
Describir a Kim Stanley Robinson con una sola etiqueta es fácil e injusto. Es uno de los más prolíficos escritores de ciencia ficción, ensayista y uno de los más reputados activistas contra el cambio climático. Nacido en Waukegan, Illinois, en 1952, comenzó a publicar novelas en 1984. Su trabajo ha sido descrito como “ciencia ficción humanista”, según la página no oficial KimStanleyRobinson.info.
Es el creador de El Ministerio del Futuro, fruto de su imaginación y, sobre todo, de su larga y exhaustiva investigación sobre la marcha de nuestro planeta y de la evolución del cambio climático, que hacen de su último relato un documental fehaciente y un grito de alarma porque “todavía podemos esquivar un evento de extinción masiva”.
—¿Cómo ha pasado estos meses de pandemia?
—Estoy bien. Pasé los meses de la pandemia en casa con mi familia, escribiendo y haciendo jardinería.
—¿Qué enseñanzas o experiencias ha extraído de la Covid-19?
—He descubierto que no me gustan mucho los viajes de negocios y haré muchos menos. El hogar está bien.
—¿Cree que son las mismas que las obtenidas por la mayoría de las personas en nuestros países? ¿Y por nuestros dirigentes políticos y empresariales?
—No sé. No hay forma de saber cómo se han visto afectados los demás. Creo que hemos aprendido que somos vulnerables a las enfermedades y que somos parte de una biósfera de la que debemos cuidar, si es que nos va a cuidar. El futuro estará lleno de sorpresas, y debemos ser solidarios entre nosotros y trabajar duro para reducir nuestros impactos en la biosfera, incluida la quema de carbón, pero también todo lo demás.

—¿Mantiene usted su utopía? ¿Será mejor el futuro que este presente, marcado por el cambio climático y los desequilibrios?
—Esta es una pregunta abierta, depende de lo que hagamos ahora. La utopía o la distopía nunca están preestablecidas, aunque es cierto que estamos a punto de comenzar con efectos climáticos negativos de los que no podremos recuperarnos, y las extinciones son para siempre. Así que es un momento de gran peligro.
—¿Cuáles cree que son los principales problemas a los que se enfrenta la humanidad hoy?
—La vida en el sistema de Estado-nación y en el capitalismo, ambos mal diseñados para hacer frente a la emergencia de la biósfera. Especialmente el capitalismo, ese es el principal problema que enfrentamos hoy, el sistema por el que nos gobernamos es malo.
—¿Estamos a tiempo de corregirnos?
—Sí, todavía podemos esquivar un evento de extinción masiva. Pero el tiempo es corto. Además, el riesgo nunca desaparecerá.
—¿Qué tareas debemos abordar para lograr un futuro sostenible, en el que las desigualdades y los desequilibrios no sean la norma general en la sociedad global?
—Tenemos que obligar a nuestros representantes políticos a legislar para la salud de la biósfera y la justicia humana. Tenemos todos los planes y tecnologías, pero financiarlos y hacerlos realidad va a ser difícil.
—¿En qué medida nuestra memoria condiciona el futuro y, por tanto, nos limita a la hora de plantear un modelo de convivencia distinto al que conocemos?
—No debemos enmarcarlo como radicalmente diferente, pero sí necesitamos usar las herramientas que tenemos ahora a nuestro alcance para cambiar rápidamente.
—¿Confía en los humanos para implementar la agenda para el cambio?
—Sí, pero queda trabajo por hacer para reunir mayorías políticas activas. El apoyo no será unánime; no serán los humanos como especie, sino mayorías políticas en funcionamiento superando una dura oposición para hacer lo correcto.
—¿Qué opinión le merece la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas?
—Me gustan, pero también muestran lo que podríamos hacer si fuéramos serios y no dejáramos que el mercado decida en qué invertir nuestro tiempo y esfuerzos. En otras palabras, los ODS se lograron –en parte– por caridad, no por un buen funcionamiento del capitalismo. Que se hayan logrado muestra que si nos tomamos en serio las metas y si los gobiernos se apoderan de las finanzas para dirigir el dinero hacia buenos proyectos –como la descarbonización para eludir una extinción masiva– podríamos hacer cosas buenas.

—¿Son válidos para una sociedad cada vez más digital?
—Sí. No somos tan digitales.
—Las máquinas pueden trabajar de acuerdo con algoritmos basados en consensos universales, como los derechos humanos o los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ¿Sería más fácil dejar que las máquinas nos gobernaran con estos principios?
—Hacemos y programamos las máquinas, así que seguimos siendo nosotros quienes decidimos. Escribir mejores algoritmos y mejores leyes es una gran parte del trabajo que debemos hacer. Las leyes y los jueces son muy importantes y poderosos en el Estado de derecho. Las leyes son algoritmos por los que nos regimos y los tribunales deciden si las leyes entran en conflicto o son insuficientes.
—¿Por qué cree que el debate sobre la ética de la inteligencia artificial es tan frecuente, pero no nos planteamos la ética de la aviación o del automóvil o de tantas otras actividades ligadas al consumo constante de recursos de la tierra?
—La inteligencia artificial es una frase que usamos para indicar la ciencia misma. Nosotros, como individuos, reconocemos que juntos hacemos cosas más grandes de lo que cualquier persona podría: eso es la IA. De modo que debatimos su ética porque sentimos el poder de la ciencia. Esa cuestión no surge cuando se piensa en autos o jets.
—Todo parece indicar que la robotización y la automatización nos conducen a un mundo sin trabajo.
—De ninguna manera. ¿Por qué piensas eso? Los robots y la automatización solo pueden realizar tareas robóticas muy específicas, nada más. Los humanos hacen todo el trabajo real construyendo estos robots, manteniéndolos, etcétera. Los humanos son los mejores robots de todos y hay más trabajo por hacer para salvar y mantener la biósfera que personas para hacerlo. En realidad, es el problema inverso, porque la población disminuirá y llegaremos al pleno empleo mientras tratamos de cubrir todos los trabajos que hay que hacer.

—¿Cree que los humanos estamos preparados para vivir sin que el trabajo sea lo único que da sentido a nuestras vidas?
—No es un problema.
—¿Necesitamos un Ministerio del Futuro?
—Quizás. Es un problema jurisdiccional, porque si hubiera un ministerio para el futuro, sus decisiones prevalecerían sobre todos los demás ministerios. Podría ser un desastre, en términos de dónde poner la responsabilidad y el poder. Pero si cada departamento tuviera un ministerio interiorizado para el futuro, eso podría ser bueno.
—¿Una organización supranacional que marca el futuro de la humanidad de forma equilibrada y justa? ¿La considera viable?
—Quizás. Tenemos que esperar que el Acuerdo de París se convierta en eso.
—¿Dependiente, por ejemplo, de la ONU?
—Posiblemente la ONU pueda ser la plataforma para tratados más fuertes. Las grandes potencias como Estados Unidos, China, Rusia… están empeñadas en dominar el futuro del planeta con IA y también otros planetas como Marte. También los transhumanistas, o una parte de ellos, sueñan con conquistar otros planetas. No crea todas las historias de ciencia ficción que existen. Cada proyecto debe juzgarse por separado.
—Gerd Leonhard nos habló en Telos de un Consejo Ético Global que marcará las prioridades a futuro para evitar una distopía medioambiental, social, humanitaria. ¿Comparte iniciativas globales de este tipo?
—Sería mejor si el G20 acordara políticas comunes y aplicara sanciones por incumplimiento.
—¿Qué es peor el Antropoceno o el Capitaloceno?
—El Capitaloceno es malo por definición porque el capitalismo es una relación de poder de unos pocos sobre muchos. El Antropoceno está aquí, pero podría hacerse bueno o malo. Estamos muy claramente en ambos ahora. El proyecto es acabar con el Capitaloceno y hacer un buen Antropoceno.
—¿Puede describirnos brevemente cómo será el futuro inmediato?
—Un desastre.
—En 2008, la revista Time lo declaró “héroe del medioambiente” por su “visión optimista del futuro”. ¿Se reconoce aún en ese premio? ¿En esa descripción?
—Seguro que está bien. No creo que sea importante, era solo un artículo de la revista Time tratando de llamar la atención sobre las personas que hacen un buen trabajo. Bien para ese momento.
“No me gusta pensar que me he rendido, sino que soy realista. Tenemos que vivir, tenemos que dejar a nuestros hijos un mundo donde todavía haya animales y darles la oportunidad de vivir. No es pedir demasiado” (El Ministerio del Futuro, pág. 257).
Esta entrevista fue publicada originalmente en el número 118 de la Revista Telos de Fundación Telefónica.
*Juan M. Zafra es profesor asociado en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual y director de la Revista Telos, Universidad Carlos III
Publicado originalmente en The Conversation
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