
Fue apasionante gestar Babel Cocina. Yo siempre adapto los textos cuando dirijo, incluso adapté para teatro varias novelas. Pero esta vez todo fue diferente. Al principio, tuve la necesidad de contar una épica solidaria de la historia argentina, y para eso convoqué a Patricia Suárez, autora que admiro y con quien desde hace tiempo queríamos trabajar juntas. Cuando decidimos dar forma a un texto en torno a la huelga del servicio doméstico en la Buenos Aires de 1888 empezó a escribir ella, que pronto me acercó tres escenas hermosas, donde se cuentan principalmente las historias individuales de varios personajes, incluyendo un par tomados de la obra de Evaristo Carriego y otro de la mitología popular de España durante la emigración hacia América.
Apenas leí esos textos, vi la necesidad de sumar otros personajes y situaciones, y ahí empezó una etapa de trabajo conjunto. Llegar a trece o catorce personajes fue en parte para conseguir un mayor desarrollo de la historia y alcanzar un mayor espesor dramático, pero también estaba en mí la idea de un elenco muy numeroso, a la manera del que en sus inicios se llamó teatro independiente y que tuve la suerte de llegar a conocer, de la mano de mis grandes maestros: una concepción del trabajo teatral como gestión colectiva, apasionada, solidaria, donde toda una gran cooperativa se embarcaba en pos de una obra donde lo ponía todo, sólo por amor al trabajo, al teatro.
En cierto momento empezamos las lecturas iniciales con el elenco, primero por zoom y luego presenciales, pero la obra seguía en permanente escritura y ampliación. Agregué varias introducciones o prólogos y otros tantos cierres o finales, que dan la idea de un juego de cajas chinas que guardan y van mostrando la acción, comentándola, sumándole múltiples lecturas y tonos narrativos.
Me sentía en un momento de intensa creatividad, el texto no dejaba de reescribirse, y en un momento Patricia me dejó seguirlo sola. “Hacé lo que quieras, lo que hagas va a estar bien”, me dijo con mucha apertura y generosidad. Llegados hoy a un elenco de catorce actores y diecinueve personajes, puedo decir que Babel Cocina es una babel de estilos teatrales, de voces diferentes, de historias cómicas y dramáticas, incluso una babel de músicas muy dispares. Babel Cocina no es de ningún modo un musical, pero la música ocupa en el espectáculo un lugar importantísimo, y en Babel también se baila, pero siempre con un objetivo teatral, narrativo.

Y hay una parte que es difícil de contar, porque con un equipo creativo muy talentoso como el nuestro (coreografía, iluminación, vestuario, maquillaje, diseño sonoro), y un elenco numeroso y joven, hay veces en que no se sabe bien dónde una idea empezó, qué recorrido hizo, cuándo terminó de definirse. Trabajamos en Babel durante un año y medio, y en un proceso tan intenso, que el espectáculo fue cambiando, redefiniéndose, ampliándose. Es bueno tener una idea inicial clara y poderosa, pero también no tener todo definido de entrada, ir descubriendo en el trabajo de cada día, inventando, sumando.
Otra cosa que me interesó desde el principio fue contar una historia de fuerza femenina, una épica donde las mujeres ocuparan un lugar de mucho valor, tanto en lo colectivo como en lo individual. En Babel el hecho político es crucial, pero el mayor desarrollo está puesto en las muchas historias individuales, con personajes que se entrecruzan y un permanente desdoblamiento entre los hechos del pasado y la narración desde la actualidad. A menudo y de distintas maneras, los intérpretes hablan directamente al público, como simples actores. Hay también quienes presentan los hechos, hay un narrador omnisciente y hasta una comentarista que mira todo desde una singular distancia. El pasado aparece siempre mostrado desde el presente, con un lenguaje actual, directo y de mucho impacto.
Lleno de cambios, entradas, salidas, cortes y fragmentaciones, Babel es un mecanismo de relojería complejo, fácil de disfrutar pero que requirió un minucioso trabajo de montaje, pruebas y ensayos. Nos gusta decir que es un espectáculo generoso, donde el público se llevará a casa una vasta serie de ideas, emociones, imágenes, sonidos, palabras, risas y sorpresas.
Tengo la sensación de que empieza una etapa diferente en mi trabajo. Sin dudas seguiré actuando, pero experimenté una cierta libertad muy grande en Babel, tanto en la escritura como en el trabajo de puesta, que me estimula mucho para proyectos futuros. En Babel podemos citar a Shakespeare o refranes populares, vamos de la comedia al teatro político, del ska a Beethoven, de la fiesta al drama, de los efectos de magia a cierta austeridad que nos gusta llamar de teatro alemán. Y también el trabajo transitó avatares de los más diversos que la vida siempre impone, donde el covid fue sólo uno de ellos. Y todo fue ganancia, aprendizaje, y casi siempre fiesta. Ahora llegó el momento.
Babel Cocina se pone en escena los sábados a las 20:30 hs, hasta el 30 de marzo, en El Tinglado Teatro, Mario Bravo 948 (CABA). Las entradas se pueden adquirir a través de Alternativa Teatral.
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