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Un Kafka que no esperábamos

‘Franz’, la nueva película de la polaca Agnieszka Holland, aborda la vida del escritor con gran audacia formal, de manera fragmentaria y lejos de la biografía convencional

Tráiler de la película 'Franz', de Agneszka Holland
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Hay algo en la literatura de Kafka que se resiste o, mejor, que siempre ofrece nuevos significados porque no hay manera de saldar aquello de “qué quiso decir Kafka” con tal o cual imagen o relato. No importa si es Borges quien analiza su obra, no importa si es Deleuze o cualquier joven fascinado por sus textos. La suya es una literatura inagotable en su propuesta de imaginación y filosofía; una obra que genera preguntas y respuestas que nunca son las mismas porque mutan con el tiempo y esa es, precisamente, una de las condiciones de los clásicos: que siempre tienen algo para decir de la época en que se los lee.

Es por la profundad de su pensamiento y la originalidad de su imaginación que Kafka es un nombre central no solo de la historia de la literatura sino de la historia del arte.

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Otra de las condiciones que confirman la excepcionalidad de Kafka es la transformación de su apellido en adjetivo. A partir de su universo, toda burocracia demente es kafkiana, toda transformación alucinada lo es y es también kafkiana la pelea agobiante con un padre, algo que si bien quedó retratado en su literatura, no fue ficción sino un drama que forma parte inextricable de su biografía y fue determinante también en su creación.

Idan Weiss consigue un milagroso retrato del autor de “La metamorfosis” en la película de Agneszka Holland
Idan Weiss consigue un milagroso retrato del autor de “La metamorfosis” en la película de Agneszka Holland

Kafkiana es también Franz, la nueva película de la polaca Agnieszka Holland sobre la vida del escritor nacido en Praga en 1883, hijo de una familia judía de clase media dominada por la figura de Hermann, su padre, un comerciante autoritario y violento, dueño de una mercería, quien dejó una marca dramática imborrable en su obra y en sus cartas. Kafka estudió Derecho, trabajó como oficinista en una compañía de seguros y escribió de noche, casi a escondidas, textos que lo consagrarían como uno de los escritores centrales de la literatura de todos los tiempos, con obras analizadas, replicadas y traducidas como La metamorfosis, El proceso o El castillo.

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Todo en él resulta acechado por la contradicción: quería ser artista pero no abandonaba su trabajo; su padre la hacía la vida imposible pero nunca abandonó la casa familiar, fue uno de los artistas más misteriosos y, a la vez, pocos han recibido tanta atención y han sido estudiados tan exhaustivamente como él. Algo para tener en cuenta es que en la obra de Kafka -lo que llamamos su literatura-, sus diarios y su correspondencia tienen tanto peso como sus ficciones. No son periferia o información adicional sino que son, también, centrales a la hora de hablar de su literatura.

Franz Kafka tenía 40 años cuando murió de tuberculosis en 1924, en un sanatorio cerca de Viena, sin haber visto publicada buena parte de su obra y después de pedirle a su amigo Max Brod que quemara todos sus papeles. En una de esas decisiones complejas de juzgar –no respetó los deseos finales de Kafka, pero entregó a la humanidad algunas de las obras capitales de la historia de la literatura–, Brod lo traicionó y por eso sabemos o nos proponemos saber de qué se trata aquello que pasaba por su cabeza, su corazón y su fantasía.

Agneszka Holland leyó a Kafka desde muy joven y eligió estudiar en Praga porque es la ciudad en la que nació el autor.
Agneszka Holland leyó a Kafka desde muy joven y eligió estudiar en Praga porque es la ciudad en la que nació el autor.

De la vida de Kafka, decíamos, se ocupa en su última película Agnieszka Holland (1948), nacida en Varsovia y una de las cineastas más celebradas del cine polaco contemporáneo, responsable de films como Europa Europa y En la oscuridad, ambas nominadas al Oscar. La directora tiene una larga relación con Kafka primero como lectora (eligió Praga para estudiar porque era la ciudad de su autor favorito) pero también como directora. Y es que su nueva película no es la primera aproximación a su figura como creadora; ya en la década del 80 había dirigido una versión televisiva de El proceso. Veamos cómo cuenta ella esta singular historia de amor.

“Descubrí a Kafka cuando aún estaba en la escuela secundaria”, dijo Holland, “y pronto se convirtió en uno de los escritores clave que más me inspiraron… y luego en algo más. Su vida aparentemente monótona y carente de aventuras, su visión introvertida del mundo llena de humor negro y doloroso, la coherencia con la que fusionaba la literatura y la vida, y el valor de su visión casi profética del mundo alimentaron mi fascinación inagotable. Con su triple identidad, su autoironía y su aguda sensibilidad, Kafka se convirtió en un hermano admirado, frágil a pesar de toda su fuerza, al que había que cuidar”.

El dolor y la violencia en una imagen que reproduce una escena entre Kafka y su padre, en la película de Holland.
El dolor y la violencia en una imagen que reproduce una escena entre Kafka y su padre, en la película de Holland.

Un caleidoscopio

La película de Holland no es una biopic tradicional aunque tampoco es exactamente una versión libre de la vida de Kafka. Lo que sí es libre es su abordaje, ya que fuera de toda cronología lineal que se permite anacronismos perturbadores, narra su historia a través de un caleidoscopio cubista a lo Juan Gris que se permite ir de la Praga de fines del siglo XIX a la Viena de 1924 y de ahí, sin aviso, llegar hasta el presente, donde podemos vemos olas de turistas que pagan por visitar la ciudad natal del escritor o que se tiran emocionados en el pasto del lugar donde murió, así como también locales que venden hamburguesas con su nombre y su rostro.

En paralelo a la cronología no lineal, los personajes centrales de la vida del escritor reproducen algunos hechos que están de alguna manera documentadas en diversas biografías mientras en otros momentos sacuden el verosímil al hablar directamente a cámara relatando o analizando algunas cuestiones, como si ellos mismos hubieran también saltado los tiempos para dar testimonio para un documental.

En el elenco, resalta Idan Weiss en el personaje de Kafka, con quien tiene un apabullante parecido físico y al que reproduce en movimientos y obsesiones, mientras Peter Kurth se pone en la piel del intimidante padre de Franz. Jenovéfa Boková es Milena Jesenská —un personaje maravilloso y uno de los grandes amores del escritor—, Ivan Trojan interpreta al interesante tío Siegfried Löwy, Sandra Korzeniak es la madre del escritor, Katharina Stark es Ottla, la hermana y confidente, Carol Schuler es Felice Bauer —la prometida de Kafka—Aaron Friesz interpreta a Oskar Baum y Sebastian Schwarz es Max Brod.

El encuentro entre Kafka y Milena Jesenká, en la película "Franz".
El encuentro entre Kafka y Milena Jesenká, en la película "Franz".

Kafka como literatura y como ícono. Como el artista excelso y como el objeto cool: de esa polifonía de sentidos y de la recepción de su obra en el presente habla la película de la directora polaca, quien escribió el guion junto a Marek Epstein. “No puedo contar su historia de una manera convencional, lineal y clásica; una narrativa así traicionaría la verdad más profunda sobre Franz”, dijo Holland. “Quiero buscarlo en fragmentos, acertijos, sentimientos, en una mezcla de hechos, suposiciones e imaginación, en sus sueños, su literatura y sus cartas”.

Y eso hizo. A algunos nos deslumbra su atrevimiento formal y esa manera de apropiarse de la vida, y, por qué no, de la obra de un artista. Para otros, tal vez más excesivamente respetuosos del detalle y, en algunos casos, meticulosos hasta la burocracia, las decisiones de Holland dieron como resultado una película caótica que no le hace justicia al escritor. (Tomando en cuenta la discusión muy actual alrededor de las libertades que se tomó Christopher Nolan en su versión de La Odisea, por momentos me pregunto cuáles son las razones de época que aplastaron el gusto por la experimentación formal y la ambigüedad en el arte).

El matrimonio que no fue, en otra escena de la película.
El matrimonio que no fue, en otra escena de la película.

A propósito de esta tendencia nociva hacia la búsqueda de literalidad en la creación, dice Holland en un testimonio muy interesante, que los comunistas odiaban a Kafka porque no podían entenderlo ni comprenderlo, “pero sentían que sus libros planteaban un diagnóstico que amenazaba su realidad, y sus metáforas parecían burlarse de ellos. El régimen comunista lo mantuvo en la lista negra durante mucho tiempo, y la Primavera de Praga comenzó con un congreso que devolvió a Kafka a la literatura checa. El tímido e inseguro Kafka se convirtió en un símbolo de libertad. (...) La necesidad de abordar por fin su misterio en mi obra me llevó a aceptar el reto, aparentemente imposible, de contar la historia de la vida, el corazón, la obra y la visión de Franz Kafka”.

Las reseñas internacionales de Franz exhiben una recepción tan fragmentada como el propio filme. Entre los entusiastas, están quienes aplauden que la producción haya prestado atención a la fragilidad de Kafka y a su lado más humano y también celebran las ambiciones estéticas y formales que muestran a la directora polaca adelantada a su tiempo, como el propio escritor, a la vez que destacan que la película confirme que la obra de Kafka siguen despertando interés con sus misterios e interrogantes en tiempos binarios que no admiten matices.

Un dato adicional para fans del autor de Carta al padre: también anunciada como una mirada fragmentaria sobre la vida del atormentado escritor, por estos días se estrena en Film & Arts la coproducción austroalemana Kafka, la serie de seis episodios de Daniel Kehlmann y David Schalko.

Praga, la fotografía, el vestuario, la estética. La película de Holland desafía las convenciones de las biopics más tradicionales.
Praga, la fotografía, el vestuario, la estética. La película de Holland desafía las convenciones de las biopics más tradicionales.

Y un comentario final sobre Franz.

La película de Holland no pretende brindar confort y puede llegar a incomodar al espectador que aspira a un orden clásico en el relato. Lejos de un relato tranquilizador, la directora opta por la incertidumbre, la misma con la que Kafka observaba el mundo: ese territorio inestable donde nunca se termina de saber qué es aquello que uno está mirando.

*Franz, de Agneszka Holland, se proyecta en Cinemark Palermo, Atlas Patio Bullrich, Showcase Norte, Cine Arte Cacodelphia y Cine Lorca

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