
El texto de Tu Ternura Molotov me acompaña desde hace aproximadamente unos 15 años o más. Yo buscaba en aquel momento, una comedia para llevar a escena. Un texto que fuera o no comedia pero que me interesara mucho el trasfondo que planteara.
No es sencillo encontrar este tipo de materiales. Disfruto mucho de ser una incansable buscadora de dramaturgias que, por un lado o por otro, me atraigan para ser contadas.
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Suelo destinar un día completo de la semana, solo a leer materiales y el que me conoce sabe que guardo pequeños y grandes tesoros que siento que aún no encontraron o su casa o el elenco o el momento adecuado. Suelo “escuchar” mucho a las obras, y a sus voces. Tanto para la decisión de llevarlas a estreno como en los ensayos. La obra tiene para mí el ADN completo de esa creación y si abrís tu intuición, entonces podés darle la identidad adecuada. Para mi no todos los materiales pueden ser contados en todos los espacios, algunos ameritan actores muy particulares o el tiempo social mismo a veces te determina contar o no un texto. Siento que es genial si podés dejarte escuchar a la obra y responder desde esa intuición, a lo que “ella” está pidiendo.
De esta manera llegó al primer montaje que hice de este material (en el viejo CELCIT en el año 2006 con María Forni y Sebastian Vila, un actor chileno que estaba en ese momento por nuestro país). Siempre tuve la idea de volver a enfrentarlo, de volver a navegar en él, desde hace ya muchos años.
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Tal vez por ser una obra donde su autor (Gustavo Ott, venezolano), gran autor, habla de una manera brillante sobre temas que me apasionan: la identidad, la construcción de identidad, el terror social por no cumplir las normas, los secretos, o ¿cuán cierto es que uno conozca a alguien verdaderamente?

Tal vez porque adoro la manera en que el autor aborda estas temáticas. Tal vez porque es una pieza que ofrece una montaña rusa de diversidades: te estás riendo y de pronto te cuenta algo tremendamente dramático y ahí mismo salta y el clima se torna irónico y luego nuevamente se oscurece y va de nuevo sin pedir permiso hacia la risa y llega a un final donde el espejo nuestro, saturado por los estereotipos y por la ficción, nos devuelve una imagen tremenda donde me río de cosas que nos rodean todos los días. ¿El terrorismo cotidiano? ¿El desayuno diario repleto de prejuicios? Eso nos sirven Daniel y Victoria los personajes de Tu ternura Molotov.
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Y para llevar adelante esta aventura que adoro tanto, convidé a dos actores que admiro mucho mucho, que son Magalí Sánchez Alleno y Nelson Rueda, y que pueden enfrentar estos cambios colmados de vértigo con total naturalidad.
Ahora bien, volviendo a nuestro proceso. Nosotros íbamos a estrenar en Abril 2020, si. Si lo sabemos todos: ¡el mes del barbijo! Al principio no nos preocupó mas que la gripe A, pospusimos la fecha 15 días, luego un mes y más luego apareció en la vida de todos el terror, el miedo y el zoom. Ese miedo del que tan bien habla esta obra. Y la realidad nos hizo cambiar varias veces de fechas de estreno, de pasar de poder ensayar a no poder hacerlo, contagios, contactos estrechos, hisopados, anécdotas virtuales... Siento que Tu ternura Molotov atravesó lo mismo que nosotros, una transformación y el empezar a vislumbrar la luz que nos indicaba que ya se iba a poder retornar. Ahí nos encontramos en forma presencial luego de un año de ensayar vía zoom.
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Ese día fue hermoso, la emoción del retorno era tan grande, que no alcanzaba ni la tarta maravillosa de banana que hizo nuestra actriz para contener el subidón de una emoción que hacía tanto no teníamos. Siempre pienso: ¿Como explicar estas cosas? Son intransferibles. ¿Cómo decir que eso que nos faltaba era y es como nuestro aire, comida, agua... nuestro todo? Por eso esta pandemia para los teatreros fue tan difícil, no solo por lo económico, que hemos estado casi dos años sin poder trabajar, sino por el alimento del alma que tenemos todos los teatreros, y que es muy difícil de explicar.
Sin irme por las ramas ni cambiar de tema continúo: Vernos y comenzar a trabajar fue un deleite de descubrir y de reafirmar aquel camino que es muy cruel que nos hubiera sido quitado.
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Superado este primer momento romántico, hermoso, ideal… llego el segundo momento, el más realista: el instante de re adaptar la puesta a nuestra nueva realidad. Esta puesta tenía anteriormente mucho contacto físico y mucha, mucha cercanía. Y puestos a modificar nos encontramos en una relectura impresionante del material. Con una potencia increíble, con una carga de tensión que la distancia física nos la fortalecía. Adaptarnos para crecer es como un lema de este tiempo creo yo.

Así el equipazo que tengo nos pusimos a trabajar en un diseño que nos permitiera nuevas espacialidades. Nos juntamos con Nicolás Pol, nuestro diseñador de escenografía y de iluminación y re adaptamos absolutamente todo. Todo a foja cero y no. Porque todo era construido con la historia de lo anterior. Como una suerte de escalón sobre escalón. ¿Como la historia no?
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Y acá me detengo en un punto, la identidad. La construcción de identidad y la pregunta sobre ¿qué estamos construidos u olvidados? De esto también habla Molotov, por esto me atrajo este material allá por el 2005. Y de esta manera y sobre esta identidad se cuenta el material en el 2021.
¿Casualidad? No lo creo. Creo que las obras esperan sus momentos, son muy sabias, como esas personas que de pronto te miran y vos sabés que entendieron todo. Soy una convencida que las obras nos eligen y eligen cuándo ser contadas.
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“Por eso me gusta creer, porque si crees estás salvado”, dice Victoria el personaje de la obra en medio de otro contexto no tan afortunado para ella, donde sus palabras no son las acertadas quizás… Pero yo siento eso, creer nos salva, el teatro nos salva, el teatro… es un acto de fe.
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