma precisa los momentos de impacto y creando una atmósfera que, cada vez más, se acerca al ritual explosivo del cuerpo. Aven –palabra inventada para hacer alusión a la aventura y el paraíso– de a momentos es una inmensa rave ritual comandada por las actrices, actores, bailarinas y bailarines pero en la que el público está inmerso y participa como protagonista.
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La siempre asombrosa ingeniería espacial de la compañía y la perfección técnica en juegos fluctuantes de rieles, poleas, arneses y guías logran desafiar las leyes de gravedad y proponen impactantes acrobacias aéreas que se materializan en números, a veces más conceptuales y alegóricos y otros de incansable despliegue físico, furia y excitación.
A diferencia de su impactante y logrado espectáculo para el Desfile del Bicentenario, con mayor carga dramática y pensado para ser visto desde afuera, Aven vuelve al ritual inmersivo, al efecto narcótico de la fiesta, a la explosión manifiesta y material de los cuerpos reunidos bajo un techo común en una suerte de templo posapocalíptico, distópico, inenarrable, pero vital.
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El espectáculo se divide en nueve números sucesivos, el primero comandado por músicos sobre un escenario que cantan, bailan y percuten sobre tambores electrónicos en el primer llamado a la fiesta para pasar luego a una experiencia más sensible en la que algunas bailarinas y bailarines se mueven y bailan sobre un inmenso globo terráqueo aéreo que se traslada por la sala, continuando luego en una distopía actual de un joven de traje encerrado en un tubo de aire que escala y desciende las paredes vidriadas con papeles, que podrían ser billetes, volando a su alrededor, en uno de los números más angustiantes del show.

Hay después una furiosa coreografía de a cuatro sobre un cinta en permanente movimiento que se desplaza por la sala y un logradísimo momento de una de las bailarines sobre una plataforma con un entorno girante de mariposas que entre luces y movimientos genera un instante mágico, alegórico, pausado, cierto paraíso de calma hasta una nueva explosión de movimientos y efectos que finaliza en una inmensa rave con actrices, actores y público bailando en la sala.
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La aparición de un nuevo escenario, hasta entonces vedado por inmensas cortinas y que cubre toda la extensión de uno de los laterales de la sala para proponer una cámara de viento en la que, por arriba y boca abajo, se desplazan bailarinas y bailarines atados a carros girantes y luego una inmensa ballena que irrumpe en la sala comandada por dos desvariados argonautas se suman sucesivamente hasta otro final inmersivo, al ritmo de la percusión, el baile y la lluvia (bienvenida en una noche calurosa) para los más exaltados y felices. De esa manera concluye un espectáculo que juega con las leyes físicas para desafiarlas y que apela también a las formas del ilusionismo bajo los códigos de un deformante circo actual, aunque en Aven lo que prima es siempre el ritual y la invitación a la fiesta.

Sobre el final no sonó el hit global “Muchachos” que acompañó shows y recitales en las últimas semanas bajo la fiebre mundialista que arrasó esta ciudad y el país, pero sí se escuchó un “dale campeón, dale campeón” para saludar la presencia en el VIP del ex River Germán Pezella, uno de los gladiadores de Doha que estuvo presente en el estreno mundial de Aven.
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Fuente: Télam S.E.
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