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El reto diario de vivir bajo la amenaza del Volcán de Fuego en Guatemala

En aldeas agrícolas como La Trinidad y El Rodeo, familias vuelven a casa tras evacuaciones temporales por erupciones y ceniza, mientras persiste el temor por la tragedia de 2018 y la falta de soluciones estatales

Ana Camposeco, posa durante una entrevista con EFE este jueves en El Rodeo (Guatemala). "Con la naturaleza no podemos pelear", reconoce Ana Camposeco, habitante de la aldea La Trinidad, una de las que se encuentra en las faldas del volcán de Fuego de Guatemala, el más activo de Centroamérica, tras regresar, una vez más, a su hogar después de haber sido evacuada por otra erupción del coloso esta semana. EFE/ Alex Cruz
Ana Camposeco, posa durante una entrevista con EFE este jueves en El Rodeo (Guatemala). "Con la naturaleza no podemos pelear", reconoce Ana Camposeco, habitante de la aldea La Trinidad, una de las que se encuentra en las faldas del volcán de Fuego de Guatemala, el más activo de Centroamérica, tras regresar, una vez más, a su hogar después de haber sido evacuada por otra erupción del coloso esta semana. EFE/ Alex Cruz
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En las aldeas que rodean el Volcán de Fuego, el más activo de Centroamérica, la vida transcurre entre el temor y la costumbre. Ana Camposeco, residente de La Trinidad, una de las comunidades ubicadas en las faldas del coloso, volvió a su casa tras una nueva erupción que obligó a cientos de personas a evacuar temporalmente. “Con la naturaleza no podemos pelear”, afirma, reflejando una resignación compartida por muchos vecinos.

Esta semana, la ceniza no alcanzó La Trinidad porque el viento llevó los residuos hacia el oeste, en dirección a México. Las aldeas del sur, como El Rodeo y La Trinidad, evitaron el impacto directo, pero la sensación de vulnerabilidad permanece. Estas comunidades, dedicadas a la agricultura de subsistencia, suelen recibir atención estatal solo durante las emergencias y evacuaciones.

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Cada actividad volcánica revive el recuerdo de la tragedia del 3 de junio de 2018, cuando una erupción sepultó dos aldeas y causó la muerte de más de 400 personas. La memoria colectiva sigue marcada por ese episodio, que transformó la relación de los habitantes con el volcán.

EL RODEO (GUATEMALA), 08/08/2026.- Fotografía que muestra este jueves terrenos afectados por la erupción del volcán de Fuego en 2018 en El Rodeo (Guatemala). El de Fuego, situado en el centro de Guatemala, es uno de los tres volcanes activos — junto con el Santiaguito y el Pacaya, ubicados en el oeste y el sur, respectivamente — de las 37 estructuras volcánicas que existen en el país y se le considera el más peligroso. EFE/ Alex Cruz
EL RODEO (GUATEMALA), 08/08/2026.- Fotografía que muestra este jueves terrenos afectados por la erupción del volcán de Fuego en 2018 en El Rodeo (Guatemala). El de Fuego, situado en el centro de Guatemala, es uno de los tres volcanes activos — junto con el Santiaguito y el Pacaya, ubicados en el oeste y el sur, respectivamente — de las 37 estructuras volcánicas que existen en el país y se le considera el más peligroso. EFE/ Alex Cruz

El volcán y las comunidades

El Volcán de Fuego se encuentra en el centro del país y es uno de los tres volcanes activos de Guatemala, junto con el Santiaguito y el Pacaya. De las 37 estructuras volcánicas del país, el de Fuego es considerado el más peligroso por su actividad constante y su proximidad a zonas habitadas.

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Ana y otras 160 familias en La Trinidad han aprendido a convivir con la amenaza. Sus viviendas, muchas construidas con láminas y madera, se levantan en un entorno caluroso y rodeado de vegetación, a pocos kilómetros del océano Pacífico. La historia familiar de Ana está marcada por el desplazamiento: sus padres huyeron a México durante el conflicto armado interno y, tras regresar, se establecieron en las faldas del volcán. Ahora, la comunidad mantiene un diálogo de ocho años con el Gobierno sin soluciones concretas para su situación.

Recuerdos de una tragedia

Emilio Barillas, de 66 años, ha vivido toda su vida en El Rodeo, una aldea situada a 75 kilómetros al sur de la capital. Su rutina cambió después de la erupción de 2018. “Antes, el volcán siempre hacía grandes erupciones, pero la gente no le ponía mucha atención. Ahora todo es diferente”, relata. Emilio continúa cultivando maíz y frijol, aunque las cosechas sufren por la caída de ceniza. A su edad, considera poco viable buscar oportunidades fuera de la comunidad.

Un vehículo transita este jueves por un terreno afectado por la erupción del volcán de Fuego en 2018 en El Rodeo (Guatemala). El de Fuego, situado en el centro de Guatemala, es uno de los tres volcanes activos — junto con el Santiaguito y el Pacaya, ubicados en el oeste y el sur, respectivamente — de las 37 estructuras volcánicas que existen en el país y se le considera el más peligroso. EFE/ Alex Cruz
Un vehículo transita este jueves por un terreno afectado por la erupción del volcán de Fuego en 2018 en El Rodeo (Guatemala). El de Fuego, situado en el centro de Guatemala, es uno de los tres volcanes activos — junto con el Santiaguito y el Pacaya, ubicados en el oeste y el sur, respectivamente — de las 37 estructuras volcánicas que existen en el país y se le considera el más peligroso. EFE/ Alex Cruz

En El Rodeo, la mayoría de los habitantes opta por quedarse. Roberto Suruy, también residente de la aldea, no evacuó su vivienda durante la última erupción. Prefiere mantenerse cerca de la calle principal para poder escapar rápidamente en caso de emergencia. Pero la proximidad no elimina el riesgo: en 2018, Suruy perdió a su hermana y a una tía por los escombros de lava, y a su esposa, que falleció tras complicaciones de salud derivadas del estrés de la evacuación.

A pesar de las pérdidas y el peligro constante, muchos vecinos viven sin sobresaltos y con resignación. “Algunos no nos preocupamos tanto. Dormimos tranquilos”, dice Barillas, reflejando la mezcla de costumbre y aceptación que caracteriza a quienes han hecho del volcán parte de su vida diaria.

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